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Homilía
pronunciada por Mons. Pedro Pablo Elizondo Cárdenas, L.C., Obispo Prelado de la
Prelatura de Cancún-Chetumal, en ocasión de la peregrinación de su prelatura, a la Basílica de Guadalupe.

28 de julio de 2009

“YO SOY EL BUEN PASTOR, EL BUEN PASTOR DA LA VIDA POR SUS OVEJAS”

Que hermosa providencia tener la gracia y la bendición de una ordenación sacerdotal precisamente a los pies de nuestra madrecita del cielo, aquí precisamente en las faldas del cerro del Tepeyac, en el templo que ella pidió que le construyeran, aquí en este precioso lugar emblemático, corazón espiritual de México,  donde ella nos prometió a los mexicanos prodigar toda su ternura y cariño de Madre amantísima de verdaderísimo Dios por quien se vive.  Que hermosa providencia una ordenación sacerdotal al inicio del año sacerdotal. Todo un año dedicado a la oración por la santidad de los sacerdotes, todo un año dedicado a redescubrir el valor, la identidad  y la misión específica del sacerdote de Jesucristo en el mundo de hoy.  Que hermosa providencia el regalo del cielo de estos dos nuevos sacerdotes que ni nacieron y ni se formaron en nuestra querida prelatura pero que la providencia y amor de Dios quiso llevarlos a nuestra tierra de Quintana Roo. Saludo con mucho afecto a todos los peregrinos que además de venir a ver, visitar y consagrarse a la virgen Santísima de Guadalupe en este año han venido a acompañar a estos hermanos nuestros que están a punto de recibir su ordenación sacerdotal. Saludo con profundo afecto y agradecimiento a todos los familiares y amigos que tanto han apoyado la vocación de nuestros queridos hermanos Miguel Ángel Catzin Quijano y Jesús González Herrera que están a punto de ser configurados con Cristo y participar del sumo y eterno sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo.

Antes de recibir tan sublime investidura conviene que nos paremos un momento a considerar cuál es el papel y la función específica de un sacerdote en la vida de la iglesia y cuál es el perfil del corazón sacerdotal que se necesita para poder llevar adelante esa misión sacerdotal. De las lecturas que acabamos de escuchar deducimos que el sacerdote es un hombre como los demás con todas sus debilidades y limitaciones como cualquier ser humano común y corriente. Dice la carta a los hebreos que él mismo está envuelto en debilidades y dice el profeta Jeremías. “Mira que soy un muchacho y no sé hablar”. Pero al mismo tiempo vemos que el sacerdote es un hombre revestido con un poder enteramente singular: “No digas son un muchacho, porque irás a donde yo te mande y dirás lo que yo te mande y yo estoy contigo para protegerte y desde hoy pongo en tus labios mis palabras” Nadie puede arrogarse este honor y esta dignidad pues es Dios el que llama y quien la confiere. Revestido con lo poderes sublimes de consagrar el pan y el vino, de perdonar los pecados y de hacer llegar la gracia al corazón de los fieles el sacerdote tiene una función insustituible para la realización actual de la misión salvadora de Jesucristo.  Dice el Santo Cura de Ars. “Si no tuviéramos al sacerdote, no tendríamos aquí a Nuestro Señor Jesucristo. ¿Quién lo ha puesto en el sagrario? El Sacerdote. ¿Quién ha recibido nuestra alma al entrar en la vida? El sacerdote. ¿Quién la alimenta para darle fuerzas para hacer su peregrinación terrestre? El Sacerdote, ¿Quien la prepara para comparecer delante de Dios, lavándola en la sangre de Cristo? El Sacerdote, siempre el sacerdote. ¿ Y si el alma llega a morir, quien la resucita y le devuelve la tranquilidad y la paz? El sacerdote. No podemos recordar un solo beneficio de Dios, sin encontrar al lado la imagen del Sacerdote. Sin el sacerdote, la Pasión y muerte de nuestro Señor Jesucristo no nos servirían de nada.”

El sacerdote es otro Cristo en la tierra, es pontífice entre Dios y los hombres. Está revestido de poderes excepcionales que le capacitan para hacer llegar el río de la gracia a cada alma sedienta de Dios. De nada serviría la sangre de Cristo derramada en la Cruz si no hubiera sacerdotes celosos que hicieran llegar ese torrente de gracias a cada corazón necesitado de redención.  El sacerdote es una acequia llena de agua.  El sacerdote es un canal rebosante del río de la gracia. El sacerdote es como un tuvo de cobre añejo que puede ser feo, viejo, retorcido o mohoso pero que deja pasar una agua cristalina, fresca y rica. Un canal que puede dejar pasar el agua pero que también puede bloquearla y no dejarla pasar. Todo depende de que el canal sea lo suficientemente ancho, limpio y sin tapones que achiquen el caudal y lo cieguen. El sacerdote para ser un canal adecuado necesita tener ciertas actitudes específicas y típicas del corazón sacerdotal de Nuestro Señor Jesucristo que lo hacen Buen Pastor de las ovejas. Solo si tiene un corazón sacerdotal como el de Jesucristo, manso, humilde, bondadoso y puro podrá ser canal adecuado del rio de la gracia. Pero si su corazón no tiene la suficiente bondad de corazón, mansedumbre de corazón, pureza de corazón y humildad de corazón el agua viva de la gracia se puede quedar retenida y nunca llegar a su destino que es el corazón del hombre necesitado de redención. Si tiene la bondad del corazón sacerdotal las almas se acercarán gustosas a beber de la fuente de agua viva. Si tiene la humildad del corazón sacerdotal de Jesucristo dejará pasar el agua pura y cristalina de la gracia sin mancha de estorbo y agregado personal, dejará que la luz pura y la paz profunda  de Dios penetre los corazones atribulados. Si tiene las entrañas de mansedumbre y misericordia del corazón sacerdotal de Cristo entonces podrá tocar los corazones más endurecidos, los ablandará y hará que se conviertan al amor del Señor Jesús. Si tiene la pureza del corazón sacerdotal de Cristo irradiará la paz y generará la confianza que provocará el encuentro con la persona de Nuestro Señor Jesucristo.

La carta a los hebreos nos dice que es un hombre escogido para servir a los hombres en las cosas de Dios y para  ofrecer dones y sacrificios por los pecados. El sacerdote es un instrumento, un puente, un pasadizo que hace pasar o hace llegar hasta Dios las oraciones, las penas, las suplicas, las preocupaciones  y las necesidades de los hombres pero sobre todo debe hacer bajar del cielo los torrentes de la gracia y de la luz y debe arrancar del cielo todas las gracias que los hombres necesitan desesperadamente. Debe asegurar por todos los medios que la sangre de Cristo no se pierda, que no se haya  derramado en vano e inútilmente. Debe asegurarse de contar con las actitudes necesarias  del corazón sacerdotal para que el caudal de la gracia no se estreche, no se  achique tanto que hasta pueda llegar a cegarse. La fuente no se seca, está siempre rebosante pero el agua no llega si está bloqueado el canal del río de la gracia.

La imagen del buen pastor que da la vida por las ovejas nos completa y culmina el perfil del corazón sacerdotal con la última de las actitudes necesarias: la generosidad sin límites hasta dar la propia vida por el bien de las ovejas. Jesús es el buen pastor que  conoce a sus ovejas y las ovejas oyen su voz. Llama a sus ovejas por su nombre y las saca fuera y las conduce a pastos abundantes. Va delante de ellas y sus ovejas le siguen, porque conocen su voz. El buen pastor no deja solas ni un momento a las ovejas y no huye cuando ve venir el lobo. El buen pastor viene para que tengan vida  y la tengan en abundancia. El buen pastor es aquel que sobre todo es capaz de dar la vida por las ovejas. Todo sacerdote que no pasa por esta medida, que no pasa por esta puerta, que no calca en su vida estas mismas actitudes del buen pastor es un asalariado, un ladrón, un salteador y un farsante. Solo hay  un sacerdocio y solo hay un sacrificio, solo un buen pastor, Jesucristo que da la vida por sus ovejas. Quienes estamos llamados a participar de su sacerdocio  ofreciendo su sacrificio estamos obligados a calcar su imagen de buen pastor, estamos obligados  a configurarnos con el único pastor de las ovejas Cristo Jesús.

La generosidad sin límites completa las actitudes del corazón sacerdotal que se requiere para que la gracia llegue a las almas. Igual que el Buen Pastor, todos los sacerdotes estamos llamados a dar la vida por las ovejas en el servicio diario  incansable, gratuito, desinteresado y con absoluta pureza de intención como el santo cura de Ars  modelo luminoso de entrega incansable e incondicional al servicio del pueblo de Dios.

Queridos hermanos Miguel Ángel y Jesús, antes de recibir en unos momentos el don inmerecido e inapreciable del sacerdocio de Jesucristo, les invito a renovar su compromiso de buscar siempre y por todos los medios configurar su corazón según las actitudes precisas del corazón sacerdotal manso y humilde, bondadoso y puro,  generoso sin límites de Nuestro Señor Jesucristo para que puedan cumplir fielmente la misión trascendente que el Señor les encomienda. Como sacerdotes, conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo, seguirlo más de cerca es una gracia singular y transparentarlo y transmitir este tesoro que llevamos en vasos de barro es la misión más bella que el Señor nos ha encomendado. Conocer a Jesús es el mejor regalo que hemos recibido, haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos ha pasado en la vida pero darlo a conocer con nuestras palabras, con nuestras obras y con nuestro testimonio claro, nítido y luminoso en nuestro ministerio sacerdotal es la plenitud de nuestro gozo, es la satisfacción más profunda de nuestra alma  y es el mejor servicio que podemos ofrecer a nuestros hermanos sedientos de amor, de verdad, de paz y de sentido para sus vidas.

Quiero aprovechar estos momentos tan solemnes y significativos de nuestra peregrinación anual a este santuario nacional de Nuestra Señora de Guadalupe para declarar a nuestra prelatura en estado de Misión Permanente. Hemos ya recorrido una primera etapa de la misión continental, hemos estado dando los primeros pasos de sensibilización y animación. Hemos podido convocar, motivar y enviar a numerosos hermanos laicos en diferentes misiones a lo largo del año.  En semana Santa salieron a misionar 6129 misioneros laicos por todo el territorio de nuestro estado de Quintana Roo y en la marcha misionera maya en Carrillo Puerto nos juntamos cerca de cuatro mil misioneros y ahora esperamos que en cada parroquia se vayan repitiendo los envíos, se vayan formando los misioneros parroquiales, se les  vaya dando el kerigma y enseñándoles la lectio divina y se vaya estableciendo esa modalidad del compromiso misionero permanente.  Ahora nos toca la misión parroquial permanente. No nos podemos quedar codiciosamente solo para nosotros mismos con el tesoro que hemos recibido.  Para dar a Cristo a manos llenas necesitamos salir al encuentro de nuestros hermanos para comunicarles y compartir con ellos el don del encuentro con Cristo que ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad, de amor, de alegría, de esperanza y de paz verdadera. Necesitamos acudir en todas direcciones para proclamar que el mal y la muerte ya no tienen la última palabra y que el amor es más fuerte que el pecado y la muerte y que hemos sido liberados por la victoria pascual del Salvador de la historia, Jesucristo Nuestro Señor.

Queridos hermanos Miguel Ángel y Jesús, vamos a poner en las benditas manos orantes de la Santísima Virgen de Guadalupe el don inmenso e inmerecido de su Sacerdocio. Que ella, interceda ante el Buen Pastor de las ovejas y les conceda un corazón manso y humilde como el suyo, lleno de bondad, dulzura y pureza, de generosidad sin límites siempre entregado totalmente al servicio desinteresado y amoroso de las ovejas. Que ella les alcance todas las gracias que necesitan para perseverar en su santo servicio y ser fieles hasta la muerte. Que ellas les alcance todas las gracias para que su sacerdocio sea una acequia llena de agua, un canal rebosante de agua viva que riegue y fecundice los campos de las almas y pueda satisfacer la sed de tantas corazones sedientos de redención, de paz, de verdad y de sentido y esperanza eterna. Que al final de cada jornada de agotador trabajo pastoral experimenten el gozo de la misión cumplida siguiendo siempre muy de cerca las huellas de Jesús, el Buen Pastor que da la vida por las ovejas.

Así sea.

 
 
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