«Mientras peregrinamos, María
será la Madre educadora en la fe (LG 63). Cuida de que el Evangelio
nos penetre, conforme nuestra vida diaria y produzca frutos de santidad.
Ella tiene que ser cada vez más la pedagoga del Evangelio en América
Latina.»
A continuación caracterizamos los rasgos fundamentales
del modelo pedagógico que anima el accionar de Nuestra Señora de Guadalupe.
Con este aporte se busca enriquecer nuestra tarea educativa
hoy, en la sociedad que nos toca vivir, y como bautizados que deseamos
colaborar al bien general manifestando a Nuestro Señor Jesucristo.
Lo que presentamos es una pequeñísima síntesis de lo fundamental
de la Tesis Doctoral en Educación, titulada: El
modelo pedagógico de Nuestra Señora de Guadalupe en el Nican
mopohua. La misma fue dirigida por la Doctora Margarita Schweizer,
Vicerrectora de la Universidad Católica de Córdoba (República Argentina),
y por Monseñor José Luis Guerrero Rosado, Vicepostulador
de la causa de canonización de San Juan Diego Cuauhtlatoatzin.
Defendida por un servidor en la Universidad Católica de Santa Fe el
18 de octubre de 2003, fue editada en el mismo año y se puede acceder a
su texto completo, y a cuadros y resúmenes que facilitan su lectura,
en el sitio oficial de internet, de la Insigne
y Nacional Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe de México
Para
poder fundamentar nuestro aporte y reflexión, es necesario que realicemos
algunas precisiones.
En
primer lugar, señalamos que entendemos por fenómenoo acontecimiento guadalupano
lo siguiente:
1)
La intervención de la Virgen María, entre los días 9 y 12 de diciembre
de 1531, a diez años y casi cuatro meses de la definitiva caída de la
ciudad de México Tenochtitlán en manos
de los españoles y sus aliados americanos. La obra literaria Nican
mopohua es considerada su
más autorizada descripción en escritura fonética.
Su texto presenta la visión indígena de los hechos fundantes
y trascendentes del fenómeno, ocurridos en dichos días de diciembre,
como así también sus consecuencias inmediatas.
2) Su prolongación y viva permanencia hasta
nuestros días, a través de diversas manifestaciones y expresiones de
devoción y religiosidad popular.
Aclarado lo anterior, definimos a la educación como la «acción y efecto de educar», es decir de «dirigir, encaminar,
doctrinar; mientras que la pedagogía
es la «ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza». Realmente la educación es
un suceso, sumamente complejo, agregamos, que es precisamente el objeto
estudiado por la pedagogía, que reflexiona sobre él.
En
relación con lo explicitado, un modelo pedagógico, que se elabora para
facilitar el estudio, comprensión y vivencia del hecho educativo, se
caracteriza para nosotros por un modo de concebir al hombre, una finalidad
que se persigue y un camino o método transitado para alcanzarla.
Teniendo
en cuenta la hermenéutica que de su momento originario hace el Nican mopohua, Nuestra
Señora de Guadalupe se presenta con un ser, proceder y aspiración que
asume los diferentes pasados de sus interlocutores, los relee sin traicionarlos,
armonizándolos en el presente, poniéndolos al servicio de la construcción
conjunta de un nuevo destino humano-divino.
Nuestra Señora de Guadalupe considera al ser humano de modo que favorece
el encuentro de los protagonistas del hecho educativo, su interacción
en el diálogo y la felicidad de los mismos.
La Madre de Dios
y de los hombres, cuya presencia, acción y consecuencias son prolongadas
por su sagrada imagen, une en sí misma y al iniciarse el acontecimiento
guadalupano, lo mejor de indios y españoles.
Su
persona, que remite a los hijos a su Hijo, es mestiza racial y axiológicamente,
y se caracteriza por un amor gratuito y desbordante hacia todos, así
como son y sea cuales fueren sus circunstancias. Desde su maternidad,
Ella considera a los pueblos y seres humanos de forma integral, con
sus condicionantes, posibilidades y límites.
En cada caso, asume la historia y el presente cultural y coyuntural
de sus interlocutores individuales o colectivos y se identifica con
dichas realidades, logrando hacerse una de ellos. Toda su persona y
manifestación, siempre centrada en los demás, es así conciliadora, simpática,
cordial y, en consecuencia, causa de gran cercanía afectiva.
En
coherencia con todo lo explicitado anteriormente, en el nivel teleológico,
vemos cómo Nuestra Señora de Guadalupe llena de vida y felicidad a todos.
Concreta el advenimiento de Dios al transformarse Ella misma en una
nueva meta común o sentido compartido que, remitiendo a Él, colma los
anhelos más profundos de las creencias de todos sus interlocutores.
Así
Ella, con lo mejor de dos culturas y transformándose en parte esencial de su ser y trayecto histórico, se constituye en la matriz de un nuevo pueblo y moviliza a darlo a luz
y construirlo, cambiando la percepción y valoración que tienen los miembros
de unos y otros, haciendo superar actitudes nocivas de incomprensión,
y suscitando entre ellos mejores interrelaciones, que integran
y ponen en tensión hacia la búsqueda de un futuro común.
De este modo, Nuestra Señora de Guadalupe, cambiando
pensamientos y decisiones, desencadena comportamientos superadores,
y pone a todos en camino de unir sus movimientos y peregrinaciones,
y de alcanzar una plenitud y felicidad personal
y colectiva. Su intervención genera estructuras
de convivencia más solidarias y un proceder comunitario, humanizando
el encuentro de dos mundos que, valga la contradicción, no podían dejar
de desencontrarse.
Así
como su persona y teleología, en la continuidad, introducen novedades
que modifican la situación general y personal de sus interlocutores
acercándolos, análogamente su metodología evidencia un paso que va desde
la incomunicación hasta el diálogo. Dicho paso, basado en la respuesta
global y contextuada de Nuestra Señora de Guadalupe y en el surgimiento
de acciones obedientes y progresivamente compartidas, provocará el enriquecimiento
mutuo de tradiciones y experiencias previas de orden religioso. Es particularmente
asombroso e impensado para ese tiempo cómo Ella se apropia, haciéndolos
integrar y crecer, de símbolos de esa dimensión y de ambos pueblos;
de modo sencillo para todos, claro y arraigado para los mexicanos y
aceptable para el excluyente catolicismo ibérico. Así, incultura doblemente
el evangelio y el protagonismo dado a los demás como clave para que
esa inculturación se retroalimente y profundice
e, incluso, se prolongue en otras modalizaciones hasta nuestros días.
De
este modo, Ella se deja interpelar por el mundo propio y afinidades
de sus interlocutores, y logra que su mensaje, presentado desde ellas,
llegue a formar parte de los mismos. Asume, integra, hace crecer y plenifica
los códigos previos de los otros protagonistas del hecho educativo,
utilizando palabras, gestos y ambientes adecuados, que se constituyen
en un discurso global, entendible y muy significativo, abierto a los
diferentes y no fundamentalista. Así, concreta una intervención o palabra
total que, sin embargo, al mismo tiempo que afirma condiciones culturales,
las corrige y guía a superarlas positiva y protagónicamente.
El modelo pedagógico de Nuestra Señora de Guadalupe se
caracteriza por una antropología integral e inclusiva, una teleología
comprometida con la historia y abierta a lo trascendente y una metodología
viva y eficaz.
Profundizando
nuestra reflexión y centrándonos aún más en lo esencial del modelo pedagógico
de Nuestra Señora de Guadalupe, actual y operante también hoy, destacamos
que su persona, la finalidad que persigue y su modo de proceder o camino
de realización, armonizan e integran dualidades complementarias muy
fecundas que nos permiten abstraer un claro modelo de educadora o educador.
Ella, en el nivel antropológico, se manifiesta con un ser y amor
que une ternura y autoridad; y que al mismo tiempo establece una presencia
personal que contiene y gobierna de modo integral. En la dimensión teleológica,
esas características se traducen en una doble finalidad que a la vez
dignifica y madura a las personas, y las desafía a construir una nueva
realidad comunitaria. Por último, en el plano metodológico, en una actitud
dialogante, integra a la vez respuesta amable y cercana a la situación
de todos y conduce a un protagonismo generalizado, por medio de un mensaje
suave y firme que, sin disociar los momentos, recupera y plenifica
por sobredeterminación, sentidos previos positivos.
Que nuestra persona integre ternura que contenga y autoridad que
gobierne, para que así nuestra acción educativa dignifique y desafíe
a madurar integralmente, por mediación de un camino de amabilidad
y protagonismo, a la vez suave y firme, que recupere y conduzca a
plenificar lo propio de todos y de cada
uno, y se constituya en un perfil de educador que se desprenda del
modelo pedagógico guadalupano.
Que
el ser y proceder de la Señora del Tepeyác
nos enseñe a asumir cualquier realidad humana, para entablar diálogos
con ella que plenifiquen a las personas, mejoren sus interrelaciones y
las animen, en la felicidad y confianza en el amor trascendente de Dios,
a hacer presente en la historia, desde su particularidad y como pueblo,
todo lo que el Amor de Dios y su designio salvador nos quieren regalar.
El modelo pedagógico que encarna Nuestra Señora de Guadalupe, en relación
con la tarea educativa de la misión de la Iglesia Católica, la revela
como un paradigma de evangelizadora y de evangelización inculturadas.
Les
dejo un gran abrazo y me encomiendo a sus oraciones. Ave María.