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Dozavario 2011
Lunes 12 de Diciembre - Solemnida de Santa María de Guadalupe

Santa María de Guadalupe, Modelo de Evangelización perfectamente inculturada

Sagrada Escritura
Solemnidad de Santa María de Guadalupe

Is 7, 10-14 / Sir. 24, 23-31: Yo soy la Madre del amor, Vengan a mi, los que me aman
Gal. 4,4-7 Dios envió a su Hijo, nacido de una mujer.
Lc. 1, 39-48 Bendita tu entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre.

La bienaventuranza de la fe: el elogio dirigido por Isabel a María nos lleva a reflexionar, en este tiempo de espera, sobre nuestra fe. La fe de María se caracteriza como una adhesión a la promesa de Dios. María está totalmente segura de que Dios quiere y sabe ser fiel a la palabra dada. El misterio de Dios se oculta en aquel niño que, como todos los niños, se va formando en el seno de su madre. Creyendo, ha comenzado a constatar cómo Dios es fiel en realizar su promesa. También esto es cierto para nosotros: si no creemos, no experimentaremos nunca cómo el don de Dios, misteriosamente, puede ir formándose en nosotros.

La fe de María se manifiesta también en el hecho de ir a visitar a Isabel: un viaje inspirado por la premura de su prima que necesita ayuda -como suele decirse comúnmente y con razón-, pero también un viaje para ir a contemplar lo que Dios está haciendo en los otros. También nuestra fe tiene mucho que aprender de esta actitud, ya que debemos tratar de darnos cuenta de lo que Dios hace en la historia de los demás. María e Isabel tienen esto en común, de lo que nos podemos aprovechar nosotros hoy: saben dialogar sobre lo que Dios hace en ellas. Ninguna de las dos habla de sí, sino de la otra, o de lo que Dios ha hecho, hasta el cúlmen del Magníficat. La fe de María nos exhorta a insertarnos en el clima propio de los «pobres del Señor», es decir, de las personas humildes y sencillas que confían en Dios sabiendo reconocer su obra. Se nos invita a vivir en una actitud general de disponibilidad al plan de Dios que nos invita a volver a las palabras del salmo (39,8) que el autor de la carta a los Hebreos pone en boca de Cristo: «Aquí estoy para hacer tu voluntad» (Heb 10,7).

Profundización del Acontecimiento Guadalupano

El Papa Juan Pablo II declaró: “Y América, que históricamente ha sido y es crisol de pueblos, ha reconocido «en el rostro mestizo de la Virgen del Tepeyac, [...] en Santa María de Guadalupe, [...] un gran ejemplo de evangelización perfectamente inculturada». Por eso, no sólo en el Centro y en el Sur, sino también en el Norte del Continente, la Virgen de Guadalupe es venerada como Reina de toda América.”[16] Y es verdad, Santa María de Guadalupe sabe descubrir las “semillas del Verbo”,[17] desechar todo lo que pudiera entorpecerlas y darles plenitud en su Hijo Jesucristo; logra ser una experiencia de identidad desde lo profundo del corazón del ser humano, sin distinción, ya que desde la persona más sencilla hasta las altas jerarquías siguen transmitiendo este gozo.

Dios tiene la iniciativa de encontrarse con el ser humano en condiciones tan adversas y desesperantes, tan desgarradoras y desastrosas que sólo su intervención podía resolver la situación y con una maravillosa intervención por medio de lo más precioso para Él, su propia Madre. Por medio de la Siempre Virgen Santa María de Guadalupe, Dios se encuentra con el ser humano, se encarna en esta situación, pues Guadalupe lo porta en su Inmaculado Vientre, es una mujer en cinta y retoma lo bueno y profundo del espíritu indígena y en él, lo bueno y profundo del espíritu de todo ser humano, lo verdadero; lo que el Concilio Vaticano II llama: “las semillas de la Palabra”, y lo lleva todo a la plenitud, lo que sería una verdadera Pascua Florida, o como podría decirse en categorías indígenas una verdadera Pascua llena de flores y cantos. Por ello es claro lo que dice el Siervo de Dios Juan Pablo II, que el Acontecimiento Guadalupano es el modelo de evangelización perfectamente inculturada.

El cardenal Paul Poupard, presidente del Consejo Pontificio para la Cultura, lo plantea de una manera clara en el Sínodo de América: “Evangelizar una cultura no significa faltarle al respeto, sino, por el contrario, testimoniarle un respeto mayor llamándola, en nombre de Cristo, a su pleno desarrollo”.[18] Y como dice también el gran pensador contemporáneo de origen chileno P. Joaquín Alliende Luco: “La inculturación ha sido siempre un proceso accidentado, y hasta con momentos de violencia y lucha. Un modelo de eximia inculturación fecunda es María de Guadalupe. La misión evangelizadora de los primeros parecía destinada al fracaso. Después de las apariciones en el Tepeyac cambió la situación misionera radicalmente. Interminables procesiones de indígenas solicitaban el bautismo […] en pocos años, millones de indígenas pidieron a los misioneros españoles el bautismo cristiano. Guadalupe aparece como el acontecimiento tal vez más logrado de la historia de la Iglesia.”[19]

Con Santa María de Guadalupe se inició una nueva creación desde el corazón humano. En otras palabras, confirmamos nuevamente que en el Acontecimiento Guadalupano se observa claramente una evangelización inculturada, no sólo para los indígenas, que en México, aunque se hablaba de ellos en bloque, integraban diversidad de culturas, sino también para los españoles y, de alguna manera, en el pueblo mestizo que recién nacía; Santa María de Guadalupe una mestiza, signo de unidad, en Ella, de todas las razas, discípula y misionera de Jesucristo para darlo a él a toda raza, pueblo y nación, o como diría Ella explícitamente: “a las más variadas estirpes”.


Notas
[16] Juan Pablo II, Ecclesia in America, No 11, p. 20.
[17] Cfr. Decreto «Ad Gentes Divinitus» en el Concilio Vaticano II, Cap. 2, N° 11.
[18] Paul Poupard, en Javier García González, LC, Historia del Sínodo de América,  Ed. Nueva Evangelización, México 1999, p. 192.
[19] Joaquín Alliende Luco, Para que nuestra América viva, Ed. Nueva Patris, Chile 2007, p. 97.
 
 
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