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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por Mons. José Luis Chávez Botello, Arzobispo de la Arquidiócesis de Antequera-Oaxaca, en ocasión de la peregrinación de su arquidiócesis, a la Basílica de Guadalupe.

12 de mayo de 2010

¡Alégrate María, el Señor está contigo!

Un saludo que muchos en Israel, los hombres y mujeres de fe, recogían desde el Antiguo Testamento: el Señor está contigo. Un saludo que hacia tomar conciencia de una misión. Un saludo que de ordinario causaba extrañeza, porque a quienes solía dirigirse no eran a personas importantes de la sociedad y preparadas. Así cuando Moisés al encontrarse con Dios en el desierto, en aquella llama le envía a Egipto de donde huía por miedo. El Señor le envía para que libere a su pueblo. Moisés se preocupa, se angustia y el Señor le dirá: Yo estoy contigo, Yavhé está contigo.

Fue también a través de ese saludo por medio del ángel del Señor, aquel joven que estaba tristeando debajo de un árbol, desconsolado por la derrota y la vergüenza que había sufrido su pueblo y el ángel del Señor lo encuentra con ese saludo: levántate valiente guerrero, el Señor está contigo. Así Gedeón va a ser consciente que Dios lo elige para liberar a su pueblo aunque Moisés, aunque Gedeón, y después serán los profetas los que van a ser consientes de una misión con la garantía de que el Señor va con ellos, no obtengan miedo: Yo estoy con ustedes. María al recibir este saludo abre su corazón y pregunta, y cuando es consciente de la elección y del llamado de Dios, Ella con toda disponibilidad y con toda la entrega: he aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Hermanos, que oportunidad tenemos en este encuentro con María, con nuestra Madre aquí en su casa del Tepeyac, donde miles y millones de hombre y mujeres a través de estos siglos han reencontrado el entusiasmo; han reencontrado su identidad, han fortalecido su fe y han descubierto su misión. Son miles los hombres y mujeres desde niños en quienes el ardor de la fe se ha acrecentado y han comenzado, precisamente a contagiar con la experiencia de Dios a sus hermanos. Cuántos matrimonios, cuántos jóvenes, cuántos adolescentes y cuántos enfermos han descubierto que aún en esa etapa de la enfermedad es una elección de Dios para que más unidos a la cruz de Cristo sean la ofrenda, que desde su cama o desde una silla de ruedas saben convertir en un altar a Dios y desde ahí realizan una misión importante.

Hoy venimos de estas tierras montañosas de Oaxaca llenos de fe y como tantas generaciones venimos seguros de que aquí encontraremos luz, consuelo y fuerza. Para afrontar los grandes desafíos que tocamos y sufrimos, pero que al mismo tiempo son semilla de vida nueva. Desde la fe el Señor nos invita a ver las perspectivas de su plan. María es la que mejor nos puede ayudar abrir el corazón a este plan de Dios. Este encuentro de María, como los encuentros de fe con Ella sean un momento muy importante de nuestra vida. Los encuentros con María siempre vivifican, levantan y se proyectan, y a través de las personas que se dejan encontrar y tocar por Ella Dios proyecta y derrama muchas gracias. Así paso con Juan Diego. Así paso en Lourdes con Bernardita. Así paso en Fátima con aquellos pastorcitos. Así ha pasado con cientos de misioneros que en este lugar, aquí ante la Imagen bendita de María en esta tilma, en el ayate de Juan Diego ¿cuántos desde aquí han sido tocados? y han ido a distintos países a llevar el mensaje de Cristo, como misioneros. Es por eso que aquí en la casa de la Madre, en nuestra casa, esperamos que éste encuentro con la Virgen, con nuestra Madre fortalezca nuestra fe. Con nuestros antepasados le repetimos y la saludamos: Dios te salve María Santísima, Hija de Dios Padre, Virgen purísima antes del parto, en tus manos ponemos nuestra fe, para que la ilumines.

Es uno de los grandes vacios que tenemos en Oaxaca, nos urge una fe más cimentada e iluminada, una fe que dé signos de que esperamos, de que creyendo con fidelidad y fundamentando esta fe con la catequesis con los sacramentos y con la vivencia fraterna entorno a las parroquias, en torno a las comunidades. La esperanza aparecerá y seremos capaces  de mostrarla.

Madre de Dios Hijo, purísima en el parto, en tus manos ponemos nuestra esperanza para que la alientes, porque constatamos que no pocos de nuestros hermanos, la esperanza se está acabando que no pocos de quienes nos dirigen parecería que ya no hay esperanza. Queremos como tantos misioneros y jóvenes recuperar ese dinamismo de la fe; ese dinamismo de la esperanza; ese frescor de aquellos hombres y mujeres, que abriendo su corazón han no sólo mantenido la fe, sino que la han fortalecido y la han difundido y la han proyectado en la sociedad.

Virgen purísima después del parto, en tus manos ponemos nuestra caridad. Vemos que falta de caridad palpamos en nuestro país no es posible la caridad viva, cuando hay tanto muerto, cuando hay tanto atropello, cuando hay tanta corrupción y mentira. Vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos y muéstranos a Jesús, si el encuentro con María es capaz de levantar la fe en la esperanza y proyectar en la caridad y alentar la vocación que Dios nos ha dado, que no será con Ella dejarnos tocar por el mismo Cristo porque los encuentros con María y la compañía de María no tienen la finalidad de dejarnos con Ella. Ella quiere llevarnos a Jesús; Ella nos lleva a Cristo. Toda devoción auténtica siempre nos lleva a Cristo, más la devoción mariana, muéstranos a Jesús.

Estamos seguros que si nos dejamos tocar y encontrar por Cristo o mejor dicho que hagamos todo lo posible por recomenzar, como nos pide Aparecida, toda la vida de ese Jesucristo. A través del encuentro con Él, de un encuentro vivencial, es María la que mejor nos puede enseñar, como lo palpamos quienes estuvimos en Aparecida en este acontecimiento de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Es importante ser conscientes de que la vida cristiana no consiste en tener y en conocer algunas doctrinas, ni verdades, es mucho más que todo eso. La vida cristiana se centra en la experiencia de Jesucristo. No hay cristianos, podríamos decir: con fe madura sin la experiencia de Cristo, no ideas de Cristo, no simplemente algunos datos, no sólo devociones, no sólo tradiciones, sino que en esas tradiciones nos apoyamos para adentrarnos y caminar hacia la experiencia viva del Señor.

El pilar y columna vertebral de la vida cristiana está en ese encuentro y seguimiento de Cristo, nada sin Cristo y Cristo nos ha dejado para dejarse encontrar ha fundado esa Iglesia, principalmente en ella lo encontramos, en ella podemos conocerlo bien, en ella podemos seguirlo, en ella podemos adherirnos y optar por el Señor.

He aquí, hermanos, nuestra súplica en manos de María ponemos nuestra fe, en manos de María ponemos nuestra esperanza, en manos de Ella ponemos nuestra débil caridad para que la aliente y pueda surgir en nuestra diócesis, en cada una de las parroquias y en cada uno de los hogares católicos. Un fe más cálida, más ardiente, más dinámica, más misionera si vale la palabra. Por eso aquí junto a Ella, donde muchos se han reencontrado consigo mismos y se han reencontrado con Dios. Hoy yo, como cabeza, como obispo de esta iglesia diocesana quiero suplicarle a la Madre de Dios, que nos conceda esta gracia, para todos los niños y los niños que vienen en esta peregrinación, los vi en el caminar, con qué apertura, con que ilusión. Sean la semilla de los futuros discípulos de Jesucristo en sus hogares y que a su manera compartan, lo que hoy han visto, y lo que hoy oyen.

Ponemos en manos de la Virgen de manera especial en este año a todos nuestros jóvenes. Le suplicamos por aquellos que ya han sido marcados por el mal, por el vicio, por el crimen organizado. Dios sabe como limpiar de raíz y enderezar, pero necesita nuestra disponibilidad y colaboración. Ponemos en sus manos, especialmente, a todos los padres y madres de familia, para que puedan rescatarse los hogares, como la cuna de la vida auténtica y de la fe. Donde puedan volver a ser nuestros hogares en Oaxaca escuelas de fe, con el testimonio, pero también con la Palabra, no hasta que tengan uso de razón, desde pequeñitos irles suscitando y sembrando esas semillas del amor de Dios, de la existencia de Dios a través de los signos sencillos de marcarlos a ellos con la cruz de las imágenes y especialmente de la oración frecuente en familia y que los vean y que los lleven a los templos a que desde brazos perciban y se vayan abriendo sus ojos y su corazón a este misterio de Dios. He ahí papás y mamás su misión.

Cuántos desde este lugar con entusiasmo han partido a distintos lugares de África y de Asia, que todos hoy volvamos a los distintos rincones de nuestro Estado, de nuestra arquidiócesis, a las distintas comunidades cristianas a llevar este ardor de María. Y es María la que como a tantos puede alcanzarnos de Dios estas gracias.

En tus manos Señora ponemos nuestro Seminario, aquí presente, la esperanza de la iglesia de Oaxaca en todos estos niños, y jóvenes, en estos seminaristas. La esperanza de nosotros sacerdotes, más de los mayores, quisiéramos ver mayor número de jóvenes que decidan seguir a Cristo en el sacerdocio. Y servir a sus hermanos y gastarse la vida al servicio de los hermanos, al servicio de la fe. Por eso de manera especial, también, en este año sacerdotal ponemos en tus manos Señora a todos nuestros sacerdotes. Que los aquí presentes los representamos a todos y que les llevemos, con el testimonio y el comentario sencillo este compromiso. Queremos impulsar una iglesia misionera a unos cuantos días de Pentecostés, queremos con María intensificar la oración, como en el cenáculo en espera de ese nuevo Pentecostés para Oaxaca, en espera de toda una renovación eclesial y de los distintos miembros de este pueblo de Dios, que peregrina en esa región. Renovar nuestro sacerdocio, renovar la Vida Consagrada de tantas religiosas, que caminan con nosotros. Renovar la Vida Cristiana; renovar las buenas costumbres limpiándolas de todo aquello que las está deteriorando. Purificar e impulsar la religiosidad, la piedad popular que tanto le debemos porque a través de la piedad popular se ha mantenido y sostenido en buena parte la vida cristiana en Oaxaca. Pero es una piedad popular que por justicia debe de ser y tiene que ser cimentada con una mayor catequesis, mayor vida de los sacramentos y la experiencia de la Iglesia.

Nos urge fortalecer la identidad cristiana, que sólo se tiene y se fortalece teniendo a Cristo por cimiento. No hay Iglesia sin Cristo; no hay hogar católico sin el encuentro y el seguimiento de Cristo. Pero, también, la identidad cristiana se da y se fortalece con el sentido de Iglesia integrándose de manera concreta en la comunidad eclesial, participando de manera activa en ella.Y se muestra está identidad cristiana, cuando el bautizado, cuando el creyente comparte la fe. No hay identidad cristiana fiel sin la misión. La identidad cristiana, entonces, se finca en el encuentro y seguimiento de Cristo, en la integración y participación eclesial y en la misión.

Señora en tus manos ponemos nuestra fe, para que la ilumines. Nuestra esperanza para que la aliente, nuestra caridad. Con esta confianza, con esta seguridad podemos volver seguros de que María, estemos donde estemos, nos seguirá mirando y seguirá resonando en nosotros y en cada uno de nuestros hogares y de nuestras comunidades. No te inquiete cosa alguna ¿no estoy yo aquí que soy tu Madre? No estás en mi regazo y corres por mi cuenta. Hagan lo que Él les diga.

Volvemos, como Juan Diego, como Bernardita, como los pastorcitos contagiando a otros con esta experiencia de habernos encontrado con María y Ella nos lleva con paso firme al encuentro de Cristo.

Hermanos, que en cada misa cuando escuchemos ese saludo el Señor esté con ustedes, que recordemos que ese saludo en su origen era un llamado a sentir que era una elección de Dios y una misión. Algo nos pide el Señor y es bueno que no nos pasemos los años sin conocer, ¿qué nos pide Dios? ¿qué tenemos que hacer?

Continuamos nuestra celebración aquí, a los pies de María, que sin duda nos contempla y le pedimos, que nos contemple a todos los que están en este momento en todos aquellos rincones de nuestra arquidiócesis y sus familiares que están en otros rincones del país y de otros países.

Que nos mire, nos acompañe siempre y nos alcance de Dios lo que necesitamos.

 
 
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