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Homilía
pronunciada por Mons. Oscar Armando Campos Contreras, Obispo Auxiliar de Antequera, Oaxaca,
en la peregrinación de la Arquidiócesis de Oaxaca, en la Basílica de Guadalupe.

12 de mayo de 2007

"¡El Señor es nuestro Dios y nosotros somos su pueblo!"

Esta exclamación que hemos proclamado en el salmo responsorial, se manifiesta en esta celebración de fe aquí en el Tepeyac, ante esta bendita imagen de nuestra madre santísima de Guadalupe.

Ante ella venimos para reconocemos pueblo, es ella la que ha forjado históricamente nuestra patria, es ella la que nos ha hecho reconocemos hijos de Dios, hijos de un mismo Padre, la que nos quiere reunidos como hermanos.

Ha sido su imagen bendita la que desde los primeros tiempos de nuestra Patria ayudó a que se fortaleciera la fe y aumentara el número de los creyentes, como lo hizo la predicación de los apóstoles en los tiempos de las primeras comunidades cristianas según nos describen hoy el libro de los Hechos.

Ha sido su imagen morena el rostro materno del Dios de Jesucristo que nos ha mostrado su incomparable amor y toda su ternura para animamos, para fortalecemos, para decimos que no estamos solos. "No estoy yo aquí que soy tu madre" "No estas acaso bajo mi cuidado" Esas palabras dirigidas con tanto cariño al indio Juan Diego han sido y siguen siendo un bálsamo ante los dolores y sufrimientos de todos y cada uno de sus hijos, sobre todo ante el sufrimiento y el dolor de los más pobres.

Por eso venimos hoy llenos de confianza como pueblo cristiano, como pueblo oaxaqueño trayendo nuestra vida, trayendo nuestras esperanzas y preocupaciones, trayendo nuestras penas y nuestras ilusiones, ante su imagen sagrada porque necesitamos fortalecer nuestra fe, animar nuestra esperanza, y encender el verdadero amor. Porque necesitamos continuar el camino de la vida con confianza a pesar de las dificultades, con ánimo a pesar de los temores, con entrega generosa a pesar de tantos egoísmos.

Aquí estamos como pueblo oaxaqueño, aquí estamos sus hijos y llenos de confianza podemos decide: Madre, tu conoces las inquietudes de nuestro corazón, tú sabes que hay en el interior de cada uno de nosotros, tu sabes que nuestro corazón quiere hacer el bien, pero que muchas veces nos hemos ido por el camino equivocado, del vicio del alcohol de la droga; muchas veces hemos buscado el placer para llenar el vacío del corazón; tu nos conoces madre y sabes cuantas veces nos hemos dañado a nosotros mismos dejando entrar el odio en nuestro corazón y cuantas veces hemos dañado también a los demás.

Tú sabes que nos hemos olvidado de tu hijo Jesucristo, nos llamamos cristianos pero desconocemos su palabra, sus mandatos no cuentan en nuestras acciones, nos hemos apartado de su amor. Pero aquí estamos porque te amamos y queremos que tu amor nos ayude a vivir de una manera diferente. Queremos renovar nuestra vida personal.

Aquí estamos Madre y con nosotros vienen también cada uno de nuestros familiares, algunos vienen personalmente otros en nuestro corazón, pues en el corazón traemos a todos los que amamos, a todos aquellos que debemos cuidar. Tú sabes cuales son las preocupaciones de nuestras familias: que crezca cada día más el amor fiel y sincero entre los esposos para que ese amor ayude a los hijos a madurar como seres humanos y les ayude a realizar el bien a los demás.

Haz que cada día podamos comunicamos más y mejor entre nosotros para que ningún miembro de la familia se sienta solo o aislado; que los jóvenes encuentren en el diálogo y la comunicación con sus padres la seguridad y el amor comprensivo que necesitan en esa etapa de la vida; que los ancianos de la familia sientan la compañía y el cariño agradecido de los que les rodean; que no haya niños ni adolescentes abandonados, desprotegidos ante el acoso sexual o del narcotráfico.

Madre cada una de estas familias oaxaqueñas es tu familia, enséñanos a conocer, a amar, a seguir a Jesucristo. Que en cada familia se crezca cada día en el conocimiento de Jesús tu hijo, sólo el puede señalamos el camino correcto, sólo él puede hacemos conocer la verdad en medio de tanta mentira, sólo él puede ofrecer a cada uno de los miembros de nuestra familia el sentido verdadero de la vida, sin El perdemos el rumbo de la existencia.

Somos tu pueblo madre, somos mexicanos, como tú lo eres, somos oaxaqueños y tú también lo eres. Tú sabes también cuantas necesidades tenemos en nuestro Estado. Somos uno de los estados más pobres y más abandonados del país, en él, siguen viviendo muchos Juan Diegos de las distintas etnias que hacen de Oaxaca un Estado pluricultural.

Ellos experimentan ahora de la agresión cultural que se impone deteriorando el valor y el respeto a la vida en los pueblos indígenas; a esto se añade la pobreza económica, la marginación social, la corrupción, el atraso educativo, los enfrentamientos y la violencia que por años han ido marcando la vida de comunidades. Muchos de tus hijos tienen que salir, de su tierra para ganarse la vida.

Ayúdanos queremos poner en tus manos nuestras preocupaciones. Necesitamos estar unidos para salir adelante, para superar las dificultades, para vencer la marginación, la corrupción, la pobreza, ayúdanos a sentimos hermanos y a superar nuestras divisiones para que todos participemos en la construcción de una sociedad más humana y más fraterna; haz que entendamos que sin solidaridad, el egoísmo nos destruye y nos enfrenta; danos capacidad para superar los conflictos que paralizan nuestra sociedad. Necesitamos avanzar no podemos quedamos estancados.

Pero sobre todo Madre Santísima de Guadalupe, tú que tomaste color y lengua indígena, tu que valoraste la cultura de estos pueblos, ayúdanos para que los valores que están en el corazón de las culturas de nuestros pueblos indígenas de Oaxaca no sean destrozados por la influencia de la corriente neoliberal impuesta desde el Imperio, pues esta corriente en su afán de modernidad y bienestar ve la vida humana solamente como producto del que se puede prescindir en cualquier momento ya sea matando al niño en el vientre de la madre, ya sea eliminando al anciano o al enfermo que se convierte en una carga emocional o económica, haz que busquemos las formas de exterminar la pobreza y la injusticia, que no entre en nuestra mente o en nuestro corazón la idea de que exterminando a los pobres, a los débiles o a los indígenas nos convertimos en una sociedad más justa y más avanzada.

Virgen Santísima queremos que Oaxaca se transforme; Tú sabes que necesitamos un verdadero desarrollo económico, político, cultural que sólo se puede lograr con la participación responsable de todos; tu sabes Madre, que sólo cuando superemos el egoísmo que nos hacen exigir sólo nuestro bien para garantizar exclusivamente nuestros derechos; solo cuando veamos más allá de nuestros intereses de grupo o de sector y cada uno de nosotros asumimos la parte de responsabilidad que nos toca; sólo si somos capaces de damos la mano para trabajar preferentemente por quienes han tenido menos oportunidades que nosotros, sólo entonces será verdad que nos sentimos verdaderamente hermanos de todos, especialmente de aquellos que por años y años han estado abandonados.

Virgen de Guadalupe, madre nuestra aquí estamos, somos tus hijos, somos tu pueblo, cúbrenos con tu manto, cúbrenos con el manto del Evangelio de Jesucristo tu Hijo, para que no tengamos ningún temor ante las dificultades, ante los mismos odios y la persecución que el cristiano debe enfrentar por la fidelidad al Evangelio; cúbrenos con tu manto para que experimentando el amor, conozcamos verdaderamente a Dios, para que el amor de Dios llene nuestra vida, para que ningún egoísmo, ningún odio se anide en nuestro corazón; cúbrenos con tu manto para que podamos mantener la unidad, la unidad como oaxaqueños, la unidad como Iglesia esa unidad que es fruto del conocimiento de tu Hijo Jesús.

Queremos vivir verdaderamente nuestra fe cristiana con nuestras obras de cada día en el ambiente donde vivimos. Queremos alimentar la fe con el conocimiento de la Palabra de Dios y la participación en los sacramentos, especialmente en la misa de cada domingo.

Que el amor que hoy te manifestamos en esta peregrinación nos haga regresar a nuestros hogares llenos de gozo y de esperanza para que seamos testigos del amor de Dios. Haz que cada uno de nosotros seamos luces encendidas en el fuego del Espíritu para que encendamos el fuego del amor en todos los que nos rodean.

Bendice a la Iglesia Latinoamericana que en estos días se reúne para atender como discípula, la voz de Dios en la Palabra y en la realidad que se vive hoy; para impulsar su entusiasmo misionero.

Que nuestra Iglesia de Oaxaca y cada uno de nosotros renovemos ante tu imagen el compromiso misionero que pide Jesús a sus discípulos y que tú realizas cada día entre nosotros. Aquí estamos los oaxaqueños Madre nuestra cúbrenos con tu manto.

Amén.

 
 
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