Todas estas familias -tantas de ellas cristianas- son un magnífico
testimonio del valor de la vida y realizan un precioso servicio
a la sociedad. Que triste, que terrible que hayan hombres y
mujeres egoístas y ciegos del placer, que quieran liberarse
de los lazos sagrados que Dios les puso.
Este testimonio generoso de tantas familias es la mejor escuela
para que los niños aprendan el valor sagrado de la vida humana
y aprendan a respetar y promover la vida de todos, especialmente
la de los más débiles. El gozo de la familia al acoger una nueva
vida es la mejor proclamación ante los niños del valor sagrado
de la vida concebida y aún por nacer de un nuevo hijo. Un niño
aprende y comprende el "Padre Nuestro" cuaf1do experimenta
el amor, el cuidado, la responsabilidad del padre visible.
6. Educación afectivo-sexual
Dios hizo el sexo. Dios fue quien separó en dos sexos la familia
humana y le asigno una finalidad creadora, por eso este no tiene
una finalidad de mera autocomplacencia. El sexo no es simplemente
para divertirse, ni un medio de escape a las presiones, sino
más bien un modo de realizarse.
La familia es también el ámbito donde los hijos aprenden el
significado de la sexualidad al servicio del amor y la vida.
Muchas veces nosotros sus pastores hemos recordado la necesidad
y urgencia de una educación afectivo-sexual adecuada. Esta tiene
un lugar privilegiado en la Pastoral Familiar, porque «la vocación
al amor, que es el hilo conductor de toda pastoral matrimonial,
requiere un cuidado esmerado de la educación al amor» [6].
Los padres son los primeros responsables para llevar a cabo
esta educación de la sexualidad, ya en los años de la niñez
como luego en la adolescencia. Han de saber ofrecer a sus hijos,
en un marco de confianza, las explicaciones adecuadas a su edad
para que adquieran el conocimiento y respeto de la propia sexualidad
en un camino de personalización. Siempre se logra más persuadiendo
que prohibiendo, especialmente cuando de educar se trata.
En el momento adecuado, la catequesis también deberá afrontar
el tema de la sexualidad y el discernimiento vocacional. En
el proceso catequético, durante los distintos momentos que afectan
a esta etapa, estará presente una catequesis completa y profunda
sobre la sexualidad en sus distintas dimensiones: antropológica,
moral, espiritual, social, psicológica, etc.
También las escuelas tienen un importante cometido en esta
labor: «Como complemento y ayuda a la tarea de los padres, es
absolutamente necesario que todos los colegios católicos preparen
un programa de educación afectivo-sexual, a partir de métodos
suficientemente comprobados y con la supervisión del Obispo.
Todos somos conscientes de la urgente necesidad de esta educación
afectivo-sexual y de su relación con el Evangelio de la vida.
Por ello exhortamos a todos a poner en práctica estas indicaciones
cuidando especialmente la formación integral de personas expertas
para realizar esta tarea.
7. Por una cultura de la familia y de la vida
Educando a los jóvenes para el amor y la vida estaremos poniendo
los cimientos más sólidos para una cultura de la familia y de
la vida. Pero esta tarea requiere el compromiso de todos.
A los científicos se les ha confiado de modo especial conservar
el valor de la vida en la "conciencia" de los investigadores
y de la sociedad. Como personas expertas son escuchadas por
la sociedad, los medios de comunicación y los políticos. Por
ello les pedimos que proclamación con valentía el valor sagrado
de la vida humana desde el momento de la concepción y que nunca
se dejen seducir por posibilidades contrarias a la ética.
Los profesionales de la salud tienen también un importante
cometido. A los profesionales de la salud corresponde apoyar
siempre la Vida, y rechazar e incluso denunciar toda práctica
que atente contra la integridad o la vida de las personas, singularmente
la de aquellas más débiles como los embriones, los no nacidos,
los disminuidos, los ancianos y los enfermos terminales. A este
respecto vale nuevamente la pena recordar la conveniencia de
promover los procesos de adopción y recomendar esta posibilidad
a las personas que consideran la posibilidad de abortar. Hay
instituciones que atienden eficazmente estas situaciones.
Los medios de comunicación tienen un papel fundamental no sólo
en la información sino también en la formación pues a través
de ellos debe hacerse resonar el hermoso Evangelio de la vida.
Mis queridos hermanos y hermanas, todos los profesionales cristianos,
personalmente o asociados, han de influir responsablemente en
la sociedad y en las leyes. Es un signo de esperanza comprobar
cómo las asociaciones familiares se hacen presentes en el debate
social promoviendo los valores de la familia y de la vida. Estas
asociaciones contribuyen eficazmente a la elaboración de una
política familiar adecuada, de tan urgente necesidad, que facilite
el acceso a la vivienda, unas condiciones laborales y económicas
compatibles con la paternidad y maternidad, así como disponibilidad
del tiempo necesario para atender a la familia y a la educación
de los hijos.
Que no haya ninguna familia cristiana que no se implique activamente
en estas acciones que promueven una visión cristiana de la familia
y de la vida como don de Dios. Señores, amados peregrinos, vivimos
una crisis espantosa en todos los órdenes, no sólo en el orden
económico. Simplemente no alcanzan los sueldos para vivir desahogadamente.
¡Se come poco y se trabaja mucho! Vivimos angustiados por las
carencias, por la pobreza, por la miseria, por la desnutrición,
Por la injusticia, por la inseguridad. Tal parece que todo anda
mal. Más debe preocupamos que el amor está en banca rota ¿Verdad
qué eso ni siquiera aflige? Está en quiebra, está en crisis,
en inflación el amor, en amor en el matrimonio, la familia:
maridos viciosos y despreocupados, irresponsables e infieles
¡muy machos! Esposas ligeras y desobligadas, enleladas en telenovelas
¡muy liberadas! Hijos rebeldes, holgazanes, perdidos en los
vicios y sin deseos de superarse, muy de onda y modismos y lo
que es peor, sin sentido de la vida.
Queridos peregrinos, miremos a nuestra Dulce Señora, nuestra
Madrecita Guadalupe, a su esposo San José y desde luego a su
Hijo Jesús. Esta santa familia es para todos una pregunta y
una respuesta. La pregunta: ¿Marido qué haz hecho de tu esposa
y de tus hijos? ¿Alguna vez haz decidido tener o no tener hijos
movidos por el egoísmo? ¿Claro, que por egoísmo de dos, en contra
de la vida, llegando incluso al aborto, al asesinato? ¿Haz hecho
de tus hijos hombres honrados?
Esposa: ¿qué haz hecho de tu hogar, mantienes encendido el
fuego del amor que calienta a todos los miembros de tu familia?
¿No está soplando sobre ella una gran masa polar de aire que
congela los corazones de tu esposo y de tus hijos? Hijos: ¿dónde
está la santidad de sus vidas, el respeto y el amor a sus padres,
la convivencia y la armonía entre hermanos? A todas estas preguntas,
la respuesta debe de ser de cada quien.
Aprovechemos esta manifestación religiosa, que es nuestra peregrinación
al Tepeyac para optar decididamente por la vida, para orar por
nuestras familias. ¡Dios lo quiere, Querétaro, México lo necesita!
En este sentido nos exhortaba el Papa Juan Pablo 11 en la Evangelium
Vitae: «Para ser verdaderamente un pueblo al servicio de la
vida debemos, con constancia y valentía, proponer estos contenidos
desde el primer anuncio del Evangelio y, posteriormente, en
la catequesis y en las diversas formas de predicación, en el
diálogo personal y en cada actividad educativa.
8. Oración a María Inmaculada por la vida
Terminemos, mis queridos hermanos y hermanas esta reflexión
invocando a santa María de Guadalupe, Madre del Verdaderísimo
Dios por quien se vive, para que por su poderosa intercesión
cada causa de la vida, encuentre caminos de auténtica realización.
Bajo su protección ponemos a las familias, a los enfermos, a
los más débiles y amenazados, a los migrantes, muchos de ellos
aquí presentes; a la vez que invitamos a todos los cristianos,
y singularmente a las familias, a elevar con frecuencia a Ella,
la Madre de la vida, la siguiente invocación:
Oh María,
aurora del mundo nuevo,
Madre de los vivientes,
a Ti confiamos la causa de la vida:
mira, Madre, el número inmenso
de niños a quienes se impide nacer,
de pobres a quienes se hace difícil vivir,
de hombres y mujeres víctimas
de violencia inhumana,
de ancianos y enfermos muertos
a causa de la indiferencia
o de una presunta piedad.
Haz que quienes creen en tu Hijo
sepan anunciar con firmeza y amor
a los hombres de nuestro tiempo
el Evangelio de la vida.
Alcánzales la gracia de acogerlo
como don siempre nuevo,
la alegría de celebrarlo con gratitud
durante toda su existencia
y la valentía de testimoniarlo
con solícita constancia, para construir,
junto con todos los hombres de buena voluntad.
la civilización de la verdad y del amor,
para alabanza y gloria de Dios Creador
y amante de la vida (EV 105). |