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Versión estenográfica de la
Homilía
pronuncia por  el M. I. Sr. Cango. Alberto Reynoso González, Pro-Vicario Episcopal de Guadalupe, en el XXX Domingo Ordinario, en la Basílica de Guadalupe.

25 de octubre de 2009
Año Sacerdotal

Queridos hermanos, hemos escuchado este diálogo de Jesús y el ciego, nosotros.

Jesús, le dice al ciego: ¿qué quieres que haga por ti? El ciego le respondió: que vea. Jesús, le dice: tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista el ciego, y siguió a Jesús. ¿Qué nos quiere decir Jesús en este su Evangelio? Primero: el que obra el milagro es Dios, la persona de Jesucristo nuestro Señor, le da vista, pero también lo llama a ser su discípulo. También, nos enseña que es  necesaria, la fe para el milagro. Este ciego cree en Jesús. Una vez que oye que es Jesús, él cree que Él lo puede curar. Se levanta de un salto y se acerca a Jesús, tiene un encuentro con Él: la fe. La fe no es la que hace el milagro, quien hace el milagro es Dios, pero es necesaria la fe para el milagro. También, precisamente este milagro se complementa con esa vocación, que Dios le da de ser su discípulo, de creer en Jesús. Lo proclama como el Mesías, diciendo: Hijo de David, ten compasión de mí. Lo que nadie había hecho, ahora lo hace precisamente este ciego ¿por qué? porque solamente el Mesías es quien vendrá a curar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a anunciar la Palabra de Dios, es el Mesías, pero también proclama algo muy importante lo que es Dios: ten misericordia de mí, te piedad de mí. Implora la misericordia de Dios, su piedad.

Veamos la fe tan grande de este ciego, proclama a Jesús, pero también Dios le da esta vocación de ser discípulo, de seguir a Jesús en su calvario, en la luz de su resurrección. Vemos como Jesús, pues, tiene este encuentro personal, lo acabamos de escuchar también en las lecturas anteriores, como Jesús es el Maestro. Jesús es quien viene a dar la paz a todos nosotros, es verdadero Hombre, es un Hombre sacado de entre los hombres, pero también es el Sumo y Eterno Sacerdote instruido por el mismo Dios, nuestro Padre.

Pudiéramos decir que este Evangelio es como una síntesis de todo el Evangelio, como un Evangelio pequeño, chiquito. ¿Qué incluye este Evangelio que acabamos de escuchar? Primero: la fe. Segundo: la proclamación. Tercero: el encuentro personal con Jesús. Cuarto: la petición. Quinto: el milagro y Sexto: la vocación. Pequeño Evangelio, la fe.

Imagínense la ocasión de encontrarse con Jesús para este ciego, sabiendo que era Él se levanta, salta, dice el Evangelio, deja todo lo que tiene y proclama: Jesús de David, ten compasión de mí, Hijo de David, es decir: Mesías, lo reconoce como el Mesías. Y también le dice: ten piedad de mí. Es una oración sencilla, humilde, pocas palabras: Maestro ten compasión de mí. Cuatro palabritas: ten compasión de mí. Y Jesús, le responde: tu fe te ha salvado.

Vemos como el milagro lo hace Jesucristo nuestro Señor, nos lo dice para que nosotros creamos en Él, tengamos nuestra confianza y Jesucristo nuestro Señor. También vemos como se realiza el milagro, recobra la luz, la vista y sigue a Jesús, lo sigue al calvario, lo sigue a la resurrección. Es el último milagro que pone el evangelista Marcos inmediatamente habla de su pasión. Entonces, vemos como es discípulo.

Pues, bien, miren, todos los días nosotros hacemos una oración a Jesús Eucaristía, le decimos: oh sagrado banquete en el cual se recuerda la memoria de tu pasión, se llena el alma de gracia y se nos da una prenda de nuestra futura gloria. ¿Qué le decimos? que la Eucaristía es un banquete, tenemos la memoria de Jesucristo, nuestro Señor, es decir: que cada vez que celebramos la Santa Misa, celebramos la muerte y la resurrección de Jesucristo nuestro Señor, está actualizada, está en el presente y si morimos con Cristo, también resucitaremos con Él.

La muerte de Jesús lo lleva a la resurrección, así, también, nuestra muerte nos llevará a la resurrección con Jesucristo nuestro Señor. Se nos llena el alma de gracia, solamente Dios sabe lo que cada uno de nosotros necesitamos para que su vida este en cada a cada uno de nosotros. Recordemos que Él es generoso, misericordioso, solamente Él sabe cómo llenar nuestra alma de esta gracia de Dios. Y es signo de esa gloria que esperábamos en el cielo de una manera definitiva.

Por eso ahora digámosle a la Santísima Virgen María de Guadalupe: Santa María de Guadalupe, Madre del Dios verdadero por quien vivimos y Madre también nuestra desde este Santuario del Tepeyac nos invitas, para que nos acerquemos a tu divino Hijo, Jesucristo, nuestro Señor, luz del mundo y luz para todos nosotros. Por intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe, también, ahora le está pidiendo a su divino Hijo, que nos haga participar de su luz, para que caminemos por un camino seguro que nos lleve a nuestro Padre Dios. La Santísima Virgen María de Guadalupe, también, nos acompaña para que vayamos con su Hijo Jesucristo nuestro Señor al calvario que es la muestra mayor del amor que Cristo nos tiene a nosotros. Yendo al calvario podamos también ir a la luz de la resurrección. Con la Santísima Virgen María de Guadalupe y con Jesús caminemos, para que formemos una sola familia. La familia de los hijos de Dios ¿y cómo la vamos a formar, esta familia de hijos de Dios? comunicando la verdad de Cristo, su luz, su amor, ¿cómo lo vamos a comunicar? con las personas que nos rodean, con ellas precisamente.

Esto vamos a pedirle a la Santísima Virgen María de Guadalupe para que interceda por nosotros ante su divino Hijo.

 
 
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