27 de julio de 2010
Muy queridos
hermanos todos presentes aquí. Hermanos de todas las partes
de la Republica, seguramente han venido a la Ciudad de
México y no han querido pasar sin visitar a Nuestra Madre,
la Madre que nos une a todos los mexicanos y a todos los
que habitan en esta tierra.
Hoy hermanos venimos
desde Tabasco, somos esa tierra que como dijo el poeta,
es más agua que tierra, y las aguas son nuestra riqueza
y nuestra cultura, es la cultura del agua.
Hemos escuchado la
palabra de Dios, que nos habla en el libro del Apocalipsis
en él nos habla de este Cielo Nuevo, de esta Tierra Nueva
que es la esperanza, del perdón; cuando nos sentimos afligidos
por los problemas, dificultades, no nos desanimamos,
porque tenemos esperanza, así como el campesino siembra
su semilla del maíz, así espera pacientemente hasta que
cosecha la milpa.
Nuevamente se encuentra
la Diócesis de Tabasco en la casa de la Virgen Morena,
por eso en este día los que hemos podido venir desde haya,
desde Tabasco, venimos desde aquella tierra de la cual
canta el conquistador diciendo: “Es la mejor que
alumbra el sol”, pues nos sentimos muy contentos, como
Juan Diego en el regazo de la madre; “Nada temas ¿qué no
estoy aquí que soy tu madre?”.
Así nos dice a todos
los mexicanos que sufrimos aflicciones. Ahora por el clima
a los desastres ecológicos que se viven en el Norte, en
Veracruz, en Tabasco y en muchas partes de la República.
Hermanos de Tabasco
aquí presentes, ¿qué sería de nosotros si no tuviéramos
el consuelo y la protección de Nuestra Señora María de Guadalupe?,
¿cual sería la suerte de nuestro suelo?
Ya que es más agua que
tierra, si en los momentos del dolor y de la lucha, ella
no tuviera sus manos juntitas, si no le pidiera al Señor
por nosotros, ¿qué sería de nosotros?
Por eso con ansiedad
esperamos el momento para llegar a su casa, para contemplar
su rostro maternal, su mirada tierna, su mirada dulce, que
nos da consuelo y venimos también a escuchar la palabra
de su Hijo, como fieles discípulos para celebrar la eucaristía,
para depositar en sus manos todas la preocupaciones de los
tabasqueños y de todos los mexicanos.
¿Quiénes somos los de
Tabasco?, precisamente el libro del Apocalipsis nos habla
de avenimiento de un Cielo Nuevo y de una Tierra Nueva,
ha sido tanto el sufrimiento de esta iglesia perseguida.
Allá en los primeros siglos cuando se escribe este texto
del Apocalipsis, es la iglesia que viene de la gran tribulación
y cuyas vestiduras se han lavado en la sangre del Cordero,
y se espera un mañana distinto, así espera esa iglesia del
Apocalipsis, un mañana distinto, un amanecer nuevo.
Dios, que se hace presente,
puede cambiar la suerte de su pueblo, lo que es muchas veces
difícil para nosotros, para nuestro Padre Dios es posible.
Dios nos ama y transformara
el mundo en alegría y en danza, la tristeza en gozo, si
quisiéramos leer este texto en la situación del pueblo tabasqueño
seguramente que también tendríamos que mirar la peregrinación
de ciento treinta años de vida diocesana tantas luces y
tantas sombras, tantos pies evangelizadores que han caminado,
de sacerdotes entregados, y de obispos santos, que han dejado
huella de su alma enamorada por los pueblos y ciudades de
Tabasco.
Somos un pueblo como
aquel otro de Apocalipsis, también venimos de la gran persecución
religiosa en la que hermanos nuestros fueron capaces de
ofrendar su vida por Cristo mismo. Como es el caso del indio
Gabriel, la sangre de estos mártires no se ha derramado
inútilmente ha fertilizado a la iglesia peregrina hemos
de reconocer por lo tanto la especial acción de Dios en
los tiempos posteriores a la persecución, nos ha mandado
sacerdotes, obispos para evangelizar.
El Señor nos ha dado
un laicado promovido y entusiasta apostólico y comprometido,
nos ha regalado el Señor un trabajo de pastoral vocacional,
que poco a poco da sus frutos como el seminario que ya brotan
del árbol, sacerdotes.
La gran misión continental
es el hilo conductor de la pastoral diocesana, pero Tabasco
también sufre las consecuencias del fenómeno de la globalización
tenemos una fuerte crisis económica, el desempleo, el azote
de la inseguridad, familias de secuestrados, la violencia,
los robos, que van dejando un amiente enardecido, y nos
pone a todos en actitud interrogante, ¿Hasta cuando tenemos
que vivir así?, ¿Qué nos corresponde hacer a nosotros como
Iglesia de Dios? Aun más el creciente deterioro ecológico
ha hecho que se aumenten las inundaciones en nuestro querido
Estado de Tabasco.
La gente que vive en
las márgenes de los ríos tiene que dejar todo y vivir en
la constante zozobra, ahora en estos días en diversas comunidades
están sufriendo este desastre natural de las inundaciones
pero la palabra de Dios nos ilumina.
Hermanos, hoy queremos
presentar al Señor en esta casa de la Virgen a un Tabasco
que viene sufriendo pero que no pierde la esperanza, tenemos
confianza de que Dios cumple su promesa y no nos abandona.
La Santísima Virgen
de Guadalupe nos acompaña en nuestro camino hacia ese Cielo
Nuevo y hacia un Tabasco nuevo.
Si hemos nacido como
discípulos en el encuentro personal en Jesucristo vivo entonces
quiere decir que nosotros somos sujetos de la historia y
que con el poder del Espíritu Santo que fecundó el seno
purísimo de la Virgen, queremos nosotros podemos también
transformar nuestra tierra.
El pasaje del Evangelio
que se ha proclamado de aquellas vírgenes previsoras y las
otras no previsoras imprudentes, nos invita a una espera
vigilante con aceite suficiente para mantener encendida
nuestra lámpara, tal vez algunos ante los problemas que
tiene la diócesis, el estado, tengan la tentación de esperar
soluciones ya hechas ante los problemas que nos aquejan
quizá podríamos esperar que nuestras autoridades resolvieran
todo, pero no sería la actitud propia de los discípulos
del Señor.
La Santísima Virgen
María nos llama a la construcción de un México nuevo, aparir
de una toma de conciencia una adecuada administración de
los bienes de la familia de la tierra; no podemos nosotros
a ningún nivel gastar mientras hay hermanos que carecen
de cosas indispensables.
Nos falta ser previsores
y no esperar la llegada eminente de las aguas para buscar
soluciones, se necesitan medidas de fondo incluso nos permitan
una aprovechamiento de la riqueza del agua, desde nuestra
fe hemos de creer, crecer, en espíritu de hermandad y solidaridad.
La crisis tiene que
dar como resultado un pueblo tabasqueño más fortalecido,
madurado en la adversidad y dispuesto a enfrentar los retos
de la historia y ahora en Tabasco no tenemos obispo para
los hermanos que no son de Tabasco, nuestro obispo era don
José Castillo, que ahora es el obispo de Celaya y sigue
siendo el administrador apostólico de Tabasco, esperamos
a un nuevo obispo.
Doce han sido los obispos
hasta ahora que han pastoreado nuestra iglesia. Ciertamente
cada uno ha dejado su huella en el embellecimiento de esta
novia que se prepara para su esposo Cristo.
Tenemos necesidad de
un obispo que se distinga por su lucha por la santidad de
vida, que sea cercano a su pueblo y con una incondicional
entrega pastoral.
Ciertamente no esperamos
a un ángel sino ha un hombre con sus debilidades sus limitaciones
pero ungido por el Espíritu de Dios, y este hombre ungido
que aprenda a amar a los tabasqueños que luche llore, y
ria con su previsterio y con su pueblo.
Hoy precisamente los
sacerdotes que hemos venido estamos representando a nuestro
previsterio tabasqueño, no todos pueden estar aquí por las
tareas pastorales, pero hoy está presente este grupo de
hermanos sacerdotes.
Hemos venido a la casa
de todos los mexicanos, nosotros los sacerdotes también
queremos ser mejores discípulos, ciertamente el peso del
día y del calor a veces nos cansa pero siempre encontramos
un oasis en la presencia de Nuestra Madre de Guadalupe.
Quiero invitar al final
de cada plegaria le digamos a la Santísima Virgen: Madre
nuestra, ruega por nosotros, Señora del Cielo Reina y Madre
de los tabasqueños, Virgen Morena consuelo de los que luchamos
hoy venimos a ti como tu pequeño Juan Diego, alegría de
los pequeños.
Madre de Guadalupe,
ruega por nosotros, somos la iglesia de tu Hijo, que peregrina
en el pantano queriendo florecer entre la lucha y el llanto.
Madre de Guadalupe,
ruega por nosotros, te presentamos a la familia de Tabasco,
los que han venido, los que quedaron en su casa, que sean
familias fuentes de la vida.
Madre de Guadalupe,
ruega por nosotros, queremos que siempre protejas la inocencia
de los niños y valores de los jóvenes.
Madre de Guadalupe,
hoy te pedimos también por nuestros gobernantes alcanza
para ellos sabiduría para conducir a nuestro pueblo.
Madre de Guadalupe,
ruega por nosotros, cuida y protege a nuestra Iglesia del
odio y del ataque de los enemigos.
Madre de Guadalupe,
ruega por nosotros custodia celosamente, Virgen Morena,
la integridad de nuestros sacerdotes y ayuda a su vocación
a nuestros seminaristas.
Alcánzanos de tu Hijo
de un buen obispo que tenga un corazón parecido al de Cristo
y recibe la ofrenda preciosa, de todos los peregrinos que
hoy hemos venido a tu santuario y que te amamos con todo
el corazón.