En esta semana los obispos de América Latina se encuentran
reunidos para estudiar el tema: Discípulos y Misioneros del
Evangelio, para que en Él, en Jesús todos los pueblos tengan vida.
Vamos unirnos, pues, a esa celebración y en ese sentido va nuestra
exhortación.
Una de las aportaciones a nivel latinoamericano es el lugar
que ocupa María en la cultura, en la religiosidad, y en tantas
cosas de cada uno de los pueblos de América Latina. Y las aportaciones
van en esta dirección, primero: María la mujer de fe; lo acabamos
de escuchar de labios de santa Isabel, pero nos descubren el caminar
de la Virgen en ese ir haciendo, en su entrega para ser la discípula
fiel de Jesús, ¿y cómo nos la describe las primitivas comunidades?
una mujer de fe, es decir: María se abre al proyecto del Padre
al decir sí, se abre al proyecto del Padre. Todo lo que el Padre
quiere realizar en su seno y para la salvación de todos. La primera
nota es: el sí de María, en el cual se abre al proyecto de Dios,
y segundo: a partir de ahí, de esa actitud todos los acontecimientos
son para María momentos de historia de salvación. Bajo esa luz,
bajo ese prisma, analiza Ella toda su existencia.
Nosotros queremos ser discípulos de Jesús, vamos a seguir los
pasos de María; abrirnos al proyecto del Padre. Dios es el que
lleva adelante nuestra historia de salvación, eso nos pide confiar,
nos pide dejarnos seducir, como dice Agustín, por la fuerza del
Espíritu Santo para engendrar en nosotros a Jesús. Y segundo,
toda nuestra vida, los acontecimientos, tenemos que verlos como
una oferta de salvación, esa es la conclusión de abrirnos al proyecto
de Dios. Si el mundo no tiene sentido de vida, el discípulo de
Jesús a través de la entrega por amor le está diciendo al mundo,
que sí es posible darle sentido a la existencia, para eso María
es la maestra, Ella se abre al proyecto del Padre.
Dios te salve María llena eres de gracia. El Señor está contigo.
Te ha elegido para ser la Madre de Dios y todo el mundo está pendiente
de tu, sí, para realizar el proyecto del Padre. María al decir:
sí, se abre a ese proyecto, y nos dice: que todos los acontecimientos
de su vida son historia de salvación. Ahí tenemos un camino a
recorrer, siguiendo a María.
¿Qué más nos dice el Evangelio? Fue a servir a su prima, es
una mujer no sólo de fe, sino servicial va a ver que se le ofrece
a su prima, sale. La experiencia de Dios se manifiesta en el encuentro
del hermano. Ahí tenemos otro caminar, mientras más cerca estoy
de Dios más dispuesto al servicio, mientras más alejado estoy
de Dios menos capacidad de servicio.
María nos enseña precisamente ese caminar, lleva en sus entrañas
al Hijo de Dios y por eso sirve a los demás, tenemos que rectificar
como nos dice el Papa, en la última carta: Misterio de amor, de
caridad, una auténtica espiritualidad eucarística, porque el centro,
el culmen de la vida cristiana es la Eucaristía, pero Jesús nos
invita hacer de nuestra vida oblación para los demás. Aunando
las dos podemos descubrir el camino para llegar a ser un auténtico
discípulo de Jesús.
Tercera aportación: María, Madre y Creadora de comunidad de
discípulos. María con su actitud al participar de la vida trinitaria
necesariamente forma la comunidad. Si nosotros participamos de
la vida de Dios, necesariamente tenemos que vivir en comunión,
una vida compartida, analizamos el Evangelio o los Evangelios
y siempre hay esa característica en María, una vida compartida,
una vida que educa a los demás en compartir su vida.
Fíjense, que curioso que son las primitivas comunidades las
que nos participan de su experiencia de conocimiento de María,
no se diga Lucas, eso lo tenemos que valorar y tomar conciencia
de cuál era la visión que tenían las primitivas comunidades de
la Madre de Dios. Primero se abre al plan de Dios, María la mujer
de fe, y al introducirse en ese proyecto del Padre todos los acontecimientos
son momentos de historia de salvación. Segundo, la mujer servicial.
Los que tuvieron oportunidad de tener ese contacto con María nos
dicen: una mujer siempre dispuesta al servicio, siempre respetuosa,
siempre dispuesta, siempre bondadosa, siempre cariñosa, todo lo
que encierra esa experiencia, mujer dispuesta al servicio. Eso
es lo que nosotros tenemos que pedirle. Y finalmente la mujer
que es Madre de comunidad y educadora de todos y cada uno de nosotros.
Vamos a pedirle a María de Guadalupe que si esos son los distintivos;
Madre de confianza, Madre de esperanza, tantos títulos, que la
experiencia en este día nos haga disfrutar de ese gusto de saborear
esa experiencia de María para que vayamos a participar a nuestras
comunidades precisamente de esa experiencia. María se abre al
plan de Dios, descifrando toda su vida como signo de salvación,
para que nosotros en las dificultades, en los problemas, en las
tristezas, en las angustias descubramos el proyecto de salvación.
Mujer de servicio, para que estemos dispuestos a servir a los
demás como fruto de la experiencia de Dios en medio de nosotros.
Y finalmente pedirle que si Ella es Madre y educadora de discípulos
que van a formar esa comunidad que nos pastoreé, que nos cubra
con su manto, para que realmente demos una respuesta a lo que
nos está pidiendo el Papa y toda América Latina.
Que mi vida concuerde con la fe, que mi vida de muestras de esa
fe, de esa confianza en Dios, de muestras de ese amor que es la
vida de Dios para que realmente así como nos sentimos hermanos
bajo el manto de María de Guadalupe también nos sintamos hermanos
donde quiera que estemos.
Así sea. |
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