Muy queridos hermanos sacerdotes,
peregrinos, en estos 10 días: padre Antonio, padre Vicente, padre
Noé, padre Félix. Muy queridas hermanas, peregrinas de nuestra querida
Diócesis de Celaya.
Es una gran dicha poder llegar y estar en este
recinto tan significativo para nuestra fe de católicos, de mexicanos.
De poder estar como lo hemos deseado, estos meses anteriores, a nuestro
8 de agosto, como lo hemos deseado, lo hemos anhelado fervorosamente
estos 9 días anteriores de nuestro peregrinar. Es una gran emoción,
como católicos; como hombres, como mujeres de fe en Dios; como mujeres,
que de alguna manera encontramos, nos identificamos con Santa María
de Guadalupe. Nos mueve el amor hacía Ella, por eso estos 10 días,
estas 10 jornadas, no sólo es caminar para llegar a donde Ella. Es
caminar trayendo nuestra vida, trayendo lo que somos; es reflexionar
cada día sobre nuestra vida, nuestros quehaceres, nuestros aciertos,
nuestros desaciertos en hacer la voluntad de Dios. Y poniéndonos frente
a Jesucristo Palabra, Él ilumina, Él nos hace ver donde andamos, por
donde vamos.
La fe en la Santísima Virgen de Guadalupe nos
hace caminar hacía el encuentro con Jesucristo su Hijo, su Palabra.
En nuestras reflexiones de estos días hemos visto qué traemos, qué
llevamos, qué queremos presentarle a la Santísima Virgen y en cuantos
momentos en estos días se ha transformado: Madre mía traigo mis faltas,
traigo mi pecado para mis hermanos, mis padres, mis hijos, mi esposo.
Madre mía me he dado cuenta que traigo rencor contra tantas personas
y la persona de tu Hijo me ha invitado a reflexionar los valores de
una mujer en la familia. La esposa ejerciendo ya la misión de esposa
y madre orientadora. Nos ha iluminado con esa Palabra que nos dice
los valores de toda mujer en la adolescencia, en la juventud cultivar
estas virtudes, viendo en ti, Madre, el modelo de mujer y nos has
enseñado en las palabras de estos días a ser la mujer que finalmente
pregunta: ¿Señor qué quieres que yo haga? Señor con mi vida ¿cómo
la llevo? ¿por dónde la puedo reorientar? Y hemos sacado de cada uno
de los días seguramente propósitos, diferentes, bonitos, hermosos.
Propósitos que con mucha ilusión nos hacen ver, nos hacen visualizar
de nosotras mismas una nueva mujer, una mejor mujer. Una mujer más
feliz, una mujer más llena de Dios. Una mujer que sea capaz de vivir,
de iluminar esa vida concreta que conocemos.
Nos hemos despegado estos 10 días, y conocemos
lo bueno, lo positivo, también conocemos las dificultades que nos
ofrece nuestra vida en familia, pero la Virgen de Guadalupe nos ha
enseñado a que podemos transformar, a que ahí podemos ser felices,
a que ahí podemos realizarnos, como la mujer que Ella quiere. Hemos
aprendido porque la Virgen María nos lo enseña: escuchen a mi Hijo,
diría el Padre Celestial, mi Hijo muy amado. Y dirá después
la Virgen María: hagan lo que Él les diga, hagan lo que mi Hijo
les diga.
¿Cuántas peregrinas en estos días? ¡qué felices
nos pasamos estos días! ¿por qué ya se van acabar? ¿por qué tienen
que llegar a su fin? Si aquí nos hemos visto como hermanas. Si aquí
nos hemos solidarizado con aquella que sufre, que trae una pena muy
grande. Si no hemos solidarizado apoyando aquella que ha tropezado,
que se ha caído, se ha fracturado algún pie, una mano, nos hacemos
solidarios, nos preocupamos. ¿Para qué? ¿por qué se tiene que acabar
estos momentos tan hermosos? Iba a recordar: nos preocupamos por que
a Toño lo quemó el toro. Por todo, nos preocupa hasta aquel, aquella
hermana con la que a veces no tenemos en cuenta en la vida ahí en
nuestras comunidades, en nuestra familia: le pasó esto, pues, que
Dios le ayude y nada más.
Hace unos días, en la transfiguración hace 2
días, la transfiguración del Señor allá en el Monte Tabor: aquellos
discípulos testigos de la transformación de Jesús dialogando con Moisés
y Elías, ya no querían bajar del monte ¿para qué nos vamos aquí esta
re bien? vamos hacer 3 chozas, vamos a quedarnos, pero tuvieron que
bajar. Cuando Jesús resucita, también, aquellos discípulos ¿qué hacen
ahí parados?
La
Virgen María, nuestra Madre de Guadalupe nos enseña cuando recibe
esa transformación. Cuando recibe el ser de Madre de Dios. Cuando
acepta gustosa: hágase en mí según tu Palabra. Va, visita a
su prima santa Isabel. Va y comparte la alegría. Va y visita porque
quiere provocar que los demás también pronuncien ese: sí, decidido,
hágase en mí según tu Palabra.
Hermanas peregrinas, estos 10 días de alegría
del encuentro con la Santísima Virgen de Guadalupe, que nos lleva
al encuentro de su Hijo. Han venido de menos a más. El análisis qué
quiero, qué busco en esta peregrinación, después poco a poco 4 o 5
días la confesión de la mayoría, algunas en el séptimo, octavo, noveno
día: yo no quería finalmente el Señor me ha llamado, me ha movido
el corazón y me he acercado también a la reconciliación.
Hemos llegado al culmen en estos últimos días
la mayoría con la sagrada Comunión. La Palabra nos ha iluminado, nos
ha dado esperanzas de que con ese esposo, con ese hermano, con esos
hijos podemos ser felices. Hoy vamos motivadas, no esperamos que ellos
tengan la motivación de cada una de nosotras. Ellos están allá en
su vida normal, posiblemente no tengan ni el mínimo interés de cambiar,
de mejorar el ambiente, de vida, de felicidad en la familia, pero
nosotros sí y no podemos dejarnos vencer por aquel hermano, por aquel
esposo, por aquel papá que no quiere cambiar, que quiere seguir igual.
No cambian los caminos, no cambian las travesías, no cambian esos
tramos, que a veces son un reto. No cambian, pero nosotros nos sobreponemos
a esos caminos, a esas travesías, a la lluvia, al sol. Nos sobreponemos,
ellos no cambian y aunque no cambien los atravesamos, los caminamos,
que esto nos enseñe a que nuestra familia, también nosotras seas promotoras
del cambio. Que no nos dejemos vencer en esa comunión, en ese encuentro,
en esa amistad peregrina con la Virgen de Guadalupe, con Jesús su
hijo, que momentos tan hermoso, quisiéramos que viviéramos siempre
en este ambiente. La comunión, el perdón, el ayudar, el apoyar.
Pero a esto sigue bajar del Cerro del Tepeyac
y venir al encuentro, venir a esta casa donde, como a nosotras, ¿a
cuántas personas la Virgen de Guadalupe nos encuentra, nos reanima,
nos fortalece, nos recibe con esas penas, con esas preocupaciones
tan grandes que a veces traemos y nos las transforma? Se baja del
Cerro del Tepeyac, bajemos también de nuestra peregrinación ha terminado,
pero con gusto vayamos no nos desanimemos al primer gesto: todo sigue
igual en mi casa, igual que el día que me fui. Allá está igual, pero
nosotros nos hemos transformado, Jesucristo Palabra, amor a Santa
María de Guadalupe nos ha transformado. Vayamos a la misión, vayamos
al encargo, imitemos a la Virgen María que va con esa historia que
le pide realice. Y se alegra y acompaña a Jesús, su Hijo, en los momentos
de gran alegría, de gran júbilo, y también sufre en los momentos de
dolor de su Hijo.
Veamos en Santa María de Guadalupe el reflejo,
la invitación a que vivíamos las alegrías de nuestra familia, las
gocemos, las disfrutemos y que nos motiven, también, para enfrentar
para superar con ellos los problemas, los obstáculos, la falta de
colaboración que hay allá en nuestras familias. No todo es negro lo
hemos analizado, cuántas cualidades hay en nuestros hogares sólo que
a veces nos pesan mucho aunque sea el 5 % de defectos, nos apachurra,
nos desarma, pero el caminar cada jornada. Aquellas primeras 4, las
que salieron el día 29 a las 2:00 a.m., y las siguientes del 30, 31,
ustedes las conocen, fue un gran reto y aunque nos disminuyen el cansancio,
el calor, las ampollas y lo que ustedes conocen ¿quién de ustedes
se vence? ¿quién de ustedes dice ya no puedo? Sí puedo, los cantos
un gran reto, este caminito, esta jornadita y otras 20 más. Estas
10 jornadas y otras 20 más.
Que eso lo hagamos también allá en nuestra familia
viendo siempre a María, viendo siempre a Jesús. Recordando lo que
en estos días en nuestra confesión, en la plática que nos iluminó,
esta fue para mí, esta me hace sentir que yo también puedo superar,
también puede hacer presente el papel salvador de la Virgen de Guadalupe
en mi casa, en mi México. El papel salvador de Jesucristo, su Hijo.
Iluminados por este mensaje de la Palabra continuemos
dándole gracias a Dios y viviendo la alegría por estar con nuestra
Mamá Lupita, como de cariño le llamamos.