InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Breves> Papa Benedicto XVI
   
 
Homilía
pronunciada por Mons. Carlos Aguiar Retes, Obispo de Texcoco y Presidente de la CEM, en ocasión del II Aniversario de la Solemne Inauguración del Ministerio de Inicio del Papa Benedicto XVI, en la Basílica de Guadalupe.

24 de abril de 2007

Yo soy el pan de la vida

¿Qué señal vas a realizar tú, para que la veamos y podamos creerte?
¿Cuáles son tus obras?

La tentación del hombre de todos los tiempos es buscar la evidencia para dar crédito. Está en su naturaleza esta exigencia, sin embargo para la relación con Dios es indispensable dar un salto a la confianza, creer en la palabra de Jesucristo:

Yo les aseguro: no fue Moisés quien les dio pan del cielo; es mi Padre quien les da el verdadero pan del cielo. Porque el pan de Dios es aquel que baja del cielo y da la vida al mundo.

Lo que pide Jesús es que demos nosotros la respuesta a su Palabra, y luego vendrá la confirmación en la misma vida de que no nos falla, de que efectivamente cumple su promesa. Así nos pide que reconozcamos que en la celebración Eucarística se hace presente Jesucristo, que este pan y vino ofrecidos en el altar se convierten misteriosamente y por obra del Espíritu Santo en presencia sacramental del mismo Señor Jesús. Recientemente el Santo Padre Benedicto XVI nos regaló la Exhortación Apostólica: "Sacramentum Caritatis" cuya estructura expresa tres pasos fundamentales que debemos recorrer: creer, celebrar y vivir. Efectivamente hay que creerle a Dios cuando en boca de Jesús nos dice: Yo soy el pan de la vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí nunca tendrá sed.

Segundo, hay que celebrar este misterio de la fe; es lo que hacemos cada vez que celebramos la Eucaristía, como lo estamos haciendo ahora. Explicitamos de manera comunitaria que quienes hemos creído en la Palabra de Jesucristo lo expresamos en la celebración ritual del Sacramento. Nutrimos así nuestra fe. Pero queda la parte que complementa el proceso de educación y experiencia. El proceso que confirma y manifiesta que Jesucristo cumple su promesa. Es el tercer paso, vivir con plena conciencia el amor - caridad, en la cotidianidad de todos los días y en la vida ordinaria. La presencia sacramental y espiritual de Jesucristo como Pan de la Vida nos conduce a una generosa entrega orientada y animada por la escucha de la Palabra de Dios y por la sensibilidad para descubrir en los acontecimientos de la vida la presencia providencial de Dios.

De este proceso se genera el descubrimiento de la voluntad de Dios para mí, para mi comunidad; se genera la respuesta a la pregunta existencial ¿para qué me ha regalado Dios la vida? ¿Qué quiere de mi persona, de mi comunidad? Así se establece un círculo virtuoso que nutre al discípulo de Jesucristo: Creer, celebrar, vivir. Es el dinamismo de la espiritualidad cristiana que vemos reflejada en la vida de todos los Santos como la de Esteban, de quien hoy la primera lectura narra la manera tan semejante de su muerte a la de su maestro Jesús.

Un hombre que ama y se apasiona por la verdad, la expone con plena libertad, a costa de su propia vida, la cual Esteban está dispuesto a ofrendar, y por ello, se convirtió en el primer mártir cristiano. El discípulo de Cristo fortalece en la comunión con su Maestro y Señor, presente en la Eucaristía, su propio espíritu, y sabe distinguir los valores trascendentales, por los que siempre, está dispuesto a dar la vida, si es necesario.

Además, el testimonio de un auténtico discípulo de Cristo es tan, convincente que impacta y convierte a sus propios enemigos. Así podemos constatarlo en la primera lectura: Lo sacaron fuera de la ciudad y empezaron a apedrearlo. Los falsos testigos depositaron sus mantos a los pies de un joven, llamado Saulo... Y Saulo estuvo de acuerdo en que mataran a Esteban. Al poco tiempo, gracias al testimonio de San Esteban, el joven Saulo se transforma en seguidor incansable de Jesucristo. Saulo se convierte en el gran apóstol de la primitiva Iglesia: San Pablo.

Desde entonces hace 21 siglos ya, han seguido en la Historia muchos otros discípulos de Cristo los mismos pasos. Esta experiencia de vida va dejando huella, el fuerte testimonio convence y seduce. Se comprueba así que Jesucristo está vivo y acompaña a su Iglesia hasta los últimos días como lo prometió él mismo. Hoy al celebrar el segundo aniversario del inicio del pontificado del Papa Benedicto XVI, le damos gracias a Dios por su persona, pues durante este breve tiempo hemos podido percibir y constatar su capacidad para conducir a la Iglesia, la fortaleza espiritual y su sabiduría para dar al mundo el testimonio de la luz y la verdad en estos tiempos, donde reina la ambigüedad, la confusión y el relativismo moral.

Hace apenas unos días en carta enviada por el Cardenal Tarcisio Bertone, su Secretario de Estado, decía:

Con ocasión de la LXXXIII Asamblea Plenaria, Su Santidad Benedicto XVI saluda cordialmente a sus Hermanos Obispos y les agradece el atento mensaje de su adhesión y felicitación con motivo de su reciente cumpleaños. Al mismo tiempo, se une a la Iglesia en México y a tantas personas de buena voluntad, preocupadas ante un proyecto de ley, del Distrito Federal, que amenaza la vida del niño por nacer.

En este tiempo pascual, con la resurrección de Cristo estamos celebrando el triunfo de la vida sobre la muerte. Este gran don nos impulsa a proteger y defender con firme decisión el derecho a la vida de todo ser humano desde el primer instante de su concepción, frente a cualquier manifestación de la cultura de la muerte.

De esta manera, con valentía y firmeza, con claridad y convicción nos ha animado a todos los Obispos de México a que como Esteban, y tantos otros discípulos de Jesucristo, hablemos de los valores trascendentes que no se pueden negociar, porque de lo contrario se desmorona el fundamento que salvaguarda la convivencia social: el derecho a la vida.

Ahora los fieles cristianos de México estamos llamados a tomar conciencia de estos valores y defenderlos con la fuerza de la razón y del testimonio. Por ello, agradecemos las palabras del Papa Benedicto XVI y su preocupación por nuestra Patria. Los invito a orar por el Santo Padre, especialmente por el ya inminente viaje a Brasil el próximo 9 de mayo para inaugurar el domingo 13 la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe.

Quiera Dios nuestro Padre, favorecerlo y llenarlo del Espíritu Santo en bien de la Iglesia que peregrina en América Latina. Encomendémoslo a nuestra Madre, María de Guadalupe aquí en este sagrado recinto, donde ella se manifiesta en favor de todos sus hijos.

¡Santísima Virgen María de Guadalupe, vela por tu hijo y fiel servidor el Papa Benedicto XVI, acompáñalo y protégelo para que cumpla su misión como Sucesor del apóstol Pedro y conduzca a la Iglesia por los caminos de salvación!

¡María de Guadalupe, Reina de México y América, ruega por nosotros! Amén.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados