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Homilía
pronunciada por el Pbro. Antonio Ruiz Domínguez,
Vicario Episcopal de Matehuala, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Matehuala a la Basílica de Guadalupe.

4 de noviembre de 2006

Acontecimientos que le presentamos a la Santísima Virgen y Agradecemos.

Hemos venido a esta peregrinación anual ante la Virgen de Guadalupe para agradecerle su protección maternal a lo largo del año, para presentarle nuestro caminar, para pedirle que nos siga acompañando en nuestro peregrinar como pueblo de Dios.

Quiero recordar algunos acontecimientos de este año, presentarlos ante la Virgen y agradecer:

6 de enero del 2006 aparece la Carta Pastoral en la celebración del Señor de Matehuala. Es una carta que recoge el camino andado en estos años de vida diocesana y nos lanza con esperanza hacia delante.
El 28 de enero sale la noticia del cambio del Sr. Obispo a Tehuacan Puebla.
6 de febrero el Sr. Obispo ordena 2 nuevos sacerdotes para la Diócesis (Rafita y Tino) en el Huisache de la Parroquia de Santa Ana.
13 de marzo nuevamente el Sr. Obispo ordena en Catedral otros 2 sacerdotes para la Diócesis (Panchito y Lupillo).
20 de marzo el Sr. Obispo en la víspera de su salida de Matehuala, ordena en Ciudad del Maíz 2 sacerdotes más para la Diócesis (Zamorita y Ramiro).
El día 21 de marzo, después de la reunión del Presbiterio en Villa de la Paz, el Sr. Obispo don Rodrigo Aguilar deja la Diócesis y toma posesión en Tehuacan Puebla el 30 de marzo del mismo año.
El 31 de marzo Don Luis Morales Reyes, Arz. de San Luis visita el obispado y se reúne con el colegio de Consultores y nos hace saber que el Papa lo nombró Administrador Apostólico para la Diócesis de Matehuala hasta que tome posesión el nuevo Obispo. Nos hace ver que estamos en un tiempo de gracia, de oración, de reflexión, de consolidación en los pasos que llevamos del Plan Diocesano.
El 29 de julio la Diócesis celebra su 9° aniversario de una manera participativa y alegre.
El 9 de septiembre la Parroquia de Charcas celebra con mucho gozo los 400 años de la donación de la Imagen del Nuestra señora del Rosario y los 50 años de su coronación con la presencia del Nuncio Apostólico.
Estudio del Presbiterio en el Realejo.
5 de octubre en la Peregrinación del Presbiterio y personal que colabora en el Santuario de San Francisco de Asís, el Sr. Arz. Don Luis Morales nos da la noticia oficial del nombramiento del p. Lucas como segundo Obispo de Matehuala.
La Diócesis se prepara con alegría para recibir a su nuevo Obispo el 14 de diciembre:

María Misionera
El Evangelio de Lucas, que hemos oído ahora, nos habla de "María, que se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de Judea" para encontrar a su prima Isabel y compartir con ella la venida de Dios entre los hombres, como el Ángel le había anunciado actualizando la profecía de Isaías: "El Espíritu del Señor vendrá sobre ti. Por eso el niño que va a nacer será llamado Hijo de Dios" (Lc. 1,35).

Pero este viaje de María es también anticipación y modelo de otro grande viaje, que día tras día se prolongará durante los siglos; es el camino misionero de la Iglesia y de los cristianos. Como "el Señor Dios de Israel" ha visitado en Jesús a su pueblo (Lc. L, 68) y María ha visitado a santa Isabel, así la Iglesia continúa en el tiempo a visitar al hombre, que necesita la salvación de Dios.

María, en su viaje, no está sola: con ella está presente, vive el Señor, hecho carne. Lo mismo pasa con la Iglesia: es siempre el Señor que envía, guía y acompaña a sus discípulos. El día de la resurrección Jesús les asegurará que estará siempre con ellos, todos los días, hasta el fin del mundo (Mt. 28, 20) con su evangelio y con su cuerpo y su sangre en la Eucaristía.

María se presenta ante nuestros ojos como una verdadera misionera: ella había recibido el anuncio del Ángel y le había contestado con fe: "Yo soy la esclava del Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho" (Lc. 1, 38). Esta fe empuja a María a visitar a Isabel.  Y es esta misma fe que inspira a Isabel, iluminada por el Espíritu Santo, a proclamar a Maria dichosa porque ha creído y en ella se cumplirá la promesa que el Ángel le anuncia.

Hoy también nuestra misión es manifestar a Jesús, que ha venido "para dar luz a los que viven en la oscuridad y a dirigir nuestros pasos por el camino de la paz" (Lc. 1,79). La misión es esto: comunicar, dar a Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, Hijo del Padre e Hijo de la Virgen, Salvador Único y universal, como proclamamos en el Credo.

La visita de la Virgen a santa Isabel, con el cántico del magníficat pone de relieve que la fe es auténtica si la confesamos con nuestros labios, la vivimos en nuestra vida y la anunciamos a los demás. Cada uno de nosotros debería cantar, con la Virgen, que "el Señor ha hecho grandes cosas en mí" y que su misericordia llega de generación en generación a todos los que lo temen. María nos indica la misión del discípulo del Señor, quien, interpretando con su fe el sentido profundo de los acontecimientos y de la presencia de Dios en ellos, anuncia la redención y la llegada de su reino entre los hombres.

María Evangelizadora
Cuando María fue presurosa a las montañas de Judea para ayudar a su pruna Isabel, llevaba a Jesús en sus entrañas. Al verla, Isabel percibió la bendición "de Dios y "exclamó a grandes voces: "bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre" (Lc. 1,42). Siglos más tarde, María se encaminó a otra montaña: el Tepeyac, en México. Dios se hizo peregrino en el Nuevo Mundo y se presentó de manera especial a través de María para entrar a nuestra historia latinoamericana.

El Cerro del Tepeyac tiene un sentido religioso más allá de ser un lugar geográfico, igual que Galilea, Jerusalén y Roma tiene un alto simbolismo religioso en los Evangelios. La Virgen no eligió Tenochtitlán, la sede de los poderes civil y religioso, sino que toma residencia entre los pobres que vivían en la región del Tepeyac, engrandeciendo así a los humildes, como expresa en su cántico del Magníficat.

María ratifica la existencia de un sólo Dios cuando América estaba por nacer a la fe cristiana. Evangeliza al nuevo pueblo con ternura materna, presentándose a Juan Diego, "Yo soy la perfecta siempre Virgen santa María madre del verdadero Dios por quien se vive". Y después, para anunciar su misión, le enfatiza: "¿No estoy yo aquí que soy tu madre? ¿no estas bajo mi sombra y resguardado? ¿no soy yo la fuente de tu alegría? María de Guadalupe es la gran evangelizadora de Latinoamérica y emperatriz del continente Americano.

El encuentro de las dos madres es en realidad el encuentro de dos hijos. Juan inaugura su misión anunciando por boca de su madre el señorío de Jesús, que manifiesta su mesianismo y su profunda relación con Dios. La respuesta de María al saludo de Isabel, que tradicionalmente conocemos con el nombre latino de "Magníficat", es un salmo de acción de gracias compuesto de citas del A. T., en el que se canta la gratitud de María y la de todo el pueblo de Dios por el cumplimiento de las promesas divinas. Lucas subraya además en este canto un tema de su predilección: Dios se apiada de los pobres y de los desprotegidos.

Hoy, nuestro mundo tiene necesidad de encontrar a cristianos auténticos, enamorados del evangelio, que sepan anunciar a sus hermanos a Jesús Salvador. El Primer anuncio que podemos ofrecer es el testimonio de nuestra vida fiel al Evangelio. Nuestra peregrinación a este lugar debe ayudamos a tomar conciencia que nuestra aportación como cristianos a la construcción de una sociedad más justa, mas pacífica, más solidaria, depende de la calidad de nuestro compromiso, conforme a la enseñanza del Evangelio y de la tradición de la Iglesia. Nuestra peregrinación tendrá un sentido si es un punto de partida para una vida cristiana nueva, personal y comunitaria.

Pidamos a la Virgen que nos ayude a ser discípulos fieles de su Hijo Jesús y a descubrir cada vez más su presencia en nuestra vida. Mirándonos con sus ojos maternales desde esta imagen, nos repite lo que dijo a los meseros de las bodas de Caná: "Hagan lo que Él les diga". Este es el sentido profunda de nuestra peregrinación: recibir a Jesús que la virgen nos ofrece para llevarlo en nuestra vida y anunciarlo a los demás.

 
 
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