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Homilía
pronunciada por
Mons. Hipólito Reyes Larios, Obispo de Orizaba y Administrador Apostólico de la Diócesis de Veracruz, en ocasión de la peregrinación de la Diócesis de Veracruz a la Basílica de Guadalupe.

16 de mayo de 2006

Muy queridos hermanos y hermanas, los laicos, religiosas, diáconos y sacerdotes, procedentes de los municipios y decanatos, que integramos el. Pueblo de Dios que peregrina en la querida Diócesis de Veracruz, nos encontramos hoy, como el Beato Juan Diego, el más pequeño de sus hijos, a los pies de nuestra santísima Madre de Guadalupe.

"La siempre Virgen Santa María, Madre del verdadero Dios por quien se vive".

Al realizar esta peregrinación desde Veracruz, nos unimos a la motivación que el Beato Rafael Guízar Valencia, cuya inminente canonización esperamos con inmensa alegría dentro de pocos meses, expresó en un Decreto del 8 de septiembre de 1920, para iniciar las peregrinaciones de la entonces Diócesis de Veracruz a la Basílica de Guadalupe en esta ciudad de México y que dice así:

"Uno de los más nobles sentimientos que hermosean el corazón de las personas es la gratitud que en él se desarrolla al influjo del amor y de los beneficios recibidos: por lo cual, a medida que aumentan los favores y se multiplican los afectos, crece la gratitud en nuestra alma como crecen y se desarrollan las plantas y las flores mediante la savia que reciben de la tierra".

Desde luego que al hablar de los grandes favores recibidos, se refería al inmenso amor que Santa María de Guadalupe ha prodigado a nuestra Iglesia mexicana y, de manera más particular, a la Iglesia de Veracruz  que en ese tiempo contaba con una sola Diócesis y actualmente alberga ocho Iglesias diocesanas.    

Hemos venido en peregrinación, movidos por el Espíritu Santo que está sobre nosotros, para alabar al "Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo", y para recibir en este hermoso y entrañable Santuario el amor, compasión, auxilio y defensa de la "Madre del amor, del temor y de la santa esperanza".

Le venimos a pedir que escuche nuestros lamentos y remedie nuestras miserias, penas y dolores, pero también le encomendamos que entregue a la Santísima Trinidad.

Nuestra sentida acción de gracias por el reciente regalo que Dios nos ha hecho en la persona de nuestro nuevo Obispo electo Don Luis Felipe Gallardo Martín del Campo, a quien tendremos el gusto de recibir en Veracruz el próximo 7 de julio para su toma de posesión canónica de nuestra querida Iglesia diocesana.

Hemos venido también para ofrecerle a Santa María de Guadalupe nuestra profunda gratitud por la beatificación del P. Ángel Darío Acosta Zurita y compañeros mártires, realizada el 20 de noviembre del pasado año 2005 en la ciudad de Guadalajara.

Nos llena de fervor que nuestra Catedral y toda nuestra Diócesis hayan sido fecundadas con la sangre de nuestro mártir el P. Ángel Darío, pues bien sabemos que la sangre de los mártires ha sido y será semilla de nuevos cristianos, como afirma la antigua frase de Tertuliano.

Estamos aquí ante la Morenita del Tepeyac después de que han transcurrido poco más de cinco meses del fallecimiento de nuestro recordado Obispo don Luis Gabriel Cuara Méndez, que de Dios goce.

Hoy le pedimos a Santa María de Guadalupe que continúe acompañando la historia de salvación de nuestra querida Iglesia diocesana de Veracruz a través de la conducción pastoral de nuestro nuevo Obispo Luis Felipe Gallardo para que, movidos por la gracia del Señor, que conduce nuestra vida e ilumina nuestro quehacer pastoral, nos permita dar testimonio de la presencia de Jesús Resucitado en los ambientes diversos de nuestra Diócesis.

También le pedimos que las directrices de nuestro Sínodo Diocesano se concreticen en todas nuestras pastorales para honra de la memoria del Señor Obispo Luis Gabriel Cuara, para satisfacción de nuestro querido Obispo Emérito Don José Guadalupe Padilla, para beneplácito de quienes participaron como sinodales y, principalmente, para la mayor gloria de Dios y para la nueva Evangelización de nuestra muy amada Diócesis de Veracruz.

Finalmente, queridos hermanos y hermanas, les recuerdo que en este año 2006 estamos en un proceso electoral muy importante para el destino de nuestra querida patria mexicana.

Les ruego que encomendemos a la intercesión eficaz de Santa María de Guadalupe el bien de México y de Veracruz, que cumplamos nuestro deber cívico de votar por los mejores candidatos, tanto a la presidencia de la República como a los cargos de senadores y diputados.

Exijamos a nuestros gobernantes la realización constante, eficaz e inteligente del bien común y de la solidaridad.

 
 
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