20 de
enero de 2010
Hermanos sacerdotes, muy estimados,
me alegra verlo y vernos acompañando a nuestras hermanas y hermanos,
fieles cristianos, que gozan de venir en peregrinación, para postrarse
reverentes ante la Santísima Virgen de Guadalupe.
Amables hermanas religiosas,
que tan de cerca acompañan a nuestros pueblos y en coordinación con
sus respectivos pastores llevan adelante sobrellevando con nosotros
el peso del día del calor, las fatigas bien invertidas por el Evangelio.
Hermanas y hermanos, todos,
que han dejado su propia casa para venir a esta, que es la nuestra
porque es la de la Madre. Que han hecho un paréntesis en el quehacer
de la vida ordinaria, para juntos peregrinar a este santuario y decirle
frente a frente a la Virgen cuanto la queremos y como experimentamos
que nuestro ser de familia se fortalece cuando con todos los elementos
que la fe católica nos proporciona, también la tenemos a Ella como
un signo elocuente de que somos familia de Dios, porque Ella la Madre
de Jesucristo nos habla y nos trata como a hijos suyos, pequeñitos
y delicados.
Hemos venido a este Tepeyac
donde nace México y donde México busca su propio sentido. Hemos venido
porque amamos a Dios y porque sabemos que Santa María de Guadalupe,
como lo dijo en este cerrito en aquel 1531, está y estará siempre
para mostrarse piadosa Madre nuestra y para desde aquí oír las quejas,
los lamentos y consolarnos diciéndonos: que no tenemos que apenarnos,
ni afligirnos por nada porque aquí esta nuestra Madre. Que sabe, como
en Caná, unir el problema a la solución; la aflicción al consuelo;
la pena, por alguna carencia, con el gozo de ver colmada, satisfecha
toda aspiración humana en Cristo.
Peregrinamos al Tepeyac en
este año de gracia 2010 en el que el calendario civil de nuestra patria
se nos invita a celebrar el bicentenario de nuestra Independencia
Nacional. Habrá que recordar que en aquel 1810 fue un cura, el párroco
de Dolores, el que tomando aquel estandarte en el que estaba plasmada
la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe; arengó a los que estaban
en aquel pueblo, Dolores, y a los que se le juntaron, para iniciar
la lucha libertaria. Santa María de Guadalupe en aquel estandarte
y en todas las imágenes y estampas, que por miles y millones se han
impreso de ellas, deberás que es imán que atrae, que congrega, que
nos hace tener esta gozosa y seguro experiencia de familia.
En nuestro peregrinar de este
año habrá que darle gracias por una relativa independencia, que todavía
es un proceso, una tarea, una meta. María de Guadalupe en Caná de
Galilea dio un consejo, que tiene perfecta vigencia para hoy y para
todos los siglos: hagan, les dice a los servidores en aquella
fiesta, lo que mi Hijo les diga. Su Hijo respecto al trato
que debemos de tener unos con otros es este profeta de los últimos
tiempos, que viene a llevar a su cabal cumplimiento la ley de los
profetas. Su Hijo es Él, que como nos recuerda san Pablo en su Carta
a los Romanos, es el personaje, por el cual ya no hay diferencia entre
judío y pagano, esclavo y libre, hombre y mujer, porque en Cristo
todos somos fundamentalmente iguales. Igualmente dignos, como hechos
por Dios a su imagen y semejanza. Igualmente llamados gratuitamente
a la Salvación siendo seguidores de su Hijo Jesucristo.
No tiene, pues, sentido que
en pleno siglo XXI unos hombres esclavicen a otros, unos abusen de
otros y los traten como cosas, considerándonos como si no fueran personas
también pensantes y capaces de decidir.
En los últimos días nos ha
llenado de admiración y hasta terror esas noticias de cómo hay redes
en México de personas, que se dedican a esclavizar a otras. Redes
de prostitución. Redes de perdonas que envician a los niños y jóvenes
con las primeras tomas de una droga, que ofrecen gratuitamente, para
después tener en ellos un mercado cautivo de compradores que al no
tener recursos hacen lo que sea para conseguir aquello que los esclaviza.
Hay esclavitudes en el trabajo gentes, que hacen trabajar a otros
excesivamente por una miserable paga. Tal vez hay esclavitudes, también,
cuando en pleno siglo XXI habrá hombres en la familia que en este
machismo exagerado seguirán sintiendo que el varón es superior a la
mujer y tratan a ésta como si fuera un objeto o una cosa.
Celebraremos independencia
mexicana, pero sabemos que está en proceso todavía no está completo
hasta que los seres humanos vivamos con esa igualdad fundamental para
la que vino Jesucristo a hermanarnos todos y a decirnos, que las diferencias
entre nosotros son secundarias y en lugar de ser ocasión para que
unos se pongan sobre otros, serán más bien ocasión de riqueza y de
complementación entre todos.
Nosotros queremos celebrar
independencia de aquello que deberás ata y esclaviza a los hombres,
como es el pecado personal por muy individual y personal que sea tiene
siempre repercusiones en la sociedad en la comunidad. Les decía yo,
como el grito invitando a la resistencia armada de un cura, el párroco
de Dolores, y la imagen de la Santísima Virgen de Guadalupe enardeció
aquella gente mal pertrechada y un tanto desorganizada, pero ansiosos
de esta libertad que consistía en sacudirse el yugo español para por
fin ser deberás dueños de su tierra, de sus recursos y ser dueños,
también, de una organización que tenía que inventar los mexicanos
de entonces, como gente que tenía madurez y podía lograr más madurez.
Celebramos esta Bicentenario
en esta casita del Tepeyac encomendando a Santa María de Guadalupe
esta verdadera independencia en la que todavía nos falta camino por
andar, que ha consistir en sacudirnos la raíz y causa de todos los
males que es: el pecado que nos esclaviza y nos impide vivir una verdadera
fraternidad, un verdadero compartir de bienes, que a cada uno la Providencia
ha dado.
Celebrando el Bicentenario
estamos también en nuestra diócesis, como en el mundo católico entero,
celebrando el 150 aniversario de la muerte de un extraordinario párroco
el Santo Cura de Ars. El Papa Benedicto nos lo ha propuesto, como
lo habían hecho en aniversarios significativos otros 2 pontífices
anteriores. Nos lo ha propuesto sobre todo a nosotros los sacerdotes,
como un modelo de vida entregada totalmente al rebaño que el Señor
le confió. Como un modelo de persona, que desde la íntima experiencia
de Dios en la oración supo transmitir y proyectar a su pueblo no sólo
doctrinas, sino una experiencia de fe, que resulta muy convincente
para el rebaño que se alimenta no de cátedras, que alguna vez también
son muy necesarias, pero sí de un testimonio coherente de vida, de
un sacerdote celoso de dar gloria a Dios y de ver creer en la fe a
sus hermanos.
Recordando, como fue un cura
él que hace 200 años llevó a la gente a la lucha armada, camino equivocado
siempre, porque se puede conseguir la libertad y la independencia
buscando métodos en los que no tenga que necesariamente correr sangre
de hermanos contra hermanos. Este otro cura, el que muriera hace 150
años viviendo pacíficamente y procurando dar gloria a Dios y proyectar
un ejemplo luminoso de vida hacia sus hermanos. Es alguien que se
preocupó, también, por el bienestar integral de su pueblo. Será bueno,
hermanas y hermanos, que en esta peregrinación ustedes aumenten su
fervor en la oración, para pedir por nosotros los sacerdotes, sobretodo
en este año jubilar. Será importante pensar, como tal vez lo pensó
el cura de Dolores, aunque escogió el camino equivocado de las armas
y aunque también su testimonio personal de vida no fue muy edificante
en otros aspectos. Será bueno pensar que la misión del sacerdote no
se reduce solamente al culto o la exposición de doctrinas. La misión
del sacerdote es también buscar la libertad integral de las personas
y buscar el desarrollo en todos los aspectos en que se desarrolla
la vida humana.
Hoy en día, en este México
mayoritariamente católico, a veces es incomprendida la figura sacerdotal
por parte de aquellos que quisieran reducir la misión del sacerdote
a lo que este pudiera desempeñar en los 4 muros de un templo o tal
vez en el rincón de una sacristía.
La misión del sacerdote no
puede reducirse a ser un ministro de culto, como se refiere a nosotros
y a otros ministros de otros cultos: la nueva ley de asociaciones
religiosas y culto público. Somos ministros de culto, pero somos alguien
más, como evangelizadores, para buscar la promoción integral de nuestro
pueblo. Por eso desde el Evangelio los sacerdotes nos pronunciamos
y nos seguiremos pronunciando, para salvaguardar la integridad de
la familia, su salud espiritual considerando familia esta unión estable
de un hombre y de una mujer, que por amor quieren permanecer unidos
y en fidelidad para siempre. Y en un gesto de generosidad permanente
quieren ser colaboradores de Dios procreando hijos y educándolos,
como dicen en el Sacramento del Matrimonio los que se casan, según
la ley de Dios y de su Iglesia.
La familia y la vida parecieran
ser realidades por algunos odiadas, porque tal vez a ellos les habrá
ido muy mal en la familia en la que nacieron y tal vez su vida se
ha puesto mucho en peligro injustamente por parte de algunos. No creo
que sea el caso de nosotros, seguidores de Jesucristo y fieles amantes
de la Santísima Virgen María, y sí, los pastores de este pueblo nuestro,
que son ustedes, tenemos que seguir hablando en defensa de la familia,
en defensa de la vida ahora que muchos ponen en riesgo esta institución
sagrada y esta realidad que no lo es menos: la vida, en la
que el autor es Dios y en la que no es licito a ningún ser humano,
a ningún hombre manipularla o impedirla cuando alguien en forma violenta,
cuando alguien de manera perversa hasta impide que un ser ya engendrado
vea la luz naciendo y creciendo, provocando antes su muerte en el
aborto.
Los sacerdotes, pastores de
nuestro pueblo, sabemos que hemos de ser cada vez más ministros dignos
del culto que el pueblo ofrece a Dios, como lo estamos queriendo hacer
estar tarde. Pero, estamos seguros que nuestra misión va más allá
a todas las realidades en las que están inmersos los hombres y mujeres
católicos, y los que no son, porque tal vez la predicación del Evangelio
y la promoción social, que dé él se derivaba, pueden atraer a otros
a esta fe.
Santa María de Guadalupe la
que supo inculturar perfectamente el Evangelio; la que habló con blandura
de palabra, con suavidad de lenguaje al indio Juan Diego en aquel
siglo XVI. Santa María de Guadalupe tuvo en cuenta que el Evangelio
no es sólo doctrina, sino este interés amoroso por los más débiles,
por los más pequeños para decirle cuánto valen delante de Dios y también
de lo que son capaces si ponen toda su confianza en Dios y unidos,
como familia buscan la voluntad de Dios y tratan de aplicar esta voluntad
en su vida.
Qué bueno que la Providencia
de Dios nos ha traído esta tarde está el Cerrito del Tepeyac donde
la Niña hermosa, Santa María de Guadalupe nos contempla con su mirada
tierna; nos cobija con ese corazón maternal que tiene Ella para todos
nosotros. A Ella hay que pedirle que nuestras mujeres, nuestras hermanas,
nuestras mamás, nuestras abuelas, nuestras niñas, ellas y nosotros
juntos con ellas sigamos apreciando el gozo de la maternidad y la
gloria de la virginidad que para mucho parecerían asuntos que no tienen
porque seguirse apreciando.
Queremos que la presencia de
Santa María seguir insistiendo en esta gozosa maternidad y gloriosa
virginidad de nuestras mujeres, como valores que se insertan en las
raíces católicas de nuestro pueblo. A Santa María de Guadalupe en
la que las Letanías Lauretanas del Rosario invocamos como la Reina
de Paz sí queremos pedirle en esta tarde, que sea eficaz intercesora
ante su Hijo, Príncipe de la Paz, para que en nuestra zona de Michoacán,
en todo México entero, en cada iglesia domestica, que es la propia
familia de ustedes y la mía, haya esa paz. Que consiste en: el respeto
de los derechos de los demás; en la práctica de la justicia; en una
actitud de autenticidad en la que no más mintamos unos a otros, sino
que edifiquemos nuestra familia, nuestra sociedad en base a la verdad.
Que Santa María de Guadalupe,
la Reina de la Paz, interceda para que esta paz entre nosotros sea
haga una verdadera realidad. Ella sabe, como Madre, que en muchos
lugares Michoacán, como de México, el 2009 ha sido un año difícil
de muchas muertes, secuestros y violaciones de derechos, muchos se
han quedado huérfanos y mujeres viudas, porque ha habido con este
asunto del narcotráfico mucha rivalidad y mucho odio entre personas,
que han hecho de este oficio malo, pecaminoso su forma de vida, su
fuente de sustento.
Hay que pedirle al Señor que
a todos nos ablande el corazón, para que trabajemos con honestidad
y con tesón en trabajos que deberás nos hagan crecer y hagan progresar
a nuestras comunidades. Pidámosle que esta anhelada paz sea por fin
una realidad de la que disfrutemos y disfrutándola seamos también
nosotros pacificadores y agentes de verdadera reconciliación en todos
nuestros ambientes. Encomendemos estas y todas las necesidades, que
cada uno de ustedes traen en su corazón, al Padre Dios por la intercesión
maternal de tan dulce y Santa Madre, Santa María de Guadalupe.