"¡El Señor es nuestro Dios y nosotros
somos su pueblo!"
Esta exclamación que hemos proclamado en el salmo responsorial,
se manifiesta en esta celebración de fe aquí en el Tepeyac, ante
esta bendita imagen de nuestra madre santísima de Guadalupe.
Ante ella venimos para reconocemos pueblo, es ella la que ha forjado
históricamente nuestra patria, es ella la que nos ha hecho reconocemos
hijos de Dios, hijos de un mismo Padre, la que nos quiere reunidos
como hermanos.
Ha sido su imagen bendita la que desde los primeros tiempos
de nuestra Patria ayudó a que se fortaleciera la fe y aumentara
el número de los creyentes, como lo hizo la predicación de los
apóstoles en los tiempos de las primeras comunidades cristianas
según nos describen hoy el libro de los Hechos.
Ha sido su imagen morena el rostro materno del Dios de Jesucristo
que nos ha mostrado su incomparable amor y toda su ternura para
animamos, para fortalecemos, para decimos que no estamos solos.
"No estoy yo aquí que soy tu madre" "No estas acaso
bajo mi cuidado" Esas palabras dirigidas con tanto cariño
al indio Juan Diego han sido y siguen siendo un bálsamo ante los
dolores y sufrimientos de todos y cada uno de sus hijos, sobre
todo ante el sufrimiento y el dolor de los más pobres.
Por eso venimos hoy llenos de confianza como pueblo cristiano,
como pueblo oaxaqueño trayendo nuestra vida, trayendo nuestras
esperanzas y preocupaciones, trayendo nuestras penas y nuestras
ilusiones, ante su imagen sagrada porque necesitamos fortalecer
nuestra fe, animar nuestra esperanza, y encender el verdadero
amor. Porque necesitamos continuar el camino de la vida con confianza
a pesar de las dificultades, con ánimo a pesar de los temores,
con entrega generosa a pesar de tantos egoísmos.
Aquí estamos como pueblo oaxaqueño, aquí estamos sus hijos
y llenos de confianza podemos decide: Madre, tu conoces las inquietudes
de nuestro corazón, tú sabes que hay en el interior de cada uno
de nosotros, tu sabes que nuestro corazón quiere hacer el bien,
pero que muchas veces nos hemos ido por el camino equivocado,
del vicio del alcohol de la droga; muchas veces hemos buscado
el placer para llenar el vacío del corazón; tu nos conoces madre
y sabes cuantas veces nos hemos dañado a nosotros mismos dejando
entrar el odio en nuestro corazón y cuantas veces hemos dañado
también a los demás.
Tú sabes que nos hemos olvidado de tu hijo Jesucristo, nos llamamos
cristianos pero desconocemos su palabra, sus mandatos no cuentan
en nuestras acciones, nos hemos apartado de su amor. Pero aquí
estamos porque te amamos y queremos que tu amor nos ayude a vivir
de una manera diferente. Queremos renovar nuestra vida personal.
Aquí estamos Madre y con nosotros vienen también cada uno de
nuestros familiares, algunos vienen personalmente otros en nuestro
corazón, pues en el corazón traemos a todos los que amamos, a
todos aquellos que debemos cuidar. Tú sabes cuales son las preocupaciones
de nuestras familias: que crezca cada día más el amor fiel y sincero
entre los esposos para que ese amor ayude a los hijos a madurar
como seres humanos y les ayude a realizar el bien a los demás.
Haz que cada día podamos comunicamos más y mejor entre nosotros
para que ningún miembro de la familia se sienta solo o aislado;
que los jóvenes encuentren en el diálogo y la comunicación con
sus padres la seguridad y el amor comprensivo que necesitan en
esa etapa de la vida; que los ancianos de la familia sientan la
compañía y el cariño agradecido de los que les rodean; que no
haya niños ni adolescentes abandonados, desprotegidos ante el
acoso sexual o del narcotráfico.
Madre cada una de estas familias oaxaqueñas es tu familia,
enséñanos a conocer, a amar, a seguir a Jesucristo. Que en cada
familia se crezca cada día en el conocimiento de Jesús tu hijo,
sólo el puede señalamos el camino correcto, sólo él puede hacemos
conocer la verdad en medio de tanta mentira, sólo él puede ofrecer
a cada uno de los miembros de nuestra familia el sentido verdadero
de la vida, sin El perdemos el rumbo de la existencia.
Somos tu pueblo madre, somos mexicanos, como tú lo eres, somos
oaxaqueños y tú también lo eres. Tú sabes también cuantas necesidades
tenemos en nuestro Estado. Somos uno de los estados más pobres
y más abandonados del país, en él, siguen viviendo muchos Juan
Diegos de las distintas etnias que hacen de Oaxaca un Estado pluricultural.
Ellos experimentan ahora de la agresión cultural que se impone
deteriorando el valor y el respeto a la vida en los pueblos indígenas;
a esto se añade la pobreza económica, la marginación social, la
corrupción, el atraso educativo, los enfrentamientos y la violencia
que por años han ido marcando la vida de comunidades. Muchos de
tus hijos tienen que salir, de su tierra para ganarse la vida.
Ayúdanos queremos poner en tus manos nuestras preocupaciones.
Necesitamos estar unidos para salir adelante, para superar las
dificultades, para vencer la marginación, la corrupción, la pobreza,
ayúdanos a sentimos hermanos y a superar nuestras divisiones para
que todos participemos en la construcción de una sociedad más
humana y más fraterna; haz que entendamos que sin solidaridad,
el egoísmo nos destruye y nos enfrenta; danos capacidad para superar
los conflictos que paralizan nuestra sociedad. Necesitamos avanzar
no podemos quedamos estancados.
Pero sobre todo Madre Santísima de Guadalupe, tú que tomaste
color y lengua indígena, tu que valoraste la cultura de
estos pueblos, ayúdanos para que los valores que están en el corazón
de las culturas de nuestros pueblos indígenas de Oaxaca no sean
destrozados por la influencia de la corriente neoliberal impuesta
desde el Imperio, pues esta corriente en su afán de modernidad
y bienestar ve la vida humana solamente como producto del que
se puede prescindir en cualquier momento ya sea matando al niño
en el vientre de la madre, ya sea eliminando al anciano o al enfermo
que se convierte en una carga emocional o económica, haz que busquemos
las formas de exterminar la pobreza y la injusticia, que no entre
en nuestra mente o en nuestro corazón la idea de que exterminando
a los pobres, a los débiles o a los indígenas nos convertimos
en una sociedad más justa y más avanzada.
Virgen Santísima queremos que Oaxaca se transforme; Tú sabes
que necesitamos un verdadero desarrollo económico, político, cultural
que sólo se puede lograr con la participación responsable de todos;
tu sabes Madre, que sólo cuando superemos el egoísmo que nos hacen
exigir sólo nuestro bien para garantizar exclusivamente nuestros
derechos; solo cuando veamos más allá de nuestros intereses de
grupo o de sector y cada uno de nosotros asumimos la parte de
responsabilidad que nos toca; sólo si somos capaces de damos la
mano para trabajar preferentemente por quienes han tenido menos
oportunidades que nosotros, sólo entonces será verdad que nos
sentimos verdaderamente hermanos de todos, especialmente de aquellos
que por años y años han estado abandonados.
Virgen de Guadalupe, madre nuestra aquí estamos, somos tus
hijos, somos tu pueblo, cúbrenos con tu manto, cúbrenos con el
manto del Evangelio de Jesucristo tu Hijo, para que no tengamos
ningún temor ante las dificultades, ante los mismos odios y la
persecución que el cristiano debe enfrentar por la fidelidad al
Evangelio; cúbrenos con tu manto para que experimentando el amor,
conozcamos verdaderamente a Dios, para que el amor de Dios llene
nuestra vida, para que ningún egoísmo, ningún odio se anide en
nuestro corazón; cúbrenos con tu manto para que podamos mantener
la unidad, la unidad como oaxaqueños, la unidad como Iglesia esa
unidad que es fruto del conocimiento de tu Hijo Jesús.
Queremos vivir verdaderamente nuestra fe cristiana con nuestras
obras de cada día en el ambiente donde vivimos. Queremos alimentar
la fe con el conocimiento de la Palabra de Dios y la participación
en los sacramentos, especialmente en la misa de cada domingo.
Que el amor que hoy te manifestamos en esta peregrinación nos
haga regresar a nuestros hogares llenos de gozo y de esperanza
para que seamos testigos del amor de Dios. Haz que cada uno de
nosotros seamos luces encendidas en el fuego del Espíritu para
que encendamos el fuego del amor en todos los que nos rodean.
Bendice a la Iglesia Latinoamericana que en estos días se reúne
para atender como discípula, la voz de Dios en la Palabra y en
la realidad que se vive hoy; para impulsar su entusiasmo misionero.
Que nuestra Iglesia de Oaxaca y cada uno de nosotros renovemos
ante tu imagen el compromiso misionero que pide Jesús a sus discípulos
y que tú realizas cada día entre nosotros. Aquí estamos los oaxaqueños
Madre nuestra cúbrenos con tu manto.
Amén. |
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