Hace ocho días celebramos la fiesta de Cristo Rey del Universo
con esto dábamos fin a un Ciclo Litúrgico, proclamando a Cristo,
como Rey, para que también al final de nuestros días podamos
nosotros tener parte en el reino de los cielo con Cristo a
la cabeza, con Cristo nuestro Rey.
Hoy iniciamos un nuevo Ciclo
Litúrgico y comenzamos a prepararnos hacía la Navidad. Cuatro
domingos, que nos llevarán en la meditación a prepararnos
con sinceridad a la venida de nuestro Señor. Comienza el Adviento,
tiempo de espera, pero hay que preguntarnos hoy dos cosas:
¿qué es lo que esperamos en este Adviento? y habiéndonos respondido
esto entonces podemos preguntarnos ¿y ahora cómo voy hacerle
para prepararme en este sentido? ¿qué es lo que esperamos?
¿a caso esperamos el aguinaldo? que bueno, pero ese es el
motivo de mi Adviento esperar a que llegue el aguinaldo, a
lo mejor nada más ese es el sentido para salir de algunas
broncas que podamos tener. ¿Qué es lo que espero en este Adviento?
espero no enfermarme de influenza, bueno, ¿qué es lo que espero
en este Adviento? Si esperamos a Cristo, perfecto, pero recordemos
que hay todavía algunos que esperan a que venga el Mesías,
porque no reconocieron que el Señor puso su tienda en medio
de nosotros. Algunos no aceptaron que ese fuera el Señor,
que ese fuera el Salvador, quieren otro, quieren un Señor
de riqueza, quieren un Señor de guerra, dependiendo que es
lo que esperan de ese Mesías, por eso Jesús en algún momento
pregunta ¿quién dice la gente que soy Yo? pues, unos dicen
que eres hasta metiche, otros que eres un político, que eres
un farsante, que eres un filósofo. Sí, y hoy en nuestra sociedad
también se dice muchas cosas de Cristo, pero nosotros al final
¿qué decimos? que es el Hijo de Dios que viene a salvarnos,
por eso también es importante tener en cuenta ¿qué es lo que
espero? si espero a un Señor, que viene a salvarme. Entonces,
me voy a preparar para la salvación. Si espero un Señor de
guerra me voy a preparar, pues, para vivir en guerra. ¿Qué
sentido tiene, pues, que Cristo venga a mi vida y cómo quiero
que Cristo venga?
Hoy, entonces nos pone la pauta,
la oración de entrada, que hemos escuchado al principio de
la misa. Que nos prepararemos con las obras de misericordia
a esperar al Señor, que viene. Nos pide ser misericordiosos
para que el Señor venga lleno de misericordia y ponga de nuevo
su tienda entre nosotros. Nos pide la Liturgia prepararnos
encendiendo nuestro corazón con el reflejo de esta corona,
que nos preparemos a recibir la luz, la verdad, la vida y
que nos dejemos de obscuridades del pecado, del resentimiento,
del odio, de la farsa, de la mentira. La Liturgia nos pide
ser misericordiosos y ese tiene que ser el sentido de nuestro
caminar hacia la Navidad.
¡Qué bueno que venga el aguinaldo!
¡qué bueno que vengan muchas otras circunstancias! ¡qué bueno
que adornemos! Pero no tendría sentido sino primero nos preparamos
para adornar nuestra vida, nuestro corazón, nuestro sentimiento
hacia el Señor, que viene a salvarnos.
El Adviento es una oportunidad
para renovar nuestra vida, para humanizarnos, para vivir conforme
a la voluntad de hijos de Dios y tomando la condición de siervos
vivir plenamente el sentido de la búsqueda de nuestra salvación.
Si esperamos otro Cristo no va a venir. Es un Señor, un Mesías,
que viene a traernos la misericordia y enseñarnos con su misericordia
a vivir el amor, que Dios ha depositado en nuestros corazones.
Vuelvo a insistir, ¡qué bueno
que nos preparemos externamente! Pero la preparación espiritual
es fundamental. Mover nuestras estrellitas, como nos dice
el Evangelio esas estrellas, que traemos derrumbadas. Derrumbar
todo lo que nos impide ser de Dios y entonces crear un nuevo
ser, un ser humano, que glorifique al Señor desde su humanidad,
en la gracia de ser llamado a participar, como hijo de Dios.
Y nuestro Adviento no puede
pasar sin tener encuentra a nuestra Madre Santísima de Guadalupe.
Ella, también, durante el Adviento quiso manifestarse a su
pueblo. A este pueblo de México que la ama, vino para ayudarnos
para preparar nuestro corazón a recibir al Dios por quien
vivimos nosotros. Por lo tanto nuestro Evangelio tiene que
tener siempre la figura de Santa María de Guadalupe. Nuestro
Adviento es guadalupano y en Ella también a prendemos a ser
misericordioso y a escuchar las necesidades del que sufre,
del enfermo, del necesitado.
Quiera Dios por intercesión
de nuestra Madre a enseñarnos a caminar hacia la verdadera
vida reconociendo la humanidad donde Dios nos ha llamado a
glorificarlo y a bendecirlo, como verdadero hijos del Padre.