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Homilía
pronunciada por
Mons. Octavio Villegas A., Obispo de Tula en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Tula a la Basílica de Guadalupe.

21 de enero de 2006


E
l Día de ayer quise dedicar un tiempo para escribir el mensaje que les daría hoy, en parte no tuve tiempo y en parte no me fluían las ideas, llego la noche y dije mejor es dormir y que la Santísima Virgen ponga en mi mente y en mi corazón, lo que ella quiera decirles valiéndose de mi a través de mi palabra.

Hoy venimos en peregrinación diocesana y es la peregrinación diocesana número 44 de la Diócesis de Tula y en esta peregrinación encontramos por una parte un signo de fe, el signo de fe de cada uno de nosotros que se manifiesta; en el cansancio del caminar, en  la dicha de llegar al termino de esta casa Santa, pero sobre todo se manifiesta en el amor con que lo hacemos.

Al llegar aquí salude por allá fuera a algunas personas y a una de ellas le preguntaba, ¿me dijeron que venían a pie? y le dije se cansaron, tienen ampollas y una me dijo si, pero eso no importa, lo que importa es esta expresión de fe y del amor de Dios que nos llenamos a través de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe.

Esta es la peregrinación diocesana pero por otra parte decía la vida es una peregrinación y tenemos la dicha los mexicanos de poder recorrer el peregrinar de nuestra vida, bajo la luz y bajo la fuerza de el Acontecimiento Guadalupano.

Dicen los teólogos y los investigadores que la Santísima Virgen María ha dejado un sello doble en nuestra patria, por una parte ella vino a unir en la fe, a dos pueblos, a dos razas y mas allá de pueblos y razas, vino a unir a los hijos de Dios en la unidad de la fe y si cada quien fuéramos a la experiencia de nuestra infancia y al desarrollo de nuestra vida.

Yo recuerdo que de pequeño me consagraron a la Santísima Virgen, que de pequeño con calzón blanco y guaraches y un guacal en la espalda y bigotes pintados los 12 de diciembre era la forma que había de expresar esa alegría de vernos unidos en la fe y ese es el sello que esta impreso en cada uno de nosotros, pero decía es un doble sello y el otro es somos una nación que a partir de la fe y de la tierra donde vivimos nos mantenemos en medio de las dificultades unidos.

Pero lo que quisiera resaltar en este día es precisamente la fe, la peregrinación de nuestra vida, no la podremos hacer si no estamos iluminados por la luz de la fe y si no sentimos  y creemos en el amor, esa es la fe que Dios nos dio.

Quiero dejar como les decía y lo pedía ayer a la Santísima Virgen, me voy a permitir compartir algo de la experiencia de mi fe y lo voy a reducir a tres momentos y tres momentos claves en mi vida sacerdotal que se iniciaron en este lugar;

El primero fue al día siguiente de mi ordenación sacerdotal, me ordenaron sacerdote un 5 de marzo de 1966 y por la noche viaje en autobús a los pies de la Santísima Virgen María de Guadalupe y aquí celebre mi primera misa y quise poner en manos de la Santísima Virgen María de Guadalupe mi vida y mi ministerio sacerdotal y hoy quiero darle gracias porque también 5 de marzo cumpliré 40 años en este peregrinar de vida sacerdotal y desde ese momento soy muy conciente y admiro y me cautiva la fe de María y ella es mi inspiración en la fe.

El segundo momento también tuvo lugar en este lugar, fue un 20 de abril de 1994, era yo párroco la víspera, me llamaron de la Nunciatura para proponerme venir de Obispo a Tula y lo acepte con miedos, con temores, con incertidumbres, pero siempre he tenido muy presente el Evangelio que acabamos de escuchar, Isabel le dice a María “Dichosa tú que has creído” y de verdad que creer en lo que Dios nos pide en nuestro peregrinar se pasa por momentos de dolor, pero eso es indispensable, pero se tiene la dicha de un Dios fiel que nunca nos engaña, que es veras, que nunca falla y tengo muy presente, ustedes pueden pensar o no se les ocurre el señor obispo se confesara, si mas o menos cada mes, pero ese día me confesé en aquellos confesionarios y la confesión es la reconciliación, la reconciliación en primer lugar con un Dios que me ama, la reconciliación con el amor que a puesto en mí y que pone en nosotros y que a veces somos infieles y la reconciliación con nuestros hermanos y así empecé desde hace casi 12 años esta etapa de mi peregrinar pastoral en la Diócesis de Tula y hoy doy gracias por esta segunda etapa también.

Y viene una tercera que providencialmente parte de este día y de este acontecimiento de la peregrinación diocesana, ustedes lo saben tengo un nuevo nombramiento voy como obispo auxiliar a Morelia y empieza una nueva etapa en mi vida y empieza una nueva etapa en mi peregrinar o un seguir peregrinando en otra etapa en vida diocesana de la Diócesis de Tula y en ese momento personalmente no ha habido la oportunidad de platicar pues con muchos de ustedes, con sacerdotes pero con los pocos que ha habido oportunidad se que fue una sorpresa, se que hay una incertidumbres y las preguntas que me hacen ¿Usted pidió irse?, ¿Por qué se va?, ¿Por qué lo rebajan, si usted es el obispo creíamos que se iba a quedar aquí?

Yo no tengo otra respuesta más que decir que nunca he dicho que no a lo que Dios me va pidiendo y eso si lo digo ciertamente no me envían, no me mandan de obispo auxiliar, me consultaron me dijeron; que si estaba dispuesto y yo dije que si, y al principio les decía que llevamos una marca en la unidad de nuestra fe y yo he querido pues en estos momentos de mi peregrinar, en las diferentes etapas buscar lo que Dios me va pidiendo y quiero poner en manos de la Santísima Virgen María ese futuro de la vida diocesana y el futuro de mi vida pastoral con mucha esperanza y en parte doy gracias a Dios que  se de mi cambio después de haber terminado la visita pastoral, porque pude conocer muy de cerca, quizás no completamente pero si muy de cerca el momento histórico de fe y de trabajo que vivimos en la diócesis.

Me pidieron una carta en donde yo manifestara mi disposición al nuevo servicio yo empecé esa carta diciendo; dirigida al Nuncio Apostólico usted sabe porque yo se lo había platicado con anterioridad en que momento se encuentra la Diócesis de Tula hemos vivido un sínodo, una visita pastoral, estamos por terminar un  nuevo plan de estudio pastoral y le decía usted sabe que se encuentra en un momento de estabilidad se esta dando un paso de madurez y considero que esto y mi nuevo nombramiento, mi nuevo cambio creara mayor responsabilidad para seguir peregrinando y de mi parte, se los voy a confesar sobre todo en este año de momento sentía que me faltaban fuerzas, que me faltaba energía y considero providencial lo que ha sucedido porque estoy en la disposición de renovar lo que es la misión y entrega al servicio de Dios y de su iglesia, me han preguntado;

¿Qué siente? y como no soy de palo si siento, siento la separación, siento el dolor, pero también siento una serena alegría y me consuela mucho, mucho el que me hallan pedido que continué al frente de la Diócesis hasta que el nuevo obispo tome posesión de la misma y antes de entrar aquí se acerco una persona y me dijo se nos va y así un momentito que otra persona me había regalado este llavero que por un lado tiene la imagen del Papa Juan Pablo II y por otra dice “me voy pero no me voy”.

Porque vamos en el mismo barco, los llevo en mi corazón y cada vez estaré visitándolos y quiero terminar, discúlpenme que pues allá compartido lo que hay en mi vida y quiero terminar con las mismas palabras que me dirigí al obispo con el que voy a colaborar y le decía; “voy en una actitud de iniciar una nueva etapa en mi vida, pero ahora como tu sirineo ayudándote a cargar la cruz y mi actitud, creo que siempre ha sido, con estas palabras con las que termino en Tula viví con la misma actitud y a Morelia voy en esa misma actitud, quiero servir amando y quiero amar sirviendo” 

 
 
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