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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. José Luis Amezcua Melgoza, Obispo de la Diócesis de Colima, en ocasión de la peregrinación de su diócesis, a la Basílica de Guadalupe.

15 de octubre de 2009

Hermanos y hermanas de la Diócesis de Colima, hermanos, todos. Nos reunimos para celebrar esta Eucaristía en esta Basílica, Santuario de nuestra Señora de Guadalupe, para presentarles todas nuestras necesidades, para darle gracias por todos aquellos dones que nos ha conseguido.

Queremos ofrecer esta Eucaristía juntamente con las necesidades de toda la diócesis. Presentando también al Señor nuestra súplica por un seminarista, que anoche murió estando a un paso de la Ordenación Sacerdotal. En este mismo momento en la ciudad de Colima se celebra su funeral.

Salve, Madre de Misericordia, Madre de esperanza y de gracia.

Aquí estamos Madre de Guadalupe tus hijos que vienen de otras tierras para estar contigo, como otros muchos a lo largo del año hoy llegamos, también nosotros a ver tu rostro, a estar contigo. Aquí donde encontramos la ternura y el amor de Dios en tu rostro. Venimos de las tierras que están bañadas por las aguas del Pacífico y que nos regalan la blanca sal, que da sabor a nuestros alimentos. Venimos de los pueblos que se encuentran rodeando los volcanes, el de nieve y el de fuego. Llegamos, también, del centro del Estado de Colima donde el verde de la naturaleza cobija nuestros pueblos y ciudades y asoma por doquier la sabrosa fruta de sus árboles frutales, cual si fuese un paraíso. Venimos Madre de los 10 municipios de Colima y de los 8 del Estado de Jalisco.

Sabemos que podemos encontrar el rostro de tu Hijo en muchos lugares, de manera especial en la Eucaristía y en la Palabra Santa, pero también sabemos si queremos reconocerlo en tu rostro de Madre que lo llevó en su seno desde el momento feliz para nosotros, en el que pronunciaste tu sí en Nazaret ante la mirada perpleja del arcángel Gabriel y el coro de ángeles que esperaban que tus labios se abrieran para escuchar tus palabras: hágase en mí según tu Palabra.

En ti Madre de Guadalupe vemos el mensaje esencial del Evangelio, que nos trae el amor completo de Dios - Padre y que se manifiesta en Jesús tu Hijo. En el rostro de Jesús, descubrimos toda la misericordia del Padre; que siempre espera; que siempre perdona; que siempre hace fiesta porque este hijo mío estaba perdido y lo hemos encontrado. Por esto nos alegramos al recordar que estamos en el hueco de tu manto, que nos miras con amor tierno y nos cobijas siempre con tu manto, por esto acudimos a ti diciéndote, con muchas generaciones: bajo tu amparo nos acogemos Santa Madre de Dios, somos la iglesia que peregrina en Colima y que hoy en una pequeña representación llegamos en nombre de todos los que allá vivimos para estar y conversar contigo, para darte gracias por tus dones, para poner en tus manos nuestras aflicciones y pobrezas, que crecen cada día más, para dejar también en tu regazo todas nuestras preocupaciones. A todos y cada uno de tus hijos con sus penas y alegrías. A poner en tus manos el inicio de su servicio a la comunidad de todos nuestros gobernantes para que se preocupen de verdad por el bien de tu pueblo que sufre tanto y que ya no aguanta tanta miseria. Madre nuestra estamos ante ti, déjanos mirarte para que nuestros ojos se llenen de paz, permítenos ver tus manos en oración para que aprendamos a comunicarnos con Dios. Cúbrenos con tu manto lleno de estrellas, para que se ilumine nuestro corazón y sobre todo sigue llamándonos como a Juan Diego: hijo mío el más pequeño. Porque así sabemos que tu amor no se acaba y que siempre podemos acercarnos a ti con toda la confianza de un hijo, que ve el amor de Dios en tu rostro.  Aquí estamos Madre quienes representan los 10 municipios de Colima y los 8 de Jalisco líbranos de todos los peligros oh Virgen gloriosa y bendita y enséñanos a luchar contra toda adversidad.

Sabemos Madre nuestra que en nuestro caminar como hombres y mujeres de fe deberemos preocuparnos por realizar nuestra vida a la luz de los mandatos de tu Hijo Jesucristo y que necesitamos luces que nos guíen en este camino de la vida. Estando a tu lado deseamos recordar lo que la Santa Madre Iglesia nos enseña, cuando se refiere a ti y a tu fe. Tú continuas siendo la creyente por excelencia, te conocemos como la mujer que avanzó en su peregrinaje de fe, como la que ocupas el primer puesto entre los humildes y pobres del Señor que esperan y reciben de Él confiadamente la Salvación. En ti observamos la máxima realización de la existencia cristiana, quien por su fe y obediencia a la voluntad de Dios y por su meditación constante de la Palabra y de las acciones de Jesús; eres las discípula más perfecta del Señor y por lo mismo te conviertes en el mejor modelo para nuestro caminar como cristianos.

Sabemos que nadie ha escuchado la Palabra de Dios mejor que tú, que te abriste a la Palabra divina y la pusiste en práctica con fidelidad. Sabemos que tuviste un papel único en la historia de la Salvación concibiendo, educando, acompañando a tu Hijo hasta la cruz. También, sabemos que eres imagen acabada y fiel del seguimiento de Cristo, que eres la gran misionera continuadora de la misión de tu Hijo y formadora de misioneros. Tú trajiste el Evangelio a nuestra América y constatamos con gozo, que te has hecho parte del caminar de cada uno de nuestros pueblos. Eres artífice de comunión entre nosotros y esto lo experimentamos a menudo en todos los santuarios marianos que suelen estar repletos de tus hijos que van a visitarte, tú los ayudas a mantener vivas las actitudes de atención, de servicio, de entrega y de gratitud, que deben seguir, distinguir a los discípulos de tu Hijo. Por ello muchos al llegar a tus santuarios te sienten como Madre, te sienten como Hermana sabiendo que eres imagen acabada y fiel del seguimiento de tu Hijo. Por todo esto el Papa Benedicto no dudó en exhortarnos, cuando vino Aparecida diciéndonos: permanezcan en la escuela de María, inspírense en sus enseñanzas, procuren acoger y guardar en el corazón las luces que Ella por mandato divino les envía desde el cielo.

Queremos Madre llevarte en el perfume de las flores que te traemos. Deseamos que vaya con nosotros tu bendición, que podamos continuar viendo el rostro de tu Hijo y el tuyo y seamos dignos de alcanzar las muchas gracias que nos faltan y que tú bien sabes que necesitamos. Vamos comprendiendo poco a poco, Madre, que es indispensable hacernos discípulos de tu Hijo, para vivir como debe hacerlo el auténtico creyente, porque queremos entrar cada día de modo más firme en la misión a la que somos invitados, de modo que no hagamos a un lado a ninguno de tus hijos, ni a los que se han ido, ni  a los que se llaman no creyentes, ni a los que dicen ignorar a Dios.

Queremos suplicarte que nos ayudes a ser verdaderos discípulos de Jesús. Vamos sintiendo la urgencia de que nuestras comunidades comiencen el proceso de iniciarse en la vida cristiana y que este proceso tenga como punto de partida el anuncio del Kerigma y sea guiado por la Palabra de Dios, de modo que se pueda tener un encuentro serio con Jesucristo vivo. Un encuentro que entusiasme y llene el corazón de cada uno y lo aliente a llevar este anuncio de su presencia salvadora en nuestro mundo. Si logramos ser mejores discípulos tuyos sabemos que estamos llamados a crecer cada día más, ya que nadie que conozca a Jesús y se entusiasme con Él y por Él podrá permanecer con este tesoro encerrado en su corazón. Si logramos entrar, como comunidad diocesana en este camino de la iniciación cristiana que vamos comenzando renovaremos nuestra vida comunitaria y estará vivo el carácter misionero de todos sus miembros. Si entramos en esta dinámica exigirá de todos y de cada uno de nosotros un cambio serio en nuestras actitudes de pastor, pastorales, y aparecerán paulatinamente en nuestra iglesia de Colima y en cada una de las comunidades los verdaderos discípulos de Jesús. Para ser auténticos discípulos de Jesús deberemos ponerlo a Él en el centro de nuestra vida por ser nuestro Salvador ya que es la fuente de toda madurez humana y cristiana. En segundo lugar cada discípulo se deberá conocer como auténtico si logra entender que debe asumir un cariño y compromiso grande por la oración. La comunicación con Dios, nuestro Padre, es indispensable para dar vigor a nuestra a nuestra fe y mantenerla siempre viva. Convencernos de ésta, como de una necesidad imprescindible nos llevará a alimentarnos con ella en la presencia de Jesús ante el Sagrario o en cualquier lugar y saber que sin ella nuestra vida cristiana y nuestro afán de ser auténticos discípulos se irá desdibujando. Tendremos que ser, también, amantes de la Palabra de Dios, la misma Santa Escritura nos enseña que la Palabra de Dios es luz en el camino de la vida y que es viva y tan eficaz, que puede llegar hasta lo más recóndito del corazón humano.

Vale la pena recordar que si no tenemos acceso a la Palabra de Dios, sino la amamos, la leemos, la meditamos y la asimilamos, y nos la aplicamos, estaremos desconociendo el corazón de Cristo. La constancia en la lectura y meditación son, pues, requisito indispensable para el discípulo de Jesús. Para ser discípulo fiel de Jesús, no puede faltar la cercanía al Sacramento de la Reconciliación con Dios y con el hermano. El mensaje central de Jesús nos llama siempre a la conversión y la haremos de manera constante para poder gozar de la amistad con Jesús. Al mismo tiempo se exige del discípulo ser amante de la Eucaristía porque es el pan de la vida y el centro y culmen de la vida de todo creyente. Jesús, nos lo dijo muy claro: si no comen la carne del hijo del hombre y no beben su sangre no tendrán vida.

Y finalmente, hermanos, para ser discípulos de Jesús es necesario estar comprometidos en nuestra comunidad eclesial. No desear llevar nuestra vida de unión con Cristo de una manera individualista, sino haciendo vida nuestra fe con otros ya que Dios nos llama a vivir la fe como pueblo que Él mismo ha elegido. Conocemos, como desde los primeros años de la Iglesia ya se juntaban los cristianos para orar en comunidad y lo hacían, como consta en el Libro de los Hechos de los Apóstoles, con María la Madre de Jesús. Formando parte de una comunidad parroquial deberemos sentirnos urgidos para hacernos solidarios con los necesitados y practicar la caridad siempre que nos sea posible y en medio de nuestros hermanos cercanos o lejanos. Cuando nuestras parroquias seas los lugares donde se lleve a cabo la iniciación cristiana podemos gozar de comunidades más humanas y cristianas.

Estos son los sueños que queremos realizar en nuestra iglesia de Colima y en los que hay mucho que ya se van empeñando. Como hermanos y peregrinos que venimos de Colima a ver a nuestra Madre les invito a todos a que imploremos de la Santísima Virgen María de Guadalupe, que nos proteja y nos aliente para ser cristianos comprometidos en esta tarea evangelizadora. Y que podamos formar estas comunidades vivas y dinámicas que deseamos para que los valores de nuestra fe sean vividos con alegría en todas las comunidades de nuestra iglesia diocesana.

Digámosle a la Santísima Virgen María que nos ayude para que esto podamos realizarlo entre todos.

Nos ponemos de pie.

 
 
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