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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. Miguel Patiño Velázquez, Obispo de la Diócesis de Apatzingan, en ocasión de la peregrinación de su diócesis a la Basílica de Guadalupe.

11 de noviembre de 2009

Muy estimados hermanos sacerdotes, religiosas, hermanas y hermanos, todos.

Aquí, a este lugar llegan gentes de las diversas partes del país y del extranjero trayendo a la Madre su vida con sus luces y sus sombras, sus ilusiones y preocupaciones, con todas sus historias, con sus crudas realidades. Aquí llegan los pueblos indígenas de las distintas etnias, la gente pobre de México y América que quieren como el indito santo Juan Diego abandonarse en los brazos de María, Madre de Jesús y Madre nuestra, para pedirle que remedie tantas necesidades. Los peregrinos aquí alimentan su fe y su vida espiritual.

Madre de Guadalupe, tus hijos de Tierra Caliente y la Sierra de Michoacán, al sur del Cerro de Tancítaro, venimos a saludarte. Y te presentamos, en los aquí reunidos, nuestras familias para que las bendigas, las ayudes a vivir su vida cristiana. No permitas que ninguno de los que integran la familia sean esclavos del vicio, de la droga, del sexo, del pecado, del alcohol. Que la codicia no doblegue y corrompa la voluntad de tus hijos, alcánzanos de tu Hijo el perdón. Cambia nuestro corazón, para que no sucumbamos ante la maldad e inyéctanos ánimo y ganas de vivir. Pisamos el barro pero nadie nos impide levantar los ojos al cielo.

Es una gracia para todo el pueblo de Dios que el Santo Padre Benedicto XVI haya tomado la iniciativa del Año Sacerdotal, de la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús desde el 2009 a la Fiesta del Sagrado Corazón de Jesús del 2010, con motivo del 150 aniversario de la muerte del santo Cura de Ars., san Juan María Vianey, y lo propone como modelo de intercesor para todos los sacerdotes.

El Papa nos invita a promover el esfuerzo de renovación interior de los sacerdotes y que su testimonio evangélico sea más fuerte y eficaz en el mundo de hoy. El tema del Año Sacerdotal: Fidelidad de Cristo, Fidelidad del sacerdote, invita a los sacerdotes a centrar la mirada en Cristo, Sumo y Eterno Sacerdote y a ejercitarse en actitudes fundamentales, que son un ir continuo a Él. Lo que exige estar con Él, para aprender de Él, ya que no pueden olvidar que llevan un tesoro en vasos de barro.

Estamos viviendo un tiempo de crisis, de cuestionamiento, de descalificaciones, de puesta en duda del sentido de nuestra vocación y del valor de nuestro ministerio pastoral, debido a la secularización y al relativismo reinantes que nos impiden mirar a lo alto, tender hacía lo trascendente y poner sólo en Dios, nuestra recompensa y felicidad.

Los sacerdotes son los principales colaboradores de los obispos, son la parte de la parcela más importante, que Dios le ha encomendado. Los sacerdotes para los obispos son su familia, con ellos se cansan y con ellos descansan. Pues, llevan el peso del trabajo de cada día. Con alegría y con profunda esperanza damos gracias por el don del sacerdocio, damos gracias por tantos sacerdotes ejemplares que han dejado huella en nuestras comunidades y en nuestra vocación. Damos gracias por cada uno de los sacerdotes, que son un don de Dios para la Iglesia y para el mundo. Damos gracias a Dios por el gran cariño y respeto que nuestro pueblo cristiano siente por sus sacerdotes. Lo que supera el peso de las críticas y ataques que se han al sacerdote y a la Iglesia a veces con motivo y muchas veces sin razón. Esto estimula a los sacerdotes para corresponder con una entrega más alegre generosa, coherente y desinteresada.

Madre te pedimos, que en nuestros sacerdotes brille la belleza de la gracia divina. Te pedimos, que revivan y amen el don del sacerdocio, que Dios les ha regalado, que le obispo y nuestros sacerdotes crezcan en santidad. Que los sacerdotes sean barro en las manos de Dios. Has fecunda la labor de todos nuestros sacerdotes. Fortalece la relación y la comunión entre los sacerdotes entre sí con el obispo, da a nuestros sacerdotes salud física y espiritual. Ayuda a los sacerdotes que están en problemas. Que los sacerdotes crezcan en intimidad con el Señor y fortalezcan la fraternidad sacerdotal y la ayuda mutua. Que cada sacerdote sea valorado y considerado por los otros sacerdotes como parte de sí mismos. Que nuestros sacerdotes estén dispuestos a dar testimonio de que el Señor los ha conquistado plenamente.

A todos los que participan en esta peregrinación de la Diócesis de Apatzingan, que se han confesado y que asistan a la Santa Misa y ofrezcan por los sacerdotes de la Iglesia oraciones a Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote, igual que obra buena cumplida se les conceda indulgencia plenaria, siempre que se haya confesado sacramentalmente y recen por las intenciones del Papa.

Concluimos con las palabras que escuchamos del Evangelio, que dijo María allá en Caná de Galilea y que nos sigue diciendo ahora a cada uno de nosotros con referencia a Cristo, hagan lo que Él les diga.

 
 
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