Amados hermanos sacerdotes y amados hermanos y hermanas en
el Señor Jesús Resucitado.
Estamos disfrutando la mañana que esperábamos vivir en presencia
de la Santísima Virgen María de Guadalupe; en estos momentos sus
ojos nos ven, su corazón nos ama, sus oídos nos escuchan, y su
bendición nos alcanza.
Quienes hemos venido hoy para estar con ella, desde nuestra
amada Diócesis de Tuxpan: nuestros ojos también la ven, nuestro
corazón la ama, nuestra lengua le habla y nuestra voz le canta.
Hoy que estamos en su casa, en la casa de la Santísima Virgen
María, disfrutemos, pues, su presencia, veamos su rostro, hablemos
con ella y pidamos su intercesión.
En el santo Evangelio hemos escuchado un hermoso diálogo del
Señor Jesús con el Dios que nos dio la vida para pedir la unidad
de todos nosotros, unidad que tanto necesitamos y también le dice:
"Padre, quiero que donde yo esté, estén también conmigo
los que me has dado, para que contemplen mi gloria". Petición
importante que nos llena de alegría y esperanza, porque nosotros
también somos destinatarios de esta petición.
Este diálogo del Señor Jesús es una invitación para que nosotros
hagamos lo mismo e invirtamos tiempo para hablar con Dios; por
lo tanto; si estas triste, habla con Dios; si estas preocupado,
habla con Dios; si vas a decidir, habla con Dios; si estas contento,
habla con Dios; si no sabes que hacer, habla con Dios; si te sientes
inconforme, habla con Dios; si deseas nueva oportunidad, habla
con Dios; si no sabes que decir, habla con Dios y si tienes miedo
habla con Dios. Si hablas con Dios obtendrás: sabiduría, claridad,
seguridad y ánimo. Por lo tanto hablemos con Dios, como escuchamos
que lo hizo el Señor Jesús, hablemos, pues con Dios.
Amados hermanos y hermanas, la Santísima Virgen María es Madre,
discípula y misionera, hoy estamos en su presencia y para eso
hemos venido; para estar con Ella, para hablar con Ella.
Ella por su fe y obediencia a la voluntad de Dios, así como
por su constante meditación de la palabra y de las acciones de
Jesús, es la discípula más perfecta del Señor. Tuvo un papel único
en la Historia de Salvación, concibiendo, educando y acompañando
a su hijo hasta su sacrificio definitivo.
En la figura de la Madre junto a la cruz se simboliza la misericordia
entrañable de Dios, que vibra en el corazón materno ante el dolor
del Hijo y de todos los hijos. Desde la cruz Jesucristo confió
a sus discípulos, representados por Juan, el don de la maternidad
de María. Ella, como Madre de tantos hermanos, fortalece los vínculos
fraternos entre todos, alienta a la reconciliación y el perdón,
y ayuda a que los discípulos de Jesucristo se experimenten como
una familia, la familia de Dios.
Perseverando junto a los apóstoles a la espera del Espíritu,
cooperó con el nacimiento de la Iglesia misionera. Del mismo modo,
así como lo fue al inicio de la Evangelización fundante, sobre
todo en el Tepeyac, también hoy es peregrina y misionera en todos
nuestros pueblos y comunidades, alentándonos para que hagamos
presente a Jesús en todos los ambientes.
Su Hijo Jesucristo, quiere hacerse visible a través de nosotros
sus discípulos, Él eso es lo que desea, hacerse visible a través
de nosotros sus discípulos, por lo tanto necesitamos ser unos
discípulos:
Primero: Que crean, pues la fe nos hace ver lo invisible,
apreciar la verdad, saborear la Palabra y mantener la esperanza.
Segundo: Unos discípulos que vean; las causas de la
pobreza, los rostros sufrientes de sus hermanos, que vean los
avances de la droga, los costos de la democracia, las casas de
quienes nos gobiernan, nuestras celebraciones litúrgicas y que
vean las obras de misericordia que hacemos.
Tercero: unos discípulos que escuchen; la sabiduría
del Maestro, el consejo del sabio, la oración del santo y la corrección
de los pastores.
Cuarto: unos discípulos que hablen de Dios, que hablen
del Evangelio, que hablen del Señor Jesús para que mucha gente
lo busque, lo conozca, lo siga y lo imite.
Quinto: necesita unos discípulos que hagan; que hagan
algo bueno aunque sea poquito para que en nuestras parroquias
y comunidades exista; menos vicio, menos basura, menos lodo, menos
problemas, menos pobreza, menos pereza, más bienestar, más salud,
más solidaridad, más cultura, para que existan mejores servicios,
mejores celebraciones, mejores cristianos y mejores ciudadanos.
Sexto: unos discípulos que caminen a los lugares donde
se necesita estar presente, que caminen dejando huella, sembrando
la Palabra, señalando el camino y organizando el caminar.
Séptimo: unos discípulos que razonen y disciernan; la
corrupción, la mentira, el robo, la simulación, la división, la
dependencia y la opresión.
Amados hermanos y hermanas, por lo tanto y por lo pronto evitemos
ser discípulos ciegos a la vida, evitemos ser discípulos ser sordos
a la Palabra, evitemos ser discípulos mudos a la verdad, evitemos
ser discípulos incómodos al trabajar, o bien evitemos ser discípulos
mancos al actuar o cojos al peregrinar, evitemos ser discípulos
frágiles al razonar, vacilantes al creer, exigentes para pedir
o lentos para dar.
Hermanos y hermanas, demos gracias a Dios porque nos ha dado
la vida, nos ha dado su amor y porque nos ha concedido estar una
vez más en la presencia de la Santísima Virgen María de Guadalupe.
Pidamos de corazón a Dios nos conceda ser discípulos unidos, activos
y organizados.
Y digamos a la Santísima Virgen María de Guadalupe: que bendiga
nuestras familias, cuide nuestro seminario y anime a todos y cada
uno nuestros sacerdotes. Que así sea.
Amén. |
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