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Homilía
pronunciada por Mons. Pedro Pablo Elizondo
Cárdenas, L.C., Obispo Prelado de la Prelatura
de Cancún-Chetumal, en
ocasión de la peregrinación de su
prelatura, a la Basílica de Guadalupe.
“YO
SOY EL BUEN PASTOR, EL BUEN PASTOR DA LA VIDA POR SUS OVEJAS”
Que hermosa
providencia tener la gracia y la bendición de una ordenación
sacerdotal precisamente a los pies de nuestra madrecita del
cielo, aquí precisamente en las faldas del cerro del Tepeyac,
en el templo que ella pidió que le construyeran, aquí en este
precioso lugar emblemático, corazón espiritual de México,
donde ella nos prometió a los mexicanos prodigar toda su ternura
y cariño de Madre amantísima de verdaderísimo Dios por quien
se vive. Que hermosa providencia una ordenación sacerdotal
al inicio del año sacerdotal. Todo un año dedicado a la oración
por la santidad de los sacerdotes, todo un año dedicado a
redescubrir el valor, la identidad y la misión específica
del sacerdote de Jesucristo en el mundo de hoy. Que hermosa
providencia el regalo del cielo de estos dos nuevos sacerdotes
que ni nacieron y ni se formaron en nuestra querida prelatura
pero que la providencia y amor de Dios quiso llevarlos a nuestra
tierra de Quintana Roo. Saludo con mucho afecto a todos los
peregrinos que además de venir a ver, visitar y consagrarse
a la virgen Santísima de Guadalupe en este año han venido
a acompañar a estos hermanos nuestros que están a punto de
recibir su ordenación sacerdotal. Saludo con profundo afecto
y agradecimiento a todos los familiares y amigos que tanto
han apoyado la vocación de nuestros queridos hermanos Miguel
Ángel Catzin Quijano y Jesús González Herrera que están a
punto de ser configurados con Cristo y participar del sumo
y eterno sacerdocio de Nuestro Señor Jesucristo.
Antes de
recibir tan sublime investidura conviene que nos paremos un
momento a considerar cuál es el papel y la función específica
de un sacerdote en la vida de la iglesia y cuál es el perfil
del corazón sacerdotal que se necesita para poder llevar adelante
esa misión sacerdotal. De las lecturas que acabamos de escuchar
deducimos que el sacerdote es un hombre como los demás con
todas sus debilidades y limitaciones como cualquier ser humano
común y corriente. Dice la carta a los hebreos que él mismo
está envuelto en debilidades y dice el profeta Jeremías. “Mira
que soy un muchacho y no sé hablar”. Pero al mismo tiempo
vemos que el sacerdote es un hombre revestido con un poder
enteramente singular: “No digas son un muchacho, porque irás
a donde yo te mande y dirás lo que yo te mande y yo estoy
contigo para protegerte y desde hoy pongo en tus labios mis
palabras” Nadie puede arrogarse este honor y esta dignidad
pues es Dios el que llama y quien la confiere. Revestido con
lo poderes sublimes de consagrar el pan y el vino, de perdonar
los pecados y de hacer llegar la gracia al corazón de los
fieles el sacerdote tiene una función insustituible para la
realización actual de la misión salvadora de Jesucristo.
Dice el Santo Cura de Ars. “Si no tuviéramos al sacerdote,
no tendríamos aquí a Nuestro Señor Jesucristo. ¿Quién lo ha
puesto en el sagrario? El Sacerdote. ¿Quién ha recibido nuestra
alma al entrar en la vida? El sacerdote. ¿Quién la alimenta
para darle fuerzas para hacer su peregrinación terrestre?
El Sacerdote, ¿Quien la prepara para comparecer delante de
Dios, lavándola en la sangre de Cristo? El Sacerdote, siempre
el sacerdote. ¿ Y si el alma llega a morir, quien la resucita
y le devuelve la tranquilidad y la paz? El sacerdote. No podemos
recordar un solo beneficio de Dios, sin encontrar al lado
la imagen del Sacerdote. Sin el sacerdote, la Pasión y muerte
de nuestro Señor Jesucristo no nos servirían de nada.”
El sacerdote
es otro Cristo en la tierra, es pontífice entre Dios y los
hombres. Está revestido de poderes excepcionales que le capacitan
para hacer llegar el río de la gracia a cada alma sedienta
de Dios. De nada serviría la sangre de Cristo derramada en
la Cruz si no hubiera sacerdotes celosos que hicieran llegar
ese torrente de gracias a cada corazón necesitado de redención.
El sacerdote es una acequia llena de agua. El sacerdote es
un canal rebosante del río de la gracia. El sacerdote es como
un tuvo de cobre añejo que puede ser feo, viejo, retorcido
o mohoso pero que deja pasar una agua cristalina, fresca y
rica. Un canal que puede dejar pasar el agua pero que también
puede bloquearla y no dejarla pasar. Todo depende de que el
canal sea lo suficientemente ancho, limpio y sin tapones que
achiquen el caudal y lo cieguen. El sacerdote para ser un
canal adecuado necesita tener ciertas actitudes específicas
y típicas del corazón sacerdotal de Nuestro Señor Jesucristo
que lo hacen Buen Pastor de las ovejas. Solo si tiene un corazón
sacerdotal como el de Jesucristo, manso, humilde, bondadoso
y puro podrá ser canal adecuado del rio de la gracia. Pero
si su corazón no tiene la suficiente bondad de corazón, mansedumbre
de corazón, pureza de corazón y humildad de corazón el agua
viva de la gracia se puede quedar retenida y nunca llegar
a su destino que es el corazón del hombre necesitado de redención.
Si tiene la bondad del corazón sacerdotal las almas se acercarán
gustosas a beber de la fuente de agua viva. Si tiene la humildad
del corazón sacerdotal de Jesucristo dejará pasar el agua
pura y cristalina de la gracia sin mancha de estorbo y agregado
personal, dejará que la luz pura y la paz profunda de Dios
penetre los corazones atribulados. Si tiene las entrañas de
mansedumbre y misericordia del corazón sacerdotal de Cristo
entonces podrá tocar los corazones más endurecidos, los ablandará
y hará que se conviertan al amor del Señor Jesús. Si tiene
la pureza del corazón sacerdotal de Cristo irradiará la paz
y generará la confianza que provocará el encuentro con la
persona de Nuestro Señor Jesucristo.
La carta
a los hebreos nos dice que es un hombre escogido para servir
a los hombres en las cosas de Dios y para ofrecer dones y
sacrificios por los pecados. El sacerdote es un instrumento,
un puente, un pasadizo que hace pasar o hace llegar hasta
Dios las oraciones, las penas, las suplicas, las preocupaciones
y las necesidades de los hombres pero sobre todo debe hacer
bajar del cielo los torrentes de la gracia y de la luz y debe
arrancar del cielo todas las gracias que los hombres necesitan
desesperadamente. Debe asegurar por todos los medios que la
sangre de Cristo no se pierda, que no se haya derramado en
vano e inútilmente. Debe asegurarse de contar con las actitudes
necesarias del corazón sacerdotal para que el caudal de la
gracia no se estreche, no se achique tanto que hasta pueda
llegar a cegarse. La fuente no se seca, está siempre rebosante
pero el agua no llega si está bloqueado el canal del río de
la gracia.
La imagen
del buen pastor que da la vida por las ovejas nos completa
y culmina el perfil del corazón sacerdotal con la última de
las actitudes necesarias: la generosidad sin límites hasta
dar la propia vida por el bien de las ovejas. Jesús es el
buen pastor que conoce a sus ovejas y las ovejas oyen su
voz. Llama a sus ovejas por su nombre y las saca fuera y las
conduce a pastos abundantes. Va delante de ellas y sus ovejas
le siguen, porque conocen su voz. El buen pastor no deja solas
ni un momento a las ovejas y no huye cuando ve venir el lobo.
El buen pastor viene para que tengan vida y la tengan en
abundancia. El buen pastor es aquel que sobre todo es capaz
de dar la vida por las ovejas. Todo sacerdote que no pasa
por esta medida, que no pasa por esta puerta, que no calca
en su vida estas mismas actitudes del buen pastor es un asalariado,
un ladrón, un salteador y un farsante. Solo hay un sacerdocio
y solo hay un sacrificio, solo un buen pastor, Jesucristo
que da la vida por sus ovejas. Quienes estamos llamados a
participar de su sacerdocio ofreciendo su sacrificio estamos
obligados a calcar su imagen de buen pastor, estamos obligados
a configurarnos con el único pastor de las ovejas Cristo Jesús.
La generosidad
sin límites completa las actitudes del corazón sacerdotal
que se requiere para que la gracia llegue a las almas. Igual
que el Buen Pastor, todos los sacerdotes estamos llamados
a dar la vida por las ovejas en el servicio diario incansable,
gratuito, desinteresado y con absoluta pureza de intención
como el santo cura de Ars modelo luminoso de entrega incansable
e incondicional al servicio del pueblo de Dios.
Queridos
hermanos Miguel Ángel y Jesús, antes de recibir en unos momentos
el don inmerecido e inapreciable del sacerdocio de Jesucristo,
les invito a renovar su compromiso de buscar siempre y por
todos los medios configurar su corazón según las actitudes
precisas del corazón sacerdotal manso y humilde, bondadoso
y puro, generoso sin límites de Nuestro Señor Jesucristo
para que puedan cumplir fielmente la misión trascendente que
el Señor les encomienda. Como sacerdotes, conocer a Jesucristo
por la fe es nuestro gozo, seguirlo más de cerca es una gracia
singular y transparentarlo y transmitir este tesoro que llevamos
en vasos de barro es la misión más bella que el Señor nos
ha encomendado. Conocer a Jesús es el mejor regalo que hemos
recibido, haberlo encontrado nosotros es lo mejor que nos
ha pasado en la vida pero darlo a conocer con nuestras palabras,
con nuestras obras y con nuestro testimonio claro, nítido
y luminoso en nuestro ministerio sacerdotal es la plenitud
de nuestro gozo, es la satisfacción más profunda de nuestra
alma y es el mejor servicio que podemos ofrecer a nuestros
hermanos sedientos de amor, de verdad, de paz y de sentido
para sus vidas.
Quiero
aprovechar estos momentos tan solemnes y significativos de
nuestra peregrinación anual a este santuario nacional de Nuestra
Señora de Guadalupe para declarar a nuestra prelatura en estado
de Misión Permanente. Hemos ya recorrido una primera etapa
de la misión continental, hemos estado dando los primeros
pasos de sensibilización y animación. Hemos podido convocar,
motivar y enviar a numerosos hermanos laicos en diferentes
misiones a lo largo del año. En semana Santa salieron a misionar
6129 misioneros laicos por todo el territorio de nuestro estado
de Quintana Roo y en la marcha misionera maya en Carrillo
Puerto nos juntamos cerca de cuatro mil misioneros y ahora
esperamos que en cada parroquia se vayan repitiendo los envíos,
se vayan formando los misioneros parroquiales, se les vaya
dando el kerigma y enseñándoles la lectio divina y se vaya
estableciendo esa modalidad del compromiso misionero permanente.
Ahora nos toca la misión parroquial permanente. No nos podemos
quedar codiciosamente solo para nosotros mismos con el tesoro
que hemos recibido. Para dar a Cristo a manos llenas necesitamos
salir al encuentro de nuestros hermanos para comunicarles
y compartir con ellos el don del encuentro con Cristo que
ha llenado nuestras vidas de sentido, de verdad, de amor,
de alegría, de esperanza y de paz verdadera. Necesitamos acudir
en todas direcciones para proclamar que el mal y la muerte
ya no tienen la última palabra y que el amor es más fuerte
que el pecado y la muerte y que hemos sido liberados por la
victoria pascual del Salvador de la historia, Jesucristo Nuestro
Señor.
Queridos
hermanos Miguel Ángel y Jesús, vamos a poner en las benditas
manos orantes de la Santísima Virgen de Guadalupe el don inmenso
e inmerecido de su Sacerdocio. Que ella, interceda ante el
Buen Pastor de las ovejas y les conceda un corazón manso y
humilde como el suyo, lleno de bondad, dulzura y pureza, de
generosidad sin límites siempre entregado totalmente al servicio
desinteresado y amoroso de las ovejas. Que ella les alcance
todas las gracias que necesitan para perseverar en su santo
servicio y ser fieles hasta la muerte. Que ellas les alcance
todas las gracias para que su sacerdocio sea una acequia llena
de agua, un canal rebosante de agua viva que riegue y fecundice
los campos de las almas y pueda satisfacer la sed de tantas
corazones sedientos de redención, de paz, de verdad y de sentido
y esperanza eterna. Que al final de cada jornada de agotador
trabajo pastoral experimenten el gozo de la misión cumplida
siguiendo siempre muy de cerca las huellas de Jesús, el Buen
Pastor que da la vida por las ovejas.
Así sea.
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