Versión estenográfica
de la
Homilía
pronunciada por Mons. Maximino
Martínez Miranda, Obispo de la Diócesis de
Ciudad Altamirano, en ocasión de la peregrinación de su diócesis
a la Basílica de Guadalupe.
13 de mayo de 2008
Bendito sea Dios, Padre de Nuestro Señor Jesucristo,
que nos permite nuevamente estar aquí en la Basílica de Nuestra
Señora de Guadalupe.
Saludo afectuosamente a todo este presbiterio,
nuestro presbiterio, que caminamos con ese grande ardor de la Nueva
Evangelización que nos entusiasma porque queremos que sea recibido
nuestro Señor Jesucristo en sus hogares, en el hogar de cada uno
de ustedes, que llegue a su corazón, les purifique y puedan así
ir llevando acabo la misión que Él nos concede a través de su vida
desde el lugar donde el Señor les ha permitido vivir. El Padre de
misericordia les siga bendiciendo.
Saludos afectuosamente a nuestros religiosos y
religiosas que el Señor le siga dando ese espíritu de amor a esta
diócesis de Tierra Caliente para que siga creciendo en el amor y
se aleje de ella toda violencia para que reine la paz.
Saludo afectuosamente a todos ustedes, queridos
hermanos en nuestro Señor Jesucristo, los seglares o laicos, bautizados,
que nos permiten crecer como cuerpo de Cristo en esa unidad vamos
caminando hacia la casa de Dios nuestro Padre. Es el Padre misericordioso
que tanto nos ama, como nos dice la segunda lectura, al llegar la
plenitud de los tiempos envió a su Hijo nacido de una mujer, nacido
bajo la ley para rescatar a todos aquellos que estamos sometidos
a la ley. El Dios que quiere ver a sus hijos libres. El Dios que
quiere que podamos vivir unidos en su Hijo, para vivir como un sólo
hijo en Jesucristo; cabeza y cuerpo unidos a Dios nuestro Padre.
Glorificamos a nuestro Señor Jesucristo que nos
ha llamado a colaborar en su obra de salvación, como lo hemos visto
al ir finalizando estos días de la Pascua hasta llegar al Día de
Pentecostés, tan cercano apenas hace dos días estábamos viviendo
este gran acontecimiento. Pedimos a Él que nos siga dando su espíritu,
como lo dio a sus apóstoles el Día de Pentecostés, para que Él que
nos ha dado a su Hijo, para que podamos también con su espíritu
poder decirle papá a Dios. Llegada la plenitud de los tiempos Dios
envío a su Hijo nacido bajo la ley, nació de una mujer, nació bajo
la ley para rescatar a los que estábamos bajo la ley a fin de hacernos
hijos suyos. Puesto que ya son hijos, Dios envío a sus corazones
el espíritu que dice, Abbá, Papá, Padre Bueno. Ese espíritu de Jesús
que el Padre y el Hijo nos han dejado para que podamos no solamente
llamarnos hijos, sino vivir como hijos de Dios y poderle decir,
Papá, Padre Dios, aquí estamos.
El Jesús lleno de amor que se nos da, no solamente
nos da, sino se nos da en su cuerpo y en su sangre para que nos
alimentemos de Él. Nos ha querido dejar a su Santísima Madre, ése
nacido de una mujer, esa mujer que nos trajo a Jesucristo siendo
como el sagrario de Dios. Ella, pues, nos ha traído a nuestro Señor
Jesucristo y Jesucristo nos la ha dejado como Madre, y Ella nos
dice “Hagan lo que Él les diga”.
Miramos, hoy, a esa mujer visitando a su familia,
así como visitó a su prima santa Isabel llegando hasta las montañas
así sigue haciéndolo ahora llegando desde por allá: desde Puerto
Rico, desde Lindavista, desde Coronilla pasando por Altamirano hasta
Tecopilco en toda esta Tierra Caliente visitando a su familia a
sus hijos, que somos todos nosotros y Ella sigue intercediendo por
nosotros, pero también diciéndonos: Hagan lo que Dios manda,
vivan como Dios manda, actúen como Dios manda.
Que importante es ver un Dios que es amor y que
nos manda a esta Madre del amor, Madre de la santa esperanza, como
decía la primera lectura, y que intercede por nosotros para que
todo aquello que no es amor, que no es paz, que es pecado desaparezca
de nosotros en estos lugares de violencia, que ya no solamente están
en Tierra Caliente sino en toda la Nación, en toda nuestra querida
nación.
Pedimos a Ella ahora que estamos aquí, en esta
Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe, nuestra Patrona de toda
América, Reina de América, que interceda por todos nosotros. Ella
que ha querido llegar a nuestra República Mexicana y aquí hacerse
presente en este lugar, esta Basílica, para escuchar nuestros ruegos.
Así le dice a Juan Diego “Que se me construya un templo para
escuchar sus ruegos, para mostrarles todo mi amor”. Que Ella
nos siga iluminando, que siga intercediendo por nosotros para que
de verdad podamos acercándonos con esa confianza, con esa fe para
decirle intercede por nosotros. Tú bien sabes las necesidades que
hay en nuestra Tierra Caliente. Tú bien sabes las necesidades que
tenemos en nuestras diócesis, en nuestra Diócesis de Ciudad Altamirano.
Tú bien sabes las necesidades que hay en cada uno de nuestros hogares,
en cada una de nuestras familias. ¡Intercede por nosotros! Hay muchos
hogares desunidos; hay mucha violencia; hay hambre, hambre de Dios,
pero hasta hambre física también; hay necesidades, intercede por
nosotros.
Ella nos invitará a colaborar, pues así lo hace
la gente sencilla, quiere que todos colaboremos con Ella, por eso
desde el primer momento en que Ella ha planeado una misión aquí
se vale de Juan Diego. Ahora san Juan Diego, un pobre nativo de
esta región para decirle, “Colabora conmigo ve hablar con el
obispo para que se me construya este tempo. Mira que yo no soy nada,
soy basura, soy cola, soy lo último”. - Pero, “yo te he
escogido a ti tú ve no tengas miedo”.
Palabras que seguramente nos sigue diciendo a todos,
desde el mensajero que llega con una cartita por ahí cada mes a
sus casas “no tengas miedo yo te escogí a ti”. Pues, es el
jefe de mensajeros, coordinados mensajeros, yo te he escogí a ti,
y así va subiendo, verdad. Tú eres coordinador yo te escogido a
ti para que colabores con esta tu familia.
A todos los sacerdotes, pues, mira que hay necesidades
en diferentes comunidades, pero es una sola la familia, nos interesa
la diócesis, no solamente mi parroquia toda mi diócesis colabora
conmigo, hay obstáculos. A Juan Diego los primeros que les pusieron
obstáculos eran los que estaban ahí junto al obispo no lo dejaban
entrar, pero lo superó. Así, también, debemos superar esos obstáculos
y no solamente esos sino también a veces la enfermedad, otro obstáculo
fuerte fue la enfermedad de su tío Juan Bernardino que también le
hizo sentir en conciencia la necesidad de llevarle un sacerdote
siquiera para que lo confesara y seguramente también algunas medicinas
de camino, ya que vienes acá a México por el sacerdote por hay te
traes unas medicinas. Todo, verdad, otro obstáculo, la Santísima
Virgen le sale al paso “no tengas miedo ni a eso ni a otro obstáculo
mayor ¿qué no estoy, yo aquí que soy tu Madre?”, no tengan miedo
el Señor está con nosotros, esta clase de obstáculos y otros
mayores no deben preocuparnos podemos superarlos.
Que bueno que hoy le pidamos a nuestro Padre Bueno
que nos ha enviado su Hijo Jesucristo para salvarnos y que pues
nos ha enviado a su Espíritu, que nos permite decirle Padre, Papá
tenemos estas necesidades tú las conoces y que nos permite llegar
a aquí a esta Basílica para ponernos, también, a alabar al Señor
porque nos ha dejado una Madre que intercede por nosotros y a Ella
decirle aquí estamos, como tú lo dijiste a san Juan Diego “ahí
escucharé sus ruegos, ahí quiero mostrar todo mi amor”. Aquí
estamos por eso como hijos para escuchar y poner en práctica lo
que nos dices “Hagan lo que Dios le diga, hagan lo que Jesús
les diga” Aquí diríamos hagan lo que Dios manda: Vivan como
Dios manda. Vivan ese amor del Dios amor para que reflejemos que
somos hijos del Dios amor, amando. Vivan como Dios quiere. Vivan
su fe, compartan esta experiencia de Dios. Vivan como discípulos
y misioneros de nuestro Señor Jesucristo. Compartan su experiencia
de Dios en su familia en los diferentes lugares, en la parroquia,
en donde quiera que estemos.
Y al recordar esta peregrinación que desde el día
cuatro vinieron caminando varios de ustedes, y otros se integraron
hasta el día de hoy desde la madrugada, pues que esto nos ayude
a pensar y a recordar que somos peregrinos que Dios no nos creo
para dejarnos aquí, nos creo para volver a Él y que por eso vamos
caminando con Jesucristo que nos ha dicho yo estoy con ustedes todos
los días hasta el fin del mundo. Con Jesucristo que se une a nosotros
como a los discípulos de Maús cuando tenemos dudas a decirnos aquí
estoy y poder así recibir una orientación como lo sigue haciendo
a través de sus catequistas; a través de los sacerdotes; a través
de los padres de familia; a través de tantos que van ayudando a
quien tiene dudas en la fe.
Pidámosle a Él que nos siga fortaleciendo esta
fe y que llenos del Espíritu Santo podamos llegara a esa morada
eterna, a la felicidad eterna, a la casa de Dios nuestro Padre,
para eso nos ha creado el Señor. Somos peregrinos vamos a la casa
del Señor que Él nos ilumine, nos acompañe, nos fortalezca para
poder llegar felizmente cumpliendo el plan de Dios a la casa del
eterno Padre.
Pidámoslo con fe, y con esta actitud, vamos a seguir
nuestra celebración.
Oremos.