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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por el M. I. Sr. Cango. Luis Felipe García Álvarez, Arcipreste de Guadalupe, Vicepresidente del Cabildo y Coordinador de la Pastoral Litúrgica, en el I Domingo de Adviento, en la Basílica de Guadalupe.

29
de noviembre de 2009
Año Sacerdotal


Hace ocho días celebramos la fiesta de Cristo Rey del Universo con esto dábamos fin a un Ciclo Litúrgico, proclamando a Cristo, como Rey, para que también al final de nuestros días podamos nosotros tener parte en el reino de los cielo con Cristo a la cabeza, con Cristo nuestro Rey.

Hoy iniciamos un nuevo Ciclo Litúrgico y comenzamos a prepararnos hacía la Navidad. Cuatro domingos, que nos llevarán en la meditación a prepararnos con sinceridad a la venida de nuestro Señor. Comienza el Adviento, tiempo de espera, pero hay que preguntarnos hoy dos cosas: ¿qué es lo que esperamos en este Adviento? y habiéndonos respondido esto entonces podemos preguntarnos ¿y ahora cómo voy hacerle para prepararme en este sentido? ¿qué es lo que esperamos? ¿a caso esperamos el aguinaldo? que bueno, pero ese es el motivo de mi Adviento esperar a que llegue el aguinaldo, a lo mejor nada más ese es el sentido para salir de algunas broncas que podamos tener. ¿Qué es lo que espero en este Adviento? espero no enfermarme de influenza, bueno, ¿qué es lo que espero en este Adviento? Si esperamos a Cristo, perfecto, pero recordemos que hay todavía algunos que esperan a que venga el Mesías, porque no reconocieron que el Señor puso su tienda en medio de nosotros. Algunos no aceptaron que ese fuera el Señor, que ese fuera el Salvador, quieren otro, quieren un Señor de riqueza, quieren un Señor de guerra, dependiendo que es lo que esperan de ese Mesías, por eso Jesús en algún momento pregunta ¿quién dice la gente que soy Yo? pues, unos dicen que eres hasta metiche, otros que eres un político, que eres un farsante, que eres un filósofo. Sí, y hoy en nuestra sociedad también se dice muchas cosas de Cristo, pero nosotros al final ¿qué decimos? que es el Hijo de Dios que viene a salvarnos, por eso también es importante tener en cuenta ¿qué es lo que espero? si espero a un Señor, que viene a salvarme. Entonces, me voy a preparar para la salvación. Si espero un Señor de guerra me voy a preparar, pues, para vivir en guerra. ¿Qué sentido tiene, pues, que Cristo venga a mi vida y cómo quiero que Cristo venga?

Hoy, entonces nos pone la pauta, la oración de entrada, que hemos escuchado al principio de la misa. Que nos prepararemos con las obras de misericordia a esperar al Señor, que viene. Nos pide ser misericordiosos para que el Señor venga lleno de misericordia y ponga de nuevo su tienda entre nosotros. Nos pide la Liturgia prepararnos encendiendo nuestro corazón con el reflejo de esta corona, que nos preparemos a recibir la luz, la verdad, la vida y que nos dejemos de obscuridades del pecado, del resentimiento, del odio, de la farsa, de la mentira. La Liturgia nos pide ser misericordiosos y ese tiene que ser el sentido de nuestro caminar hacia la Navidad.

¡Qué bueno que venga el aguinaldo! ¡qué bueno que vengan muchas otras circunstancias! ¡qué bueno que adornemos! Pero no tendría sentido sino primero nos preparamos para adornar nuestra vida, nuestro corazón, nuestro sentimiento hacia el Señor, que viene a salvarnos.

El Adviento es una oportunidad para renovar nuestra vida, para humanizarnos, para vivir conforme a la voluntad de hijos de Dios y tomando la condición de siervos vivir plenamente el sentido de la búsqueda de nuestra salvación. Si esperamos otro Cristo no va a venir. Es un Señor, un Mesías, que viene a traernos la misericordia y enseñarnos con su misericordia a vivir el amor, que Dios ha depositado en nuestros corazones.

Vuelvo a insistir, ¡qué bueno que nos preparemos externamente! Pero la preparación espiritual es fundamental. Mover nuestras estrellitas, como nos dice el Evangelio esas estrellas, que traemos derrumbadas. Derrumbar todo lo que nos impide ser de Dios y entonces crear un nuevo ser, un ser humano, que glorifique al Señor desde su humanidad, en la gracia de ser llamado a participar, como hijo de Dios.

Y nuestro Adviento no puede pasar sin tener encuentra a nuestra Madre Santísima de Guadalupe. Ella, también, durante el Adviento quiso manifestarse a su pueblo. A este pueblo de México que la ama, vino para ayudarnos para preparar nuestro corazón a recibir al Dios por quien vivimos nosotros. Por lo tanto nuestro Evangelio tiene que tener siempre la figura de Santa María de Guadalupe. Nuestro Adviento es guadalupano y en Ella también a prendemos a ser misericordioso y a escuchar las necesidades del que sufre, del enfermo, del necesitado.

Quiera Dios por intercesión de nuestra Madre a enseñarnos a caminar hacia la verdadera vida reconociendo la humanidad donde Dios nos ha llamado a glorificarlo y a bendecirlo, como verdadero hijos del Padre.

 
 
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