Al celebrar hoy la Solemnidad de Pentecostés,
aquí en la Casa de la Madre tenemos la oportunidad, también
en el contexto de la celebración de la V Conferencia Episcopal
Latinoamericana, tenemos la oportunidad de reflexionar, y en eso
los invito, en los dos puntos importantes de preparación
a dicha conferencia, me refiero al discipulado y a la misión,
y en ello quisiera invitarlos a todos ustedes que pensáramos
en este momento que todos hemos sido llamados por el Señor.
Es importante que cada uno de nosotros tome conciencia de ese
llamado que Dios nos ha hecho a cada uno de nosotros, precisamente
para que nos alegremos de que somos discípulos del Señor.
Puedo contarles; como a mí el Señor me llamó,
siendo del campo, por medio de unas religiosas que me invitaron
a entrar al seminario, la invitación a ser sacerdote, pero
fue mi párroco el que claramente me dijo: te invito
al preseminario y complementando estas mediaciones en mi preseminario
quienes nos dieron las reflexiones fue el primer Obispo de la
Arquidiócesis de Tuxtla en ese momento José Trinidad
Sepúlveda y su Obispo Auxiliar también en ese momento
que era Mons. Felipe Aguirre Franco, de tal manera que a los siete
días de la experiencia, yo emocionado le decía al
Señor; aquí estoy, con las palabras de Samuel: “Aquí
estoy Señor porque me llamaste”.
Si cada uno de nosotros tomáramos conciencia de en qué
momento el Señor nos tocó, en qué momento
el Señor nos llamó, sería muy grande y un
testimonio muy importante para nosotros y para animarnos como
discípulos del Señor, porque algunos dirán:
bueno, ahora que fue llamado y fue elegido obispo; y pensaran
cuando fue, en qué momento, y yo, reflexionando hermanos,
digo; fue desde que a estas hermanas religiosas me hicieron la
invitación, fue cuando mi párroco me invitó
al preseminario, fue cuando el señor obispo, los señores
obispos me hicieron sentir la necesidad de evangelizar.
Bien, cada uno de nosotros tiene su propia historia, y lo invito
que delante de la Madre lo reflexionemos, porque yo puedo decir;
que nuestro seminario de la Arquidiócesis de Tuxtla, se
llama Santa María de Guadalupe, y ahí precisamente
la Madre, está siempre presente también en nuestro
caminar vocacional.
Pero también, los invito a que consideremos el otro
aspecto que es importante; la misión. Ciertamente el Señor
nos ha llamado, pero nos ha llamado a una tarea importante, que
es la obra de Jesús, en la cual nosotros como Iglesia,
debemos sentirnos responsables y corresponsales de esta tarea.
El Papa Juan Pablo II, cuando nos dio a luz la Exhortación
Apostólica Christi Fidelis Laici, donde nos dice
este texto evangélico de san Mateo: “a nadie le
esta permitido estar de ocioso”. El Señor a todos
nos llama a trabajar en su viña, lo importante es que nosotros
que hemos venido, como dijo Monseñor, desde lejos, de Chiapas.
Hoy delante de la Madre, renovemos nuestro compromiso, esa misión
que el Señor nos ha confiado en nuestra provincia, allá
en nuestra diócesis, en nuestra parroquia, en nuestra comunidad
a nadie nos esta permitido estar de flojo, tenemos comprometernos
más en serio con el Señor.
Hemos escuchado en la Palabra de Dios, como los mismos apóstoles
del Señor estaban encerrados por miedo a los judíos,
pero cuando recibieron al Espíritu Santo nos les importó,
ya nada, no les importó la cárcel, los azotes. Ellos
se lanzaron valientes a anunciar a Jesús, Aquel que habían
crucificado y que había muerte, ha Resucitado. Digamos
que es la verdad de este primer anuncio, reconociendo a Jesús
como el Señor, como el Cristo, como el ungido del Señor.
Hermanos, hoy que estamos celebrando la Solemnidad de Pentecostés,
en nosotros desde nuestro bautismo, nuestra confirmación
se nos ha ungido con este Espíritu Santo, tenemos que tener
ese entusiasmo que el Papa Juan Pablo II a hablar de la nueva
Evangelización, nos decía en el nuevo ardor, que
teníamos que tener esa parresía, ese entusiasmo
de llevar la buena nueva a los demás. Claro decía:
para llevar esta buena nueva tenemos que ser santos; y por lo
tanto, no podemos esquivar este llamado también a la santidad,
y en la cual nosotros, espontáneamente nos brotara este
gozo, esa alegría por ser testigos del Señor, por
llevar la buena nueva a los demás.
Yo los invito a los hermanos de la Diócesis de Tapachula,
a los hermanos de la Diócesis de San Cristóbal,
de Tuxtla, a toda nuestra provincia de Chiapas, los invito que,
si hemos venido aquí a visitar a Nuestra Madre Santísima,
no esquivemos la invitación del Señor a ser responsables
y corresponsales de la misión confiada a su Iglesia. Cada
uno de nosotros en su parroquia, cada uno de nosotros en su diócesis,
se comprometa.
Yo siento así que, nuestra Madre no estará contenta
si nada más hemos venido de tour, hemos venido nada
más de paseo, no estoy ofendiendo a nadie, pero a veces
habemos algunos que podemos tener no una intención muy
recta, y decir: voy porque después de aquí vamos
a ir para allá, vamos a ir por acá y nos sale más
barato el viaje. Yo invito a que los que hemos venido como peregrinos,
que nos comprometamos en serio con el Señor, sobre todo
que en nuestro ambiente, en donde nos desenvolvemos nos comprometamos
con Dios en esta tarea importante.
Y un tercer punto, que yo considero importante también,
es que: si somos discípulos del Señor y estamos
llamados a cumplir esta misión, tenemos también
la obligación de vivir lo que llamamos la comunión,
la común unión y la común unidad. Es bastante
serio y lastimoso, que a veces en nuestras mismas comunidades
parroquiales, o incluso, me atrevo a decir en nuestra diócesis
hay divisiones, y no estoy hablando de memoria, hermanos, varios
me podrán decir; tal vez en tu diócesis, pero yo
considero, que la división siempre la hemos traído
arrastrando, desde antes. Y que triste es que nosotros, que somos
llamados por el Señor, nosotros que estamos comprometidos
con el Señor, en lugar de ser agente de unión, de
unidad, de comunión a veces somos los que dividimos.
La invitación, pues, al celebrar hoy la venida del Espíritu
Santo que diríamos: es el don que vincula al Padre y al
Hijo y que se hace la común unidad por excelencia, la común
unión por excelencia, nosotros también, hermanos,
tenemos que ser agentes de esta comunión, de esta comunidad.
Invitó, y yo creo que aquí nuestros señores
obispos, nuestros sacerdotes, nuestros diáconos, y todos
ustedes estamos con ese compromiso de que en nuestra provincia
se viva esa comunión, se viva esa común unidad.
Bendito sea Dios, que ya hemos tenido nuestra primera reunión
como provincia, que puedo decir; ya es un inicio de querer vivir
esta comunión y esta común unidad, pero desde nuestras
trincheras, desde nuestro ambiente, estamos ser llamados a ser
agentes de comunión de vivir esta común unidad.
La
Santísima Virgen María es nuestro modelo, la fiel
discípula del Señor, Ella que desde un principio
que recibió el Espíritu Santo, porque por obra del
Espíritu Santo el Verbo se hizo carne y habito entre nosotros.
Ella que estuvo pronta, y dijo: “yo soy la esclava del
Señor, que se cumpla en mí según tu Palabra”.
La mujer dichosa, que escuchó la Palabra de Dios y la puso
en práctica.
La mujer que reunida con los apóstoles en el Cenáculo
recibió el Espíritu Santo y también fue de
las que sin miedo anunció a su Hijo. Ella hoy nos invita
a que también lo veamos como nuestro modelo y que no nada
más le vengamos a pedir por nuestras necesidades, que no
nada más la veamos como intercesora, mediadora, que no
nada más rindamos el culto de veneración, sino que
también le demos el culto de imitación. María
es el modelo de ser discípulo, María es modelo de
la misión, María es modelo de comunión, la
reunión de Ella en torno a los apóstoles.
Queridos hermanos, el estado de Chiapas, de nuestra provincia
de Chiapas quiero, pues, invitarlos a que le digamos: sí
al Señor, que estamos dispuestos a cumplir su voluntad,
que con María Santísima le digamos: “yo
soy la esclava del Señor, que se cumpla en mi según
tu Palabra”.
Que así sea.
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