Queridos
hermanos, hemos escuchado este diálogo de Jesús y el ciego,
nosotros.
Jesús,
le dice al ciego: ¿qué quieres que haga por ti? El
ciego le respondió: que vea. Jesús, le dice: tu
fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista el ciego,
y siguió a Jesús. ¿Qué nos quiere decir Jesús en este su Evangelio?
Primero: el que obra el milagro es Dios, la persona de Jesucristo
nuestro Señor, le da vista, pero también lo llama a ser su
discípulo. También, nos enseña que es necesaria, la fe para
el milagro. Este ciego cree en Jesús. Una vez que oye que
es Jesús, él cree que Él lo puede curar. Se levanta de un
salto y se acerca a Jesús, tiene un encuentro con Él: la fe.
La fe no es la que hace el milagro, quien hace el milagro
es Dios, pero es necesaria la fe para el milagro. También,
precisamente este milagro se complementa con esa vocación,
que Dios le da de ser su discípulo, de creer en Jesús. Lo
proclama como el Mesías, diciendo: Hijo de David, ten compasión
de mí. Lo que nadie había hecho, ahora lo hace precisamente
este ciego ¿por qué? porque solamente el Mesías es quien vendrá
a curar a los enfermos, a resucitar a los muertos, a anunciar
la Palabra de Dios, es el Mesías, pero también proclama algo
muy importante lo que es Dios: ten misericordia de mí,
te piedad de mí. Implora la misericordia de Dios, su piedad.
Veamos
la fe tan grande de este ciego, proclama a Jesús, pero también
Dios le da esta vocación de ser discípulo, de seguir a Jesús
en su calvario, en la luz de su resurrección. Vemos como Jesús,
pues, tiene este encuentro personal, lo acabamos de escuchar
también en las lecturas anteriores, como Jesús es el Maestro.
Jesús es quien viene a dar la paz a todos nosotros, es verdadero
Hombre, es un Hombre sacado de entre los hombres, pero también
es el Sumo y Eterno Sacerdote instruido por el mismo Dios,
nuestro Padre.
Pudiéramos
decir que este Evangelio es como una síntesis de todo el Evangelio,
como un Evangelio pequeño, chiquito. ¿Qué incluye este Evangelio
que acabamos de escuchar? Primero: la fe. Segundo: la proclamación.
Tercero: el encuentro personal con Jesús. Cuarto: la petición.
Quinto: el milagro y Sexto: la vocación. Pequeño Evangelio,
la fe.
Imagínense
la ocasión de encontrarse con Jesús para este ciego, sabiendo
que era Él se levanta, salta, dice el Evangelio, deja
todo lo que tiene y proclama: Jesús de David, ten compasión
de mí, Hijo de David, es decir: Mesías, lo reconoce como
el Mesías. Y también le dice: ten piedad de mí. Es
una oración sencilla, humilde, pocas palabras: Maestro
ten compasión de mí. Cuatro palabritas: ten compasión
de mí. Y Jesús, le responde: tu fe te ha salvado.
Vemos
como el milagro lo hace Jesucristo nuestro Señor, nos lo dice
para que nosotros creamos en Él, tengamos nuestra confianza
y Jesucristo nuestro Señor. También vemos como se realiza
el milagro, recobra la luz, la vista y sigue a Jesús, lo sigue
al calvario, lo sigue a la resurrección. Es el último milagro
que pone el evangelista Marcos inmediatamente habla de su
pasión. Entonces, vemos como es discípulo.
Pues,
bien, miren, todos los días nosotros hacemos una oración a
Jesús Eucaristía, le decimos: oh sagrado banquete en el cual
se recuerda la memoria de tu pasión, se llena el alma de gracia
y se nos da una prenda de nuestra futura gloria. ¿Qué le decimos?
que la Eucaristía es un banquete, tenemos la memoria de Jesucristo,
nuestro Señor, es decir: que cada vez que celebramos la Santa
Misa, celebramos la muerte y la resurrección de Jesucristo
nuestro Señor, está actualizada, está en el presente y si
morimos con Cristo, también resucitaremos con Él.
La
muerte de Jesús lo lleva a la resurrección, así, también,
nuestra muerte nos llevará a la resurrección con Jesucristo
nuestro Señor. Se nos llena el alma de gracia, solamente Dios
sabe lo que cada uno de nosotros necesitamos para que su vida
este en cada a cada uno de nosotros. Recordemos que Él es
generoso, misericordioso, solamente Él sabe cómo llenar nuestra
alma de esta gracia de Dios. Y es signo de esa gloria que
esperábamos en el cielo de una manera definitiva.
Por
eso ahora digámosle a la Santísima Virgen María de Guadalupe:
Santa María de Guadalupe, Madre del Dios verdadero por quien
vivimos y Madre también nuestra desde este Santuario del Tepeyac
nos invitas, para que nos acerquemos a tu divino Hijo, Jesucristo,
nuestro Señor, luz del mundo y luz para todos nosotros. Por
intercesión de la Santísima Virgen María de Guadalupe, también,
ahora le está pidiendo a su divino Hijo, que nos haga participar
de su luz, para que caminemos por un camino seguro que nos
lleve a nuestro Padre Dios. La Santísima Virgen María de Guadalupe,
también, nos acompaña para que vayamos con su Hijo Jesucristo
nuestro Señor al calvario que es la muestra mayor del amor
que Cristo nos tiene a nosotros. Yendo al calvario podamos
también ir a la luz de la resurrección. Con la Santísima Virgen
María de Guadalupe y con Jesús caminemos, para que formemos
una sola familia. La familia de los hijos de Dios ¿y cómo
la vamos a formar, esta familia de hijos de Dios? comunicando
la verdad de Cristo, su luz, su amor, ¿cómo lo vamos a comunicar?
con las personas que nos rodean, con ellas precisamente.
Esto
vamos a pedirle a la Santísima Virgen María de Guadalupe para
que interceda por nosotros ante su divino Hijo.