La
Virgen María igualmente cuando el ángel le anuncia que Dios quiere que Ella sea la
Madre del Salvador, Ella pone primero sus preguntas, pero después
dice: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu
Palabra. Juan Diego lo mismo le dice a la Virgen:
“¿Quién soy yo Señora y Niña mía? Yo soy cola, soy paja,
soy escalerilla, yo no soy nada, soy un hombrecillo” y la
Virgen María le dice: “Es merecer que tú seas mi embajador
más digno de confianza” y Juan Diego obedece.
¿Qué significa todo esto para nosotros hermanas y hermanos?
Ser cristiano es seguir el ejemplo de Jesús, de la Virgen María,
de Juan Diego, del profeta Samuel: “Señor, aquí estoy, que
se haga tu voluntad, soy tu siervo, tu sierva que se haga tu
voluntad”.
Traemos aquí a las plantas de la Virgen y del Señor nuestras
historias, nuestros sufrimientos, nuestras alegrías, nuestras
preocupaciones, nuestras enfermedades y le decimos: Señor, Señora
y Niña mía, Señora y Madre nuestra que se me quite esta enfermedad,
que pase este problema, bendice mi familia; pero que sea haga
tu voluntad. Estoy dispuesto, dispuesta a aceptar tu voluntad,
aunque a veces esta voluntad esté mezclada con el dolor, con
el sufrimiento, con la cruz, con la pasión, con el sufrimiento.
“Aquí esto, Señor, para hacer tu voluntad” como nos enseña a decir la Virgen María,
como nos enseña san Juan Diego. ¿Cuántas veces esto tiene implicaciones
muy prácticas para nosotros, para mí como obispo o para ustedes
hermanos sacerdotes? Hacer la voluntad de Dios se manifiesta
en las disposiciones de sus superiores, quizás quisieran estar
en otro trabajo, en otro lugar: “Aquí estoy, Señor, para
hacer tu voluntad”. Quisiéramos que las cosas se hicieran
como yo pienso, como yo deseo, que se haga la voluntad de Dios.
Uno propone, Juan Diego habla, la Virgen María dice, Jesús,
también, le dice a su Padre, todos tenemos que hablar, decir
y exponer nuestros deseos y necesidades, pero decir: “Aquí
estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Para una religiosa
lo mismo a veces quisiera estar en un o otro, en un lugar o
en otro “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad”. Y
para todos nosotros quisiéramos que las cosas cambiaran; tener
más dinero, tener más salud, que en nuestra familia no hubiera
problemas, pero “Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad,
que se haga tu voluntad”, porque la voluntad es para nosotros
lo que nos guía, lo que nos salva.
Por otra parte en el Evangelio, estamos empezando entre semana
a proclamar el Evangelio de san Marcos, ahora estamos concluyendo
ya el capítulo I. Se nos dice como Jesús fue a la casa de san
Pedro y san Andrés, su suegra estaba enferma, con fiebre en
cama, le avisaron a Jesús se le acercó, la tomó de la mano,
la levantó y en ese momento se le quitó la fiebre y ella se
puso a servir. Después se dice como a Jesús le llevaron muchos
enfermos y poseídos por el demonio, los curó, expulsó a muchos
demonios. Después se levantó muy temprano, se fue a un lugar
solitario para hacer oración, lo andaba buscando y dice como
fueron por muchas partes, recorría Galilea, predicando en las
Sinagogas y expulsando a los demonios. Esta es la misión de
Jesús, predicar la Palabra de Dios, sanar a los enfermos, expulsar
a los demonios, hacer el bien. Como san Pedro va a resumir toda
la vida de Jesús diciendo que pasó su vida haciendo el bien.
La
Virgen María igual, Ella está siempre al pendiente de los demás, a penas le dicen que
va a ser la Madre del Salvador e inmediatamente se va a ayudar
a su prima Isabel, ya anciana, le faltaban tres meses de su
embarazo, ayudar ahí en los quehaceres de la casa, la Virgen
María una mujer servidora. Juan Diego igualmente, no sólo obediente
a la Virgen, se preocupa por su tío que está enfermo y un momento
determinado prescinde, quiere hacer a un lado a la Virgen para
no encóstrasela, porque él está preocupado por su tío. Todo
esto para nosotros es muy importante. ¿Cuál es la actitud de
un cristiano, de la Virgen, de san Juan Diego? Servir y ayudar
a los demás, proclamar la Palabra de Dios, ayudar a los que
están sufriendo sea en su cuerpo o sea en su espíritu, eso nos
identifica como cristianos.
En la Pastoral Indígena, cuya asamblea estamos realizando en
estos días, una de las preocupaciones es esa, que la Palabra
de Dios llegue a todos, que descubramos todo lo que Dios ha
hecho en estas comunidades, todo lo que Dios ha sembrado en
estos pueblos, pero, también, que nos preocupemos por la situación
de pobreza, de marginación en que viven muchísimos de ellos,
casi la mayoría. Despreciados, ahora obligados a emigrar puesto
que sus tierras ya no dejan, el maíz no deja. Con muchos problemas,
situaciones difíciles y no podemos nosotros prescindir de ello,
cuando hablamos de estos temas, no es meterse en lo que no nos
interesa, no es que eso son cosas del gobierno, cosas de la
política, es puro Evangelio. Es preocuparse por lo demás, por
los que tienen hambre, como Jesús dice “denles de comer por
los que están enfermos, por los que están poseídos por el demonio,
es preocuparse por lo demás”. Esta dimensión de la Virgen,
de san Juan Diego, de Jesucristo, no la podemos hacer a un lado,
si nos desinteresáramos de los que sufren, no seríamos discípulos
de Jesús, no seríamos cristianos, no seríamos humanos siquiera.
Que la Virgen María nos ayude y nos enseñe a vernos como hermanos
y a preocuparnos por los que sufren, que tengamos este corazón,
que de la Eucaristía que estamos celebrando brote esta dimensión
de amor, de servicio a los demás, sobretodo a los que sufren.
La Virgen María lo aprendió de Jesús, el Espíritu Santo le proyectó
siempre al servicio de los demás, como lo hacía, por ejemplo,
en las Bodas de Caná o lo hizo en el Calvario siempre cerca
del que está necesitado, que la Virgen María nos ayude.
Traemos a sus plantas nuestras intenciones, deseos y necesidades,
pero Ella también que nos ayude a ver las necesidades de los
demás a proyectarnos a los que más sufren como lo hizo Ella,
como lo hizo Jesucristo nuestro Señor.
Que así sea.
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