18 de mayo de 2010
Queridos
sacerdotes, religiosos, religiosas, diáconos, seminaristas, hermanos
y hermanas en Cristo
Jesús.
Qué
reconfortante llegar a la Casa de nuestra Madre, la Virgen de Guadalupe,
y tener la linda oportunidad de celebrar la Eucaristía, conmemorando
la trigésima primera peregrinación de nuestra Diócesis de Tuxtepec.
Están
como cada año, representantes de las distintas parroquias y decanatos;
el decanato Chinanteco, Mazateco, Norte, La Asunción y Centro (quién
ha asumido con alegría la organización de la liturgia de esta Santa
Misa).
También
se unen a nuestra solemne celebración, personas que habitan en esta
Metrópoli de la Ciudad de México y zona conurbada y tienen sus
raíces en las tierras hermosas y pródigas de la Cuenca del Papaloapan;
nos acompañan familiares, amistades y fieles; quiero indicar que
muchas personas que no han podido estar aquí físicamente presentes,
en estos momentos desde sus casas, centros de trabajo o templos
están unidas a nuestra oración profesando el grande amor que le
tienen y le tenemos a la Morenita del Tepeyac.
Estamos
en este recinto sagrado para manifestarle a la Virgen de Guadalupe
el gran cariño que le tenemos, darle las gracias por su presencia
amorosa, sin duda. Experimentamos el apoyo que sentimos de ella
en nuestras vidas, en la vida de nuestras comunidades; a la vez
queremos pedirle su bendición, y nos siga alentando como Madre generosa,
para caminar con alegría y esperanza en el sendero de la vida.
Siempre
que estamos en esta Insigne y Nacional Basílica de Santa María de
Guadalupe es una gracia y una oportunidad para saludar a nuestra
Madre y platicarle acerca de cómo va nuestra vida, con sus miserias,
alegrías y tristezas, éxitos y fracasos, salud y enfermedad, limitaciones
y cualidades, pero creo interpretar, que venimos con ganas de seguir
a su hijo Jesucristo, Camino, Verdad y Vida, siendo mejores ciudadanos
y mejores cristianos.
Madre
Santísima, en esta visita queremos conversar contigo de tantas cosas,
pedirte por la salud de algún familiar o amigo; para que les concedas
resignación, fortaleza y esperanza a quien ha perdido algún ser
querido; queremos decirte que nos preocupa mucho la violencia e
inseguridad que palpamos concretamente en nuestra región, en todo
México, como dice la "Exhortación Pastoral del Episcopado
Mexicano" QUE EN CRISTO NUESTRA PAZ - MEXICO TENGA VIDA
DIGNA (cf. no. 4) Nos duele profundamente la sangre que se ha
derramado. La angustia de las víctimas de secuestros, asaltos y
extorsiones; las pérdidas de quienes han caído en la confrontación
entre las bandas, que han muerto enfrentando el poder criminal de
la delincuencia organizada o han sido ejecutados con crueldad y
frialdad inhumana. Nos interpela el dolor y la angustia, la incertidumbre
y el miedo de tantas personas y lamentamos los excesos, en algunos
casos en la persecución de los delincuentes. Nos preocupa además,
continua diciendo el texto, que de la indignación y el coraje natural,
brote en el corazón de muchos mexicanos: la rabia, el odio, el rencor,
el deseo de venganza y de justicia por propia mano. El Documento
también nos da una iluminación diciéndonos (Cf. No. 5). En el seguimiento
de Jesucristo, aprendemos de Él mismo su compasión entrañable ante
el dolor humano; la compasión evangélica nos impulsa a acercar,
a los que sufren, el consuelo de la fe, la fortaleza de la esperanza
y el bálsamo de la caridad.
Madre
Santísima, nos preocupa sobremanera también la falta de empleo que
se da en México y se ha acentuado en nuestra región; este día querida
Morenita del Tepeyac, te pedimos que muevas las mentes y los corazones,
de tal manera de que vaya mejorando e incrementándose las fuentes
de trabajo y se tenga acceso a los derechos fundamentales de las
familias, de nuestros hermanos y hermanas.
Es
cierto Madre que tenemos muchas necesidades de platicarte tantas
cosas, pero también es menester escucharte. El Evangelio que se
proclamó nos relata la visita de la Virgen a su prima Santa Isabel,
encuentro de dos futuras madres, María que lleva en su seno al Salvador
del Universo, e Isabel que lleva en su vientre a Juan el Bautista,
el gran profeta que tendría la misión de preparar los caminos del
Señor.
María
e Isabel son dos mujeres unidas por lazos familiares y bendecidas
por Dios con una maternidad sublime. Sus destinos y el de sus respectivos
hijos están unidos. Se encuentran en la raya divisoria de los dos
Testamentos. Isabel simboliza al pueblo de la antigua alianza, María
en cambio, abre el Nuevo Testamento y nos da al Redentor del mundo.
María
creyó en Dios, por esta fe es dichosa María y se constituye en la
primera creyente y discípula de Cristo, la primera cristiana de
la Iglesia (Cf. MC 35s). María tiene que viajar varios días para
llegar a la casa de Isabel, se pone en camino, no importa las dificultades,
las inclemencias del tiempo y otros factores... se pone en marcha
para servir a alguien que necesitaba de su presencia y ayuda, es
una invitación para cada uno de nosotros, para ir al encuentro de
quienes más lo necesitan superando cualquier obstáculo.
La
Virgen María en su advocación de Guadalupe quiso aparecerse a Juan
Dieguito aquí en el cerro del Tepeyac, cuando estaba naciendo nuestra
raza, nuestra nacionalidad, viene a traernos a Jesucristo Luz que
le da sentido a nuestras existencias, que quería nacer en nuestra
tierra, ella nos sigue diciendo: hermanos y hermanas, hagan lo que
Él les diga.
Ahora
que estamos conmemorando en este 2010 las celebraciones del bicentenario
del inicio de la independencia y el centenario de la Revolución,
es una oportunidad para hacer una reflexión profunda de estos acontecimientos
que han marcado a nuestra patria y buscar desde la fe, caminos de
justicia, paz y fraternidad.
En
esta ocasión privilegiada en que nos hemos reunido aquí en la Villita
para celebrar la Palabra y la Eucaristía, quiero seguir encomendándoles
los dos proyectos que desde la peregrinación del 2008, hace dos
años, pusimos en las manos de nuestra Madre la Virgen de Guadalupe
y de Jesucristo el Señor: El Plan Diocesano de Pastoral y La Construcción
de nuestra Catedral.
Bendito Dios los dos proyectos
van caminando, con desafíos y esperanzas. Les pido a todos, ustedes,
hermanos queridos laicos y laicas, religiosos y religiosas, sacerdotes
de las distintas parroquias y decanatos que le pongan esfuerzo y
cariño a estos proyectos que queremos realizar para mayor gloria
de Dios y bien del Pueblo cristiano.
También, sigamos adelante con
dedicación en la formación integral de los agentes de pastoral y
de nuestros fieles; y con creatividad y audacia continuemos impulsando
la Misión Permanente en cada una de las parroquias y decanatos de
nuestra amada diócesis.
Queridos hermanos y hermanas,
que esta reconfortante visita a la Casa de Nuestra Madre, en la
cual le hemos pedido su bendición, de manera especial para nuestros
familiares, amigos y quienes más lo necesitan, nos fortalezca. Que
regresemos con bien a nuestras casas y parroquias, y nos anime a
seguir caminando como discípulos misioneros de Jesucristo, y de
esta manera colaborar con amor, ilusión y pasión en la construcción
de su Reino.
Amén.