El Día de ayer quise dedicar un tiempo para escribir el mensaje
que les daría hoy, en parte no tuve tiempo y en parte no me fluían las
ideas, llego la noche y dije mejor es dormir y que la Santísima Virgen
ponga en mi mente y en mi corazón, lo que ella quiera decirles valiéndose
de mi a través de mi palabra.
Hoy venimos en peregrinación diocesana y es la peregrinación
diocesana número 44 de la Diócesis de Tula y en esta peregrinación
encontramos por una parte un signo de fe, el signo de fe de cada uno
de nosotros que se manifiesta; en el cansancio del caminar, en la
dicha de llegar al termino de esta casa Santa, pero sobre todo se
manifiesta en el amor con que lo hacemos.
Al llegar aquí salude por allá fuera a algunas personas y a
una de ellas le preguntaba, ¿me dijeron que venían a pie? y le dije
se cansaron, tienen ampollas y una me dijo si, pero eso no importa,
lo que importa es esta expresión de fe y del amor de Dios que nos
llenamos a través de Nuestra Madre Santísima de Guadalupe.
Esta es la peregrinación diocesana pero por otra parte decía
la vida es una peregrinación y tenemos la dicha los mexicanos de poder
recorrer el peregrinar de nuestra vida, bajo la luz y bajo la fuerza
de el Acontecimiento Guadalupano.
Dicen los teólogos y los investigadores que la Santísima Virgen
María ha dejado un sello doble en nuestra patria, por una parte ella
vino a unir en la fe, a dos pueblos, a dos razas y mas allá de pueblos
y razas, vino a unir a los hijos de Dios en la unidad de la fe y si
cada quien fuéramos a la experiencia de nuestra infancia y al desarrollo
de nuestra vida.
Yo recuerdo que de pequeño me consagraron a la Santísima Virgen,
que de pequeño con calzón blanco y guaraches y un guacal en la espalda
y bigotes pintados los 12 de diciembre era la forma que había de expresar
esa alegría de vernos unidos en la fe y ese es el sello que esta impreso
en cada uno de nosotros, pero decía es un doble sello y el otro es
somos una nación que a partir de la fe y de la tierra donde vivimos
nos mantenemos en medio de las dificultades unidos.
Pero lo que quisiera resaltar en este día es precisamente la fe, la
peregrinación de nuestra vida, no la podremos hacer si no estamos
iluminados por la luz de la fe y si no sentimos y creemos en el amor,
esa es la fe que Dios nos dio.
Quiero dejar como les decía y lo pedía ayer a la Santísima
Virgen, me voy a permitir compartir algo de la experiencia de mi fe
y lo voy a reducir a tres momentos y tres momentos claves en mi vida
sacerdotal que se iniciaron en este lugar;
El primero fue al día siguiente de mi ordenación sacerdotal,
me ordenaron sacerdote un 5 de marzo de 1966 y por la noche viaje
en autobús a los pies de la Santísima Virgen María de Guadalupe y
aquí celebre mi primera misa y quise poner en manos de la Santísima
Virgen María de Guadalupe mi vida y mi ministerio sacerdotal y hoy
quiero darle gracias porque también 5 de marzo cumpliré 40 años en
este peregrinar de vida sacerdotal y desde ese momento soy muy conciente
y admiro y me cautiva la fe de María y ella es mi inspiración en la
fe.
El segundo momento también tuvo lugar en este lugar, fue un
20 de abril de 1994, era yo párroco la víspera, me llamaron de la
Nunciatura para proponerme venir de Obispo a Tula y lo acepte con
miedos, con temores, con incertidumbres, pero siempre he tenido muy
presente el Evangelio que acabamos de escuchar, Isabel le dice a María
“Dichosa tú que has creído” y de verdad que creer en lo que Dios nos
pide en nuestro peregrinar se pasa por momentos de dolor, pero eso
es indispensable, pero se tiene la dicha de un Dios fiel que nunca
nos engaña, que es veras, que nunca falla y tengo muy presente, ustedes
pueden pensar o no se les ocurre el señor obispo se confesara, si
mas o menos cada mes, pero ese día me confesé en aquellos confesionarios
y la confesión es la reconciliación, la reconciliación en primer lugar
con un Dios que me ama, la reconciliación con el amor que a puesto
en mí y que pone en nosotros y que a veces somos infieles y la reconciliación
con nuestros hermanos y así empecé desde hace casi 12 años esta etapa
de mi peregrinar pastoral en la Diócesis de Tula y hoy doy gracias
por esta segunda etapa también.
Y viene una tercera que providencialmente parte de este día
y de este acontecimiento de la peregrinación diocesana, ustedes lo
saben tengo un nuevo nombramiento voy como obispo auxiliar a Morelia
y empieza una nueva etapa en mi vida y empieza una nueva etapa en
mi peregrinar o un seguir peregrinando en otra etapa en vida diocesana
de la Diócesis de Tula y en ese momento personalmente no ha habido
la oportunidad de platicar pues con muchos de ustedes, con sacerdotes
pero con los pocos que ha habido oportunidad se que fue una sorpresa,
se que hay una incertidumbres y las preguntas que me hacen ¿Usted
pidió irse?, ¿Por qué se va?, ¿Por qué lo rebajan, si usted es el
obispo creíamos que se iba a quedar aquí?
Yo no tengo otra respuesta más que decir que nunca he dicho
que no a lo que Dios me va pidiendo y eso si lo digo ciertamente no
me envían, no me mandan de obispo auxiliar, me consultaron me dijeron;
que si estaba dispuesto y yo dije que si, y al principio les decía
que llevamos una marca en la unidad de nuestra fe y yo he querido
pues en estos momentos de mi peregrinar, en las diferentes etapas
buscar lo que Dios me va pidiendo y quiero poner en manos de la Santísima
Virgen María ese futuro de la vida diocesana y el futuro de mi vida
pastoral con mucha esperanza y en parte doy gracias a Dios que se
de mi cambio después de haber terminado la visita pastoral, porque
pude conocer muy de cerca, quizás no completamente pero si muy de
cerca el momento histórico de fe y de trabajo que vivimos en la diócesis.
Me pidieron una carta en donde yo manifestara mi disposición
al nuevo servicio yo empecé esa carta diciendo; dirigida al Nuncio
Apostólico usted sabe porque yo se lo había platicado con anterioridad
en que momento se encuentra la Diócesis de Tula hemos vivido un sínodo,
una visita pastoral, estamos por terminar un nuevo plan de estudio
pastoral y le decía usted sabe que se encuentra en un momento de estabilidad
se esta dando un paso de madurez y considero que esto y mi nuevo nombramiento,
mi nuevo cambio creara mayor responsabilidad para seguir peregrinando
y de mi parte, se los voy a confesar sobre todo en este año de momento
sentía que me faltaban fuerzas, que me faltaba energía y considero
providencial lo que ha sucedido porque estoy en la disposición de
renovar lo que es la misión y entrega al servicio de Dios y de su
iglesia, me han preguntado;
¿Qué siente? y como no soy de palo si siento, siento la separación,
siento el dolor, pero también siento una serena alegría y me consuela
mucho, mucho el que me hallan pedido que continué al frente de la
Diócesis hasta que el nuevo obispo tome posesión de la misma y antes
de entrar aquí se acerco una persona y me dijo se nos va y así un
momentito que otra persona me había regalado este llavero que por
un lado tiene la imagen del Papa Juan Pablo II y por otra dice “me
voy pero no me voy”.
Porque vamos en el mismo barco, los llevo en mi corazón y cada
vez estaré visitándolos y quiero terminar, discúlpenme que pues allá
compartido lo que hay en mi vida y quiero terminar con las mismas
palabras que me dirigí al obispo con el que voy a colaborar y le decía;
“voy en una actitud de iniciar una nueva etapa en mi vida, pero ahora
como tu sirineo ayudándote a cargar la cruz y mi actitud, creo que
siempre ha sido, con estas palabras con las que termino en Tula viví
con la misma actitud y a Morelia voy en esa misma actitud, quiero
servir amando y quiero amar sirviendo”