¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos
creerte?
¿Cuáles son tus obras?
La tentación del hombre de todos los tiempos es buscar la evidencia
para dar crédito. Está en su naturaleza esta exigencia, sin
embargo para la relación con Dios es indispensable dar un salto
a la confianza, creer en la palabra de Jesucristo:
Yo les aseguro: no fue Moisés quien les dio pan del cielo;
es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque
el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo.
Lo que pide Jesús es que demos nosotros la respuesta a su Palabra,
y luego vendrá la confirmación en la misma vida de que no nos
falla, de que efectivamente cumple su promesa. Así nos pide que reconozcamos que en la celebración Eucarística
se hace presente Jesucristo, que este pan y vino ofrecidos en
el altar se convierten misteriosamente y por obra del Espíritu
Santo en presencia sacramental del mismo Señor Jesús. Recientemente el Santo Padre Benedicto XVI nos regaló la Exhortación
Apostólica: "Sacramentum Caritatis" cuya estructura
expresa tres pasos fundamentales que debemos recorrer: creer,
celebrar y vivir. Efectivamente hay que creerle a Dios cuando
en boca de Jesús nos dice: Yo soy el pan de la vida. El que
viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá
sed.
Segundo, hay que celebrar este misterio de la fe; es lo que
hacemos cada vez que celebramos la Eucaristía, como lo estamos
haciendo ahora. Explicitamos de manera comunitaria que quienes
hemos creído en la Palabra de Jesucristo lo expresamos en la
celebración ritual del Sacramento. Nutrimos así nuestra fe.
Pero queda la parte que complementa el proceso de educación
y experiencia. El proceso que confirma y manifiesta que Jesucristo
cumple su promesa. Es el tercer paso, vivir con plena conciencia
el amor - caridad, en la cotidianidad de todos los días y en
la vida ordinaria. La presencia sacramental y espiritual de
Jesucristo como Pan de la Vida nos conduce a una generosa entrega
orientada y animada por la escucha de la Palabra de Dios y por
la sensibilidad para descubrir en los acontecimientos de la
vida la presencia providencial de Dios.
De este proceso se genera el descubrimiento de la voluntad
de Dios para mí, para mi comunidad; se genera la respuesta a
la pregunta existencial ¿para qué me ha regalado Dios la vida?
¿Qué quiere de mi persona, de mi comunidad? Así se establece un círculo virtuoso que nutre al discípulo
de Jesucristo: Creer, celebrar, vivir. Es el dinamismo de la
espiritualidad cristiana que vemos reflejada en la vida de todos
los Santos como la de Esteban, de quien hoy la primera lectura
narra la manera tan semejante de su muerte a la de su maestro
Jesús.
Un hombre que ama y se apasiona por la verdad, la expone con
plena libertad, a costa de su propia vida, la cual Esteban está
dispuesto a ofrendar, y por ello, se convirtió en el primer
mártir cristiano. El discípulo de Cristo fortalece en la comunión con su Maestro
y Señor, presente en la Eucaristía, su propio espíritu, y sabe
distinguir los valores trascendentales, por los que siempre,
está dispuesto a dar la vida, si es necesario.
Además, el testimonio de un auténtico discípulo de Cristo es
tan, convincente que impacta y convierte a sus propios enemigos.
Así podemos constatarlo en la primera lectura: Lo sacaron
fuera de la ciudad y empezaron a apedrearlo. Los falsos testigos
depositaron sus mantos a los pies de un joven, llamado Saulo...
Y Saulo estuvo de acuerdo en que mataran a Esteban. Al poco
tiempo, gracias al testimonio de San Esteban, el joven Saulo
se transforma en seguidor incansable de Jesucristo. Saulo se
convierte en el gran apóstol de la primitiva Iglesia: San Pablo.
Desde entonces hace 21 siglos ya, han seguido en la Historia
muchos otros discípulos de Cristo los mismos pasos. Esta experiencia
de vida va dejando huella, el fuerte testimonio convence y seduce.
Se comprueba así que Jesucristo está vivo y acompaña a su Iglesia
hasta los últimos días como lo prometió él mismo. Hoy al celebrar el segundo aniversario del inicio del pontificado
del Papa Benedicto XVI, le damos gracias a Dios por su persona,
pues durante este breve tiempo hemos podido percibir y constatar
su capacidad para conducir a la Iglesia, la fortaleza espiritual
y su sabiduría para dar al mundo el testimonio de la luz y la
verdad en estos tiempos, donde reina la ambigüedad, la confusión
y el relativismo moral.
Hace apenas unos días en carta enviada por el Cardenal Tarcisio
Bertone, su Secretario de Estado, decía:
Con ocasión de la LXXXIII Asamblea Plenaria, Su Santidad Benedicto
XVI saluda cordialmente a sus Hermanos Obispos y les agradece
el atento mensaje de su adhesión y felicitación con motivo de
su reciente cumpleaños. Al mismo tiempo, se une a la Iglesia
en México y a tantas personas de buena voluntad, preocupadas
ante un proyecto de ley, del Distrito Federal, que amenaza la
vida del niño por nacer.
En este tiempo pascual, con la resurrección de Cristo estamos
celebrando el triunfo de la vida sobre la muerte. Este gran
don nos impulsa a proteger y defender con firme decisión el
derecho a la vida de todo ser humano desde el primer instante
de su concepción, frente a cualquier manifestación de la cultura
de la muerte.
De esta manera, con valentía y firmeza, con claridad y convicción
nos ha animado a todos los Obispos de México a que como Esteban,
y tantos otros discípulos de Jesucristo, hablemos de los valores
trascendentes que no se pueden negociar, porque de lo contrario
se desmorona el fundamento que salvaguarda la convivencia social:
el derecho a la vida.
Ahora los fieles cristianos de México estamos llamados a tomar
conciencia de estos valores y defenderlos con la fuerza de la
razón y del testimonio. Por ello, agradecemos las palabras del
Papa Benedicto XVI y su preocupación por nuestra Patria. Los invito a orar por el Santo Padre, especialmente por el
ya inminente viaje a Brasil el próximo 9 de mayo para inaugurar
el domingo 13 la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
y del Caribe.
Quiera Dios nuestro Padre, favorecerlo y llenarlo del Espíritu
Santo en bien de la Iglesia que peregrina en América Latina.
Encomendémoslo a nuestra Madre, María de Guadalupe aquí en este
sagrado recinto, donde ella se manifiesta en favor de todos
sus hijos.
¡Santísima Virgen María de Guadalupe, vela por tu hijo y fiel
servidor el Papa Benedicto XVI, acompáñalo y protégelo para
que cumpla su misión como Sucesor del apóstol Pedro y conduzca
a la Iglesia por los caminos de salvación!
¡María de Guadalupe, Reina de México y América, ruega por nosotros!
Amén. |