28 de julio de 2009
Intervienen
tres en el milagro de la multiplicación de los peces y los panes,
que acabamos de escuchar. Como también siguen interviniendo tres en
todos los milagros que Cristo sigue haciendo entre su pueblo el día
de hoy. Como intervienen tres en nuestra Diócesis de Piedras Negras,
en toda la labor que nuestro Buen Dios realiza a través de la Iglesia.
Mis
muy queridos padres de la diócesis, mis muy queridas religiosas y
mis muy queridos fieles laicos, vamos a reflexionar juntos, un momentito,
acerca de estas tres intervenciones para que se dé el milagro.
¿Cuál
es la primera? el joven que trae cinco panes y tres peces, un joven,
un laico generoso, que pone a la disposición de Cristo todo lo que
tiene, todo lo que trae. Generosidad que representa a la generosidad
de tantos laicos a lo largo de la historia de la Iglesia, que ponen
todo lo que está en su persona a la causa del Evangelio y al servicio
de Cristo. Un joven, un laico que traía cinco panes y dos peces es
la ocasión para que se realice el milagro, y no dice: aquí están dos
de mis panes y uno de mis panes, no, Señor aquí está todo.
¿A
quién escogió la Santísima Virgen de Guadalupe para hacerse presente
en nuestra patria? A un laico, a Juan Diego, a un hombre que con la
misma generosidad que aquel joven del Evangelio, también, puso toda
su persona, toda su sencillez, toda su humildad, todo su tiempo, todas
sus fuerzas para la causa de Dios a través de nuestra Señora.
Dichosos
nosotros, padres, que tenemos laicos de esta valía. Dichosos ustedes
laicos, felicidades, todos aquellos y ustedes que ponen al servicio
de Dios, ahí en su parroquia, en su comunidad, en la sociedad, en
tantas partes ponen su persona, sus conocimientos, su fe, su tiempo,
sus cualidades, todo lo que tienen, para que Dios por medio de eso
haga maravillas. Nunca agradeceremos suficientemente a Dios mis queridos
padres. Nunca agradeceremos suficientemente a Dios por los laicos
con los que Él nos bendice y nos ha bendecido.
No
saben lo feliz que me siento, como Obispo de la Diócesis de Piedras
Negras, por ustedes, por los que incansablemente se entregan por el
bien de la Iglesia, como ese joven del Evangelio, como Juan Diego
en nuestra patria. Síganse entregando así, en sus diferentes movimientos
y grupos para que la causa de Dios a través de la Iglesia siga trabajándose
y sigamos extendiendo su reino.
Segundo
que intercede en el milagro. Los apóstoles: Felipe se acerca a Cristo,
uno de los apóstoles; Andrés se acerca a Cristo y es Cristo quien
por medio de los apóstoles se entera de aquel joven. Y es Cristo que
por medio de los apóstoles les dice que organicen a aquellos seguidores
suyos para realizar el milagro. Yo veo en esos apóstoles a nuestros
sacerdotes, si les digo a los padres que los felicito por los laicos
de que tenemos. Les digo a ustedes mis queridos laicos que los felicito
y que me felicito por los sacerdotes que tenemos. Por medio de aquellos
apóstoles llegó lo que el joven tenía a Cristo y lo que Cristo le
quería dar al pueblo a todos los seguidores, ellos fueron los intermediarios,
los intercesores, de los laicos para Cristo y de Cristo para los laicos.
¿De quién se ha valido la Santísima Virgen de Guadalupe aquí en México
para que Cristo llegue a los hijos que tanto ama nuestra Santísima
Madre principalmente de sus sacerdotes? de los misioneros, de los
diocesanos, de tantos sacerdotes que dan su vida al servicio de Dios
en la entrega a sus hermanos. ¿De quién se vale el Señor en nuestra
diócesis para llegar a ustedes los laicos? de los sacerdotes. ¿De
quién se vale el Señor para recibir de ustedes los laicos el perdón
de los pecados? de sus sacerdotes.
Orgullosos
y felices de nuestros sacerdotes hoy los presentamos a Dios a los
que están aquí, pero también a los que todos ellos simbolizan. A todos
los padres de nuestra Diócesis de Piedras Negras en este Año Sacerdotal.
Y nos sentimos orgullosos de ellos y felices por ellos. Y le decimos
hoy al Señor por medio de la Santísima Virgen: multiplícalos, santifícalos,
bendícelos, ilumínalos, guíalos, acompáñalos para que sigan siendo
como el Buen Pastor; los sacerdotes que necesitamos en nuestra Iglesia.
Tercero,
y último. Ya está presente el joven que trae los panes y los panes,
ya están presentes los apóstoles que son ese enlace entre él y Cristo
¿quién es? ¿quién hace que suceda el milagro? Jesucristo, Él es el
Señor, el Hombre-Dios, el Dios-Hombre, el que hace posible que aquellos
cinco panes y dos peces alcancen para los miles que siguen a Cristo.
Es Cristo quien en nuestra Tierra ha hecho posible que su Santísima
Madre desde su aparición, hasta nuestros días haya seguido obteniendo
de Él, de Jesús, todos los favores para nuestro pueblo y para nuestra
Iglesia.
Nuestra
Iglesia es cristocéntrica, es Cristo el centro de ella, sí por María
a Jesús. Es Cristo nuestro Redentor, nuestro Salvador, nuestro Buen
Pastor, quien allá en la montaña realiza el milagro de la multiplicación,
Él mismo que aquí en nuestra tierra sigue también realizando tantos
y tantos milagros, que en nuestro pueblo se presentan y lo hace, sí,
por mediación de la Santísima Virgen. ¿Quién es en nuestra diócesis
quien nos sigue llevando adelante en nuestro caminar pastoral? Cristo-Buen
Pastor, Cristo- Sacerdote. El mismo Cristo que está en nuestra parroquia.
El mismo Cristo que nos acompañó durante el viaje a venir aquí. El
mismo Cristo que hoy está presente a través de su Palabra. El mismo
Cristo que hoy recibiremos en la comunión. El mismo Jesús que es el
centro de nuestra historia y el centro de nuestra Iglesia.
Aquí
estamos laicos, sacerdotes y Cristo, así como estuvieron en aquel
monte donde se realizó el milagro. Así como estamos presentes en nuestra
diócesis, aquí estamos presentes en la Basílica de Guadalupe ante
nuestra Santísima Madre. Cristo el Señor, nuestros queridos sacerdotes
y nuestros queridos fieles. Que está presencia de todos nosotros el
día de hoy venga a ser un signo más del caminar de nuestra iglesia
diocesana. Que esta presencia siga siendo un signo más del caminar
de nuestra Iglesia en México. Y que de esta forma así como en aquel
entonces se realizó el milagro, hoy también obtengamos de Cristo por
la intercesión de la Santísima Virgen los milagros a que venimos a
solicitarle, los milagros que necesitamos en nuestra persona, en nuestra
familia, en nuestra Iglesia y en nuestra sociedad y que así sigamos
siendo un signo muy claro para nuestro tiempo y para nuestro pueblo
de lo que se puede lograr, cuando juntos laicos, sacerdotes y Cristo
en la Santísima Virgen nos proponemos. Por aquel milagro de entonces
y por todos los que se han dado y se siguen dando en nuestro tiempo.
Hoy
le decimos a nuestra Santísima Madre, junto con Ella, nuestro Cristo:
¡Gracias!
Puestos
todos de pie y con un aplauso muy caluroso, que lo escuche hasta el
cielo.