Monseñor Enrique Glennie
Graue, Rector de la Insigne y Nacional Basílica de Santa
María de Guadalupe, Muy Ilustres Señores Canónigos, hermanos
presbíteros, religiosas y laicos:
Nos encontramos en la recta
final del Dozavario organizado este año 2011 para conmemorar
los 480 años de las apariciones de nuestra Morenita en el
Tepeyac. Con acierto y solicitud pastoral Monseñor Glennie
Graue, el Sr. Cango. Dr. Eduardo Chávez Sánchez y Mons.
Jorge Palencia Ramírez, han preparado un temario y unas
notas para la predicación de estos días. Según este subsidio,
el tema de meditación para este día se titula: "Santa
María de Guadalupe, Modelo y Madre de la Iglesia”.
El concilio Vaticano II dijo que la Madre de Dios es
"el tipo y ejemplar de la Iglesia" y enseguida,
el Papa Pablo VI aclaró esa idea, añadiendo que María es
MODELO DE LA IGLESIA. A la pregunta cómo debe ser la Iglesia,
la respuesta es: lo más semejante, lo más parecido a María,
porque Ella es el modelo de lo que todos los miembros de
la Iglesia debemos llegar a ser.
Por tanto, la Iglesia debe
ser como María: Inmaculada, humilde, sencilla, llena y sorprendida
por el Espíritu Santo, oyente obediencial de la Palabra
de Dios, servidora, fiel, alegre ... Todos los valores del
evangelio se encuentran encarnados en la Santísima Virgen,
pero en esta ocasión yo quisiera destacar una característica
importante, esencial, de la Madre de Dios, que la convierte
en modelo a seguir para la Iglesia universal, pero sobre
todo para la Iglesia de América Latina y en particular para
la Iglesia de la Arquidiócesis de México. Esa característica
es el “espíritu misionero". María es modelo
de la Iglesia misionera.
Siguiendo las orientaciones
del documento de Aparecida, el Plan
Pastoral de la Arquidiócesis de México quiere que
en todas las comunidades parroquiales de las ocho Vicarías
Episcopales se impulse con fuerza una pastoral misionera.
Esta pastoral misionera supone una verdadera movilización
eclesial y exige que los pastores y laicos salgamos de los
templos y -como lo hizo Jesús en su tiempo y en su tierra-
salir a buscar a los "alejados" y a la oveja perdida,
para anunciarles la Buena Nueva. Esta es la Iglesia que
Cristo quiere ver hoy en nosotros. Una Iglesia que vive
y transmite la alegría de su fe a los más alejados, entre
los cuales se encuentran los pobres y también miles de
católicos indiferentes o no practicantes. Tanto en sus cuatro
apariciones como en su Imagen bendita y en su solicitud maternal mostrada a lo largo de
480 años, la Santísima Virgen de Guadalupe se manifiesta
como modelo de la Iglesia misionera. Ante todo, viene "Desde
el cielo una hermosa mañana", es decir, sale del cielo
donde participa de la gloria de su Hijo resucitado y viene
en busca de los alejados y marginales, representados en
el Indio Juan Diego, a quien llama por su nombre, para devolverle
su dignidad. Y para mostrarle su amor maternal pronuncia
su nombre en diminutivo y le dirige palabras cariñosas:
"Juanito, Juan Dieguito... el más pequeño de mis hijos....”
Expertos
de la imagen han llegado a la conclusión de que la Virgen
Morena aparece encinta de pocos meses. Así lo indican el
abultamiento del vientre y el lazo negro alrededor de la
cintura, prenda que usaban las mujeres aztecas cuando estaban
embarazadas. Por estar encinta de su hijo Jesús, Nuestra
Señora de Guadalupe es la patrona y protectora de
los niños no nacidos y de sus mamás, especialmente de las
que están enfrentando un embarazo difícil.
Pero lo más
importante de este detalle de la Imagen es que Santa María
de Guadalupe es verdadera misionera porque nos trae a Cristo,
el Verbo, la Palabra de Dios, que se hizo hombre en su seno
inmaculado por obra del Espíritu Santo. El objetivo de la
misión de la Iglesia es transmitir al mundo a Cristo, la
Palabra de Dios hecha hombre, de la que antes tiene que
alimentarse. Por eso el Santo Padre, Benedicto XVI, al terminar
el Sínodo sobre la Biblia, dijo que la Iglesia, para hacer
eficaz la nueva evangelización, debe nutrirse de la Palabra
de Dios. Así lo hizo Santa María.
La misión
es una tarea eclesial que, por consiguiente, debe realizarse
siempre en comunión con toda la Iglesia bajo la guía de
sus pastores. Y en este aspecto, Santa María de Guadalupe
es también modelo. Para realizar su deseo de que se le construya
una casa, esta casa en la que nos encontramos ahora, solicita
la aprobación del obispo, se somete a la autoridad del pastor
que es un signo de su Hijo, Cabeza de la Iglesia. Pero,
para realizar estos planes eligió a un humilde laico indígena.
De este modo, la Virgen Morenita reconoce la autoridad de
los pastores y confirma la misión del laico en la Iglesia.
Tenemos una Madre del Cielo misionera y eclesial.
Las dos primeras
lecturas de la misa de este tercer domingo de Adviento,
contienen tres palabras que quisiera repasar y contemplar,
saborear, con ustedes, porque subrayan o destacan el modelo
misionero que es la Santísima Virgen para la Iglesia.
Las
dos primeras palabras se encuentran en la primera lectura,
tomada del Segundo Isaías y son: “UNGIR" y “ENVIAR".
Nos recuerdan que el profeta y el misionero son ungidos,
es decir, consagrados por el Espíritu Santo, para luego
ser enviados a la misión. Por medio del bautismo y la confirmación,
todos los cristianos católicos fuimos consagrados por el
Espíritu Santo para ser enviados a la misión. María Santísima
fue inundada por el Espíritu Santo para que formara en su
seno inmaculado al Hijo de Dios hecho hombre y, al darlo
a luz, lo entregara a la humanidad como Salvador.
Por eso,
en las 'Apariciones, la Virgen de Guadalupe se mueve, cambia de lugar.
Se aparece en los lugares por donde Juan Diego pasa y también
en la casa del Obispo. Ya ha cambiado de "casa"
y ahora se encuentra en este magnífico templo ideado por
el gran arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez, ahora
ampliado y embellecido en sus anexos con la magnífica "Plaza
Mariana", llevada a feliz término en su fase general, gracias a
la solícita y eficaz gestión del actual Señor Rector de
la Basílica. Nuestra Santísima Madre de Guadalupe, no se
ha quedado encerrada en esta su casa del Tepeyac. Se encuentra
ya en todos los rincones de la nación mexicana y, durante
casi quinientos, como modelo de la Iglesia misionera, ha
caminado, ha peregrinado con el pueblo de México, sobre
todo en esos tramos difíciles y decisivos del camino hacia
una patria más justa y humana y hacia la Patria definitiva
del cielo.
A
propósito de este peregrinaje, de este caminar o desplazamiento,
que exige la misión de la Iglesia, quiero comentarles que
en los primeros días del pasado mes de septiembre, viendo
muy de cerca, en esta basílica, la bendita imagen de Santa
María de Guadalupe, me llamó singularmente la atención un
detalle, antes para mí no advertido: Esa extremidad inferior,
esa sagrada pierna de la Morenita que está flexionada, doblada,
como a punto de dar un paso hacia delante. Este detalle
me reveló a Nuestra Santísima Madre Morenita como una persona
en marcha, en camino, que es el espíritu de la misión cristiana.
Ser Iglesia misionera es dejar Egipto, abandonar todo deseo
de permanecer en sitios cómodos y
seguros, y ponerse siempre en camino. Me invito y los invito
a tener, como Santa María de Guadalupe, una de nuestras
piernas -la pierna de la fe y esperanza- siempre flexionada,
siempre dispuestos a peregrinar, a caminar en la dirección
que nos marca el Espíritu Santo.
La
tercera palabra de las lecturas bíblicas que quiero destacar
se encuentra en todas las lecturas bíblicas de esta misa,
y esta palabra es: "Alegría". "Me alegro
en el Señor y me lleno de júbilo" (primer lectura);
"Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador" (salmo
responsorial); "Vivan alegres...” (segunda lectura).
Personalmente, como familia, como ciudad capital y como
país, tenemos motivos de sobra para estar tristes y deprimidos:
problemas familiares, enfermedades, la muerte de un ser
querido, pobreza extrema, inseguridad, violencia, crimen
organizado, desigualdad, división y enfrentamiento de grupos,
rechazo del don de la vida y de la dignidad de la persona
humana y, sobre todo, el rechazo de Dios en la cultura laica.
Sin embargo, en medio de este negro panorama, nuestra Madre
Guadalupe, en su imagen bendita, es luz y alegría.
"Deseo vivamente
que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar
todo mi amor, compasión, auxilio
y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos
vosotros juntos los moradores de esta tierra y a los demás
amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí
sus lamentos, y remediar todas sus miserias, penas y dolores".
No es la
primera vez que nuestro país pasa por momentos dramáticos.
Desde esta su casa del Tepeyac sigue oyendo nuestros lamentos,
dispuesta a remediar con su poderosa y maternal intercesión
ante su Hijo Cristo, nuestras miserias, penas y dolores. Por
eso, ella es "causa de nuestra alegría".