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Homilía
pronunciada por el Excmo. Sr. Crispin Ojeda, Vicario Episcopal de la VI Zona Pastoral en el Onceavo Día del Dozavario, en la Basílica de Guadalupe.



Santa María de Guadalupe, Modelo y Madre de la Iglesia

11 de diciembre de 2011


Monseñor Enrique Glennie Graue, Rector de la Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe, Muy Ilustres Señores Canónigos, hermanos presbíteros, religiosas y laicos:

Nos encontramos en la recta final del Dozavario organizado este año 2011 para conmemorar los 480 años de las apariciones de nuestra Morenita en el Tepeyac. Con acierto y solicitud pastoral Monseñor Glennie Graue, el Sr. Cango. Dr. Eduardo Chávez Sánchez y Mons. Jorge Palencia Ramírez, han preparado un temario y unas notas para la predicación de estos días. Según este subsidio, el  tema de meditación para este día se titula: "Santa María de Guadalupe, Modelo y Madre de la Iglesia”.

El concilio Vaticano II dijo que la Madre de Dios es "el tipo y ejemplar de la Iglesia" y enseguida, el Papa Pablo VI aclaró esa idea, añadiendo que María es MODELO DE LA IGLESIA. A la pregunta cómo debe ser la Iglesia, la respuesta es: lo más semejante, lo más parecido a María, porque Ella es el modelo de lo que todos los miembros de la Iglesia debemos llegar a ser.

Por tanto, la Iglesia debe ser como María: Inmaculada, humilde, sencilla, llena y sorprendida por el Espíritu Santo, oyente obediencial de la Palabra de Dios, servidora, fiel, alegre ... Todos los valores del evangelio se encuentran encarnados en la Santísima Virgen, pero en esta ocasión yo quisiera destacar una característica importante, esencial, de la Madre de Dios, que la convierte en modelo a seguir para la Iglesia universal, pero sobre todo para la Iglesia de América Latina y en particular para la Iglesia de la Arquidiócesis de México. Esa característica es el espíritu misionero". María es modelo de la Iglesia misionera.

Siguiendo las orientaciones del documento de Aparecida, el Plan Pastoral de la Arquidiócesis de México quiere que en todas las comunidades parroquiales de las ocho Vicarías Episcopales se impulse con fuerza una pastoral misionera. Esta pastoral misionera supone una verdadera movilización eclesial y exige que los pastores y laicos salgamos de los templos y -como lo hizo Jesús en su tiempo y en su tierra- salir a buscar a los "alejados" y a la oveja perdida, para anunciarles la Buena Nueva. Esta es la Iglesia que Cristo quiere ver hoy en nosotros. Una Iglesia que vive y transmite la alegría de su fe a los más alejados, entre los cuales se encuentran los pobres y también  miles de católicos indiferentes o no practicantes. Tanto en sus cuatro apariciones como en su Imagen bendita y en su solicitud maternal mostrada a lo largo de 480 años, la Santísima Virgen de Guadalupe se manifiesta como modelo de la Iglesia misionera. Ante todo, viene "Desde el cielo una hermosa mañana", es decir, sale del cielo donde participa de la gloria de su Hijo resucitado y viene en busca de los alejados y marginales, representados en el Indio Juan Diego, a quien llama por su nombre, para devolverle su dignidad. Y para mostrarle su amor maternal pronuncia su nombre en diminutivo y le dirige palabras cariñosas: "Juanito, Juan Dieguito... el más pequeño de mis hijos....”

Expertos de la imagen han llegado a la conclusión de que la Virgen Morena aparece encinta de pocos meses. Así lo indican el abultamiento del vientre y el lazo negro alrededor de la cintura, prenda que usaban las mujeres aztecas cuando estaban embarazadas. Por estar encinta de su hijo Jesús, Nuestra Señora de Guadalupe es la patrona y protectora de los niños no nacidos y de sus mamás, especialmente de las que están enfrentando un embarazo difícil.

Pero lo más importante de este detalle de la Imagen es que Santa María de Guadalupe es verdadera misionera porque nos trae a Cristo, el Verbo, la Palabra de Dios, que se hizo hombre en su seno inmaculado por obra del Espíritu Santo. El objetivo de la misión de la Iglesia es transmitir al mundo a Cristo, la Palabra de Dios hecha hombre, de la que antes tiene que alimentarse. Por eso el Santo Padre, Benedicto XVI, al terminar el Sínodo sobre la Biblia, dijo que la Iglesia, para hacer eficaz la nueva evangelización, debe nutrirse de la Palabra de Dios. Así lo hizo Santa María.

La misión es una tarea eclesial que, por consiguiente, debe realizarse siempre en comunión con toda la Iglesia bajo la guía de sus pastores. Y en este aspecto, Santa María de Guadalupe es también modelo. Para realizar su deseo de que se le construya una casa, esta casa en la que nos encontramos ahora, solicita la aprobación del obispo, se somete a la autoridad del pastor que es un signo de su Hijo, Cabeza de la Iglesia. Pero, para realizar estos planes eligió a un humilde laico indígena. De este modo, la Virgen Morenita reconoce la autoridad de los pastores y confirma la misión del laico en la Iglesia. Tenemos una Madre del Cielo misionera y eclesial.

Las dos primeras lecturas de la misa de este tercer domingo de Adviento, contienen tres palabras que quisiera repasar y contemplar, saborear, con ustedes, porque subrayan o destacan el modelo misionero que es la Santísima Virgen para la Iglesia.

Las dos primeras palabras se encuentran en la primera lectura, tomada del Segundo Isaías y son: “UNGIR" y “ENVIAR". Nos recuerdan que el profeta y el misionero son ungidos, es decir, consagrados por el Espíritu Santo, para luego ser enviados a la misión. Por medio del bautismo y la confirmación, todos los cristianos católicos fuimos consagrados por el Espíritu Santo para ser enviados a la misión. María Santísima fue inundada por el Espíritu Santo para que formara en su seno inmaculado al Hijo de Dios hecho hombre y, al darlo a luz, lo entregara a la humanidad como Salvador.

Por eso, en las 'Apariciones, la Virgen de Guadalupe se mueve, cambia de lugar. Se aparece en los lugares por donde Juan Diego pasa y también en la casa del Obispo. Ya ha cambiado de "casa" y ahora se encuentra en este magnífico templo ideado por el gran arquitecto mexicano Pedro Ramírez Vázquez, ahora ampliado y embellecido en sus anexos con la magnífica "Plaza Mariana", llevada a feliz término en su fase general, gracias a la solícita y eficaz gestión del actual Señor Rector de la Basílica. Nuestra Santísima Madre de Guadalupe, no se ha quedado encerrada en esta su casa del Tepeyac. Se encuentra ya en todos los rincones de la nación mexicana y, durante casi quinientos, como modelo de la Iglesia misionera, ha caminado, ha peregrinado con el pueblo de México, sobre todo en esos tramos difíciles y decisivos del camino hacia una patria más justa y humana y hacia la Patria definitiva del cielo.

A propósito de este peregrinaje, de este caminar o desplazamiento, que exige la misión de la Iglesia, quiero comentarles que en los primeros días del pasado mes de septiembre, viendo muy de cerca, en  esta basílica, la bendita imagen de Santa María de Guadalupe, me llamó singularmente la atención un detalle, antes para mí no advertido: Esa extremidad inferior, esa sagrada pierna de la Morenita que está flexionada, doblada, como a punto de dar un paso hacia delante. Este detalle me reveló a Nuestra Santísima Madre Morenita como una persona en marcha, en camino, que es el espíritu de la misión cristiana. Ser Iglesia misionera es dejar Egipto, abandonar todo deseo de permanecer en sitios cómodos y seguros, y ponerse siempre en camino. Me invito y los invito a tener, como Santa María de Guadalupe, una de nuestras piernas -la pierna de la fe y esperanza- siempre flexionada, siempre dispuestos a peregrinar, a caminar en la dirección que nos marca el Espíritu Santo.

La tercera palabra de las lecturas bíblicas que quiero destacar se encuentra en todas las lecturas bíblicas de esta misa, y esta palabra es: "Alegría". "Me alegro en el Señor y me lleno de júbilo" (primer lectura); "Mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador" (salmo responsorial); "Vivan alegres...” (segunda lectura). Personalmente, como familia, como ciudad capital y como país, tenemos motivos de sobra para estar tristes y deprimidos: problemas familiares, enfermedades, la muerte de un ser querido, pobreza extrema, inseguridad, violencia, crimen organizado, desigualdad, división y enfrentamiento de grupos, rechazo del don de la vida y de la dignidad de la persona humana y, sobre todo, el rechazo de Dios en la cultura laica. Sin embargo, en medio de este negro panorama, nuestra Madre Guadalupe, en su imagen bendita, es luz y alegría.

"Deseo vivamente que se me erija aquí un templo para en él mostrar y dar todo mi amor, compasión, auxilio y defensa, pues yo soy vuestra piadosa madre; a ti, a todos vosotros juntos los moradores  de esta tierra y a los demás amadores míos que me invoquen y en mí confíen; oír allí sus lamentos, y  remediar todas sus miserias, penas y dolores".

No es la primera vez que nuestro país pasa por momentos dramáticos. Desde esta su casa del Tepeyac sigue oyendo nuestros lamentos, dispuesta a remediar con su poderosa y maternal intercesión ante su Hijo Cristo, nuestras miserias, penas y dolores. Por eso, ella es "causa de nuestra alegría".
 
 
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