Nuestra
Morenita del Tepeyac, Santa María de Guadalupe, es la Patrona
de todo el continente americano; Ella es la primera discípula
y misionera del amor de Dios; Ella es la estrella de la evangelización;
Ella es madre y modelo de la Iglesia; Madre de todos los pueblos
y de todas las naciones; Madre de nuestra Patria; Patrona de
nuestra independencia y de nuestra libertad. Por ello, resulta
especialmente significativo que en la máxima festividad de la
Virgen de Guadalupe, es decir, el 12 de diciembre de este año,
el Santo Padre Benedicto XVI haya tenido la feliz iniciativa,
el gesto exquisito y la deferencia de celebrar juntos −pastores
y autoridades civiles−, en la Sagrada Eucaristía, el bicentenario
de independencia de las naciones latinoamericanas.
Esta celebración encierra, sin lugar a dudas, un enorme significado
para todo el continente por el sentido de reconciliación que
conlleva. La Santa Madre Iglesia se ha esforzado siempre en
sanar todas las heridas de la historia que impidan el desarrollo
de los pueblos y la convivencia entre las naciones, y su participación
en estos festejos constituye la aceptación plena de la soberanía
de los pueblos latinoamericanos, que en algún momento se vio
empañada por el convenio que la Santa Sede mantenía con el Patronato
de España, y que retrasó el reconocimiento público de esta condición.
Por
ello, resulta sumamente emotivo que todos los fieles de las
hermanas naciones de América Latina nos encontremos representados
hoy en torno al Sucesor de Pedro para dar testimonio de una
verdadera comunión y fraternidad, para orar juntos por la armonía
y la paz en nuestro atribulado continente, pero también para
elevar nuestra plegaria y avanzar en el camino de la verdadera
independencia, la que se alcanza en el corazón, cuando se quita
toda atadura del pecado y se vive en la libertad de los hijos
de Dios.
Desde
la Tumba y la Cátedra de San Pedro, desde el centro de la Cristiandad,
y conectados al Tepeyac, corazón espiritual de nuestro continente,
los obispos y el pueblo de Dios estaremos unidos para seguir
haciendo nuestras las palabras que Santa María de Guadalupe
dirigió al corazón de toda persona de buena voluntad, por medio
de su humilde mensajero, san Juan Diego: "No tengas miedo
... ¿acaso no estoy yo aquí que soy tu Madre?, ¿no soy yo tu
protección y resguardo", ¿no soy yo la fuente de tu alegría?,
−¿acaso, no estás en el hueco de mi manto, en el cruce
de mis brazos? ¿De qué otra cosa tienes necesidad?" (Nican
Mopohua, vv. 118-119).
Este
12 de diciembre, Santa María de Guadalupe será homenajeada con
gran solemnidad desde la majestuosa e imponente Basílica de
San Pedro, rodeada de todas las banderas de América, símbolo
de los pueblos del "Continente de la Esperanza". Por
ello, hoy más que nunca debemos perseverar en la fe de nuestros
padres y estar firmes en la esperanza como una verdadera familia
unida en el Amor; hoy más que nunca debemos ser constructores
de la verdadera libertad, que va unida a la justicia y tiene
como fruto la paz; hoy más que nunca debemos convertimos en
una sociedad que ama y protege la vida, que repudia la violencia,
que rechaza la tentación de la corrupción, que abre su corazón
a la solidaridad con los más pobres, que extiende su mano a
la tolerancia y al respeto, que se preocupa por cuidar el regalo
de la creación, y que vive la alegría de la fiesta, la fiesta
por ser amados por Dios, por estar en el regazo de su Madre,
por esta tierra bendita, México, donde María mudó su casita
de Nazareth.
Desde
Roma, la Ciudad Santa, desde la tumba del príncipe de los apóstoles,
San Pedro, flanqueado por la hermosísima imagen de Nuestra Señora
de Guadalupe, me uno a mi amada Arquidiócesis de México, a toda
nuestra patria y los pueblos de América para implorar a Dios Nuestro
Señor su amor y su gracia, para suplicar el don de la paz, para
decir, con inmensa emoción y entre lágrimas, contemplando la Sagrada
Imagen de la Madre de Dios, la frase del salmo 147 que exclamó
otro venerado pontífice, Benedicto XIV, lleno de asombro ante
el milagro guadalupano: Non fecit taliter omni nationi. ¡No
ha hecho igual con ninguna otra nación!