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Homilía
pronunciada por Mons. Constantino Miranda Weckmann, Obispo de la Diócesis de Atlacomulco, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

17 de octubre de 2008

De la mano de María como iglesia diocesana de Atlacomulco caminamos hacia el Padre en este Año Jubilar.

Estimados hermanos sacerdotes. Monseñor Camerino Contreras Apolonio, nuestro Vicario General, padre Elías Valencia Plata, Rector del Seminario Diocesano, padre José Luis García Cardoso, Director Espiritual de la Vía Unión de Peregrinos a la Basílica del Tepeyac, querido diáconos, queridos seminaristas, queridas hermanas religiosas de las 20 comunidades de Vida Consagrada, que tienen su casa en nuestra Diócesis de Atlacomulco. Queridos directores de la peregrinación a la Basílica de nuestra Señora de Guadalupe, Javier Zúñiga, presidente y su consejo.

Fieles, todos, que a pie o en algún otro medio de conducción han venido hasta esta casita del Tepeyac. Vamos a reflexionar sobre el acontecimiento que estamos celebrando en este peregrinar hacia la casa del Padre: De la mano de María como iglesia diocesana de Atlacomulco caminamos hacia el Padre en este Año Jubilar.

Con gran gozo, en la casita del Tepeyac, a los pies de nuestra querida Madre y Señora, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe, hemos proclamado hoy solemnemente la apertura del Año Jubilar en nuestra Diócesis de Atlacomulco, del 17 de Octubre del 2008 al 27 de Diciembre de 2009, con motivo del XXV Aniversario de la Erección de nuestra Iglesia Particular.

El Domingo pasado, día 12 de Octubre, en la Iglesia Catedral de Atlacomulco, madre de todas las Iglesias en la Diócesis y sede episcopal, dimos lectura del documento de proclamación de este Año Jubilar Diocesano; pero hoy de una manera solemne hemos querido hacerlo en esta nuestra casa la Basílica de Guadalupe y no pudimos haber escogido un mejor lugar para ello; pido a los Sacerdotes Párrocos, den lectura de esta proclamación, el próximo Domingo 19, en cada una de sus Iglesias Parroquiales.

El Año Jubilar Diocesano viene a ser para nosotros un tiempo muy especial de gracia, tiempo que hay que aprovechar al máximo. Nos permitirá reemprender la misión permanente de la Iglesia y de una manera particular la Misión Continental a la que hemos sido convocados desde Aparecida.

Misión en la cual tenemos grandes retos, desafíos y prioridades como son: la formación de los Laicos, el cuidado de la Familia, la atención de los Jóvenes, el llevar a nuestras Parroquias a que sean comunidad de comunidades y no estaciones de servicio, el atender con seriedad la pastoral que concierne a la aparición de nuevos grupos religiosos o sectas, una misión que tenga en el corazón al Seminario y el trabajo por las Vocaciones, purificar y potenciar la Religiosidad Popular, ir a los Mazahuas y Otomíes para compartir la fe, poner a los Alejados en la mira central del trabajo pastoral parroquial y diocesano, buscar que el anuncio del Kerigma y la Iniciación Cristiana se potencien, buscar que la atención a la formación de los miembros que pertenecen a los Ministerios sea prioritaria y esmerada, promover y atender a los Grupos Apostólicos para que lleguen a ser con la frescura de su propio carisma una bendición para sus miembros y la Iglesia, incrementar la implementación eclesial de la Pastoral Presbiteral, el cuidado solícito de la Vida Consagrada, enriquecer la estructura pastoral del Mes Mariano renovándola y formando a los coordinadores, buscar que la Catequesis Infantil sea progresiva y gradual abarcando varios años y no unos meses antes de la Primera Comunión o Confirmación, formar a los Catequistas y cuidarlos pastoralmente de una manera especial,. implementar y capacitar agentes cualificados para impartir las Charlas Presacramentales, poner un gran interés en la atención de los Enfermos y Ancianos, tener el cuidado pastoral de nuestros hermanos migrantes que regresan, se van o nos visitan de los Estados Unidos en orden a que sientan la acogida de sus hermanos en la fe, la promoción y formación esmerada de los Ministros Extraordinarios de la Comunión, llegar a los Pobres y Afligidos con una delicadeza llena de bondad; para redondear, hablando de las prioridades en esta misión permanente a la que estamos abocados en el Año Jubilar Diocesano, es necesario que los que participamos en las Peregrinaciones lleguemos a crecer en la fe, haciendo que la devoción se traduzca y se vaya a la acción de servicio cristiano en nuestras familias, trabajos y comunidades, en definitiva que la Peregrinación nos lleve a ser cristianos ,maduros y completos.

En el Evangelio de hoy contemplamos que María fue presurosa a las montañas de Judea a servir a su prima Isabel. Querida Virgen cita de Guadalupe, enséñanos a tener un corazón disponible y servicial como el tuyo, para llegar a ser auténticos Discípulos de tu Hijo Jesucristo, acompañados durante toda nuestra. Vida y de una manera especial durante este Año Jubilar Diocesano para que caminemos hacia el Padre Bueno e inflámanos de tu amor para que realice en nosotros su obra el Espíritu Santo.

Hoy resuena en nuestros oídos aquellas dulces palabras tuyas “¿No estoy yo aquí que soy tu madre?”, “¿No estás por cierto en mi regazo?”, “¿No estás por cierto en mi regazo?”, “¿Qué has menester?” Nos sentimos llenos de agradecimiento por habernos hecho hijos tuyos, estamos llenos de confianza y de paz.

Te pedimos Virgencita Santa, María de Guadalupe, bendigas abundantemente a todas nuestras Familias y a toda nuestra Diócesis de Atlacomulco; le des la salud a los enfermos y compañía a los que sufren soledad y pobreza; y a todos nosotros, nos concedas un corazón capaz de trabajar por el bien, la unidad y la paz.

 

Aspectos de la peregrinación
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