| Acontecimientos que le presentamos a la Santísima Virgen y
Agradecemos. Hemos
venido a esta peregrinación anual ante la Virgen de Guadalupe
para agradecerle su protección maternal a lo largo del año,
para presentarle nuestro caminar, para pedirle que nos siga
acompañando en nuestro peregrinar como pueblo de Dios.
Quiero recordar algunos acontecimientos de este año, presentarlos
ante la Virgen y agradecer:
6 de enero del 2006 aparece la Carta Pastoral en la celebración
del Señor de Matehuala. Es una carta que recoge el camino
andado en estos años de vida diocesana y nos lanza con esperanza
hacia delante.
El 28 de enero sale la noticia del cambio del Sr. Obispo a
Tehuacan Puebla.
6 de febrero el Sr. Obispo ordena 2 nuevos sacerdotes para
la Diócesis (Rafita y Tino) en el Huisache de la Parroquia
de Santa Ana.
13 de marzo nuevamente el Sr. Obispo ordena en Catedral otros
2 sacerdotes para la Diócesis (Panchito y Lupillo).
20 de marzo el Sr. Obispo en la víspera de su salida de Matehuala,
ordena en Ciudad del Maíz 2 sacerdotes más para la Diócesis
(Zamorita y Ramiro).
El día 21 de marzo, después de la reunión del Presbiterio en
Villa de la Paz, el Sr. Obispo don Rodrigo Aguilar deja
la Diócesis y toma posesión en Tehuacan Puebla el 30 de
marzo del mismo año.
El 31 de marzo Don Luis Morales Reyes, Arz. de San Luis visita
el obispado y se reúne con el colegio de Consultores y nos
hace saber que el Papa lo nombró Administrador Apostólico
para la Diócesis de Matehuala hasta que tome posesión el
nuevo Obispo. Nos hace ver que estamos en un tiempo de gracia,
de oración, de reflexión, de consolidación en los pasos
que llevamos del Plan Diocesano.
El 29 de julio la Diócesis celebra su 9° aniversario de una
manera participativa y alegre.
El 9 de septiembre la Parroquia de Charcas celebra con mucho
gozo los 400 años de la donación de la Imagen del Nuestra
señora del Rosario y los 50 años de su coronación con la
presencia del Nuncio Apostólico.
Estudio del Presbiterio en el Realejo.
5 de octubre en la Peregrinación del Presbiterio y personal
que colabora en el Santuario de San Francisco de Asís, el
Sr. Arz. Don Luis Morales nos da la noticia oficial del
nombramiento del p. Lucas como segundo Obispo de Matehuala.
La Diócesis se prepara con alegría para recibir a su nuevo
Obispo el 14 de diciembre:
María Misionera
El Evangelio de Lucas, que hemos oído ahora, nos habla de "María,
que se encaminó presurosa a un pueblo de las montañas de
Judea" para encontrar a su prima Isabel y compartir
con ella la venida de Dios entre los hombres, como el Ángel
le había anunciado actualizando la profecía de Isaías: "El
Espíritu del Señor vendrá sobre ti. Por eso el niño que
va a nacer será llamado Hijo de Dios" (Lc. 1,35).
Pero este viaje de María es también anticipación y modelo de
otro grande viaje, que día tras día se prolongará durante
los siglos; es el camino misionero de la Iglesia
y de los cristianos. Como "el Señor Dios de Israel"
ha visitado en Jesús a su pueblo (Lc. L, 68) y María ha
visitado a santa Isabel, así la Iglesia continúa en el tiempo
a visitar al hombre, que necesita la salvación de Dios.
María, en su viaje, no está sola: con ella está presente, vive
el Señor, hecho carne. Lo mismo pasa con la Iglesia: es
siempre el Señor que envía, guía y acompaña a sus discípulos.
El día de la resurrección Jesús les asegurará que estará
siempre con ellos, todos los días, hasta el fin del mundo
(Mt. 28, 20) con su evangelio y con su cuerpo y su sangre
en la Eucaristía.
María se presenta ante nuestros ojos como una verdadera
misionera: ella había recibido el anuncio del Ángel
y le había contestado con fe: "Yo soy la esclava del
Señor; que Dios haga conmigo como me has dicho" (Lc.
1, 38). Esta fe empuja a María a visitar a Isabel. Y es
esta misma fe que inspira a Isabel, iluminada por el Espíritu
Santo, a proclamar a Maria dichosa porque ha creído y en
ella se cumplirá la promesa que el Ángel le anuncia.
Hoy también nuestra misión es manifestar a Jesús, que ha venido
"para dar luz a los que viven en la oscuridad y a dirigir
nuestros pasos por el camino de la paz" (Lc. 1,79).
La misión es esto: comunicar, dar a Jesús, verdadero Dios
y verdadero hombre, Hijo del Padre e Hijo de la Virgen,
Salvador Único y universal, como proclamamos en el Credo.
La visita de la Virgen a santa Isabel, con el cántico del magníficat
pone de relieve que la fe es auténtica si la confesamos
con nuestros labios, la vivimos en nuestra vida y la anunciamos
a los demás. Cada uno de nosotros debería cantar, con la
Virgen, que "el Señor ha hecho grandes cosas en mí"
y que su misericordia llega de generación en generación
a todos los que lo temen. María nos indica la misión
del discípulo del Señor, quien, interpretando con su
fe el sentido profundo de los acontecimientos y de la presencia
de Dios en ellos, anuncia la redención y la llegada de su
reino entre los hombres.
María Evangelizadora
Cuando María fue presurosa a las montañas de Judea para ayudar
a su pruna Isabel, llevaba a Jesús en sus entrañas. Al verla,
Isabel percibió la bendición "de Dios y "exclamó
a grandes voces: "bendita tú entre las mujeres y bendito
el fruto de tu vientre" (Lc. 1,42). Siglos más tarde, María se encaminó a otra montaña: el Tepeyac,
en México. Dios se hizo peregrino en el Nuevo Mundo y se
presentó de manera especial a través de María para entrar
a nuestra historia latinoamericana.
El Cerro del Tepeyac tiene un sentido religioso más allá de
ser un lugar geográfico, igual que Galilea, Jerusalén y
Roma tiene un alto simbolismo religioso en los Evangelios.
La Virgen no eligió Tenochtitlán, la sede de los poderes
civil y religioso, sino que toma residencia entre los pobres
que vivían en la región del Tepeyac, engrandeciendo así
a los humildes, como expresa en su cántico del Magníficat.
María ratifica la existencia de un sólo Dios cuando América
estaba por nacer a la fe cristiana. Evangeliza al nuevo
pueblo con ternura materna, presentándose a Juan Diego,
"Yo soy la perfecta siempre Virgen santa María madre
del verdadero Dios por quien se vive". Y después, para
anunciar su misión, le enfatiza: "¿No estoy yo aquí
que soy tu madre? ¿no estas bajo mi sombra y resguardado?
¿no soy yo la fuente de tu alegría? María de Guadalupe es
la gran evangelizadora de Latinoamérica y emperatriz del
continente Americano.
El encuentro de las dos madres es en realidad el encuentro
de dos hijos. Juan inaugura su misión anunciando por boca
de su madre el señorío de Jesús, que manifiesta su mesianismo
y su profunda relación con Dios. La respuesta de María al
saludo de Isabel, que tradicionalmente conocemos con el
nombre latino de "Magníficat", es un salmo de
acción de gracias compuesto de citas del A. T., en el que
se canta la gratitud de María y la de todo el pueblo de
Dios por el cumplimiento de las promesas divinas. Lucas
subraya además en este canto un tema de su predilección:
Dios se apiada de los pobres y de los desprotegidos.
Hoy, nuestro mundo tiene necesidad de encontrar a cristianos
auténticos, enamorados del evangelio, que sepan anunciar
a sus hermanos a Jesús Salvador. El Primer anuncio que podemos
ofrecer es el testimonio de nuestra vida fiel al Evangelio.
Nuestra peregrinación a este lugar debe ayudamos a tomar conciencia
que nuestra aportación como cristianos a la construcción
de una sociedad más justa, mas pacífica, más solidaria,
depende de la calidad de nuestro compromiso, conforme a
la enseñanza del Evangelio y de la tradición de la Iglesia.
Nuestra peregrinación tendrá un sentido si es un punto de
partida para una vida cristiana nueva, personal y comunitaria.
Pidamos a la Virgen que nos ayude a ser discípulos fieles de
su Hijo Jesús y a descubrir cada vez más su presencia en
nuestra vida. Mirándonos con sus ojos maternales desde esta
imagen, nos repite lo que dijo a los meseros de las bodas
de Caná: "Hagan lo que Él les diga". Este es el
sentido profunda de nuestra peregrinación: recibir a Jesús
que la virgen nos ofrece para llevarlo en nuestra vida y
anunciarlo a los demás. |
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