Los padres de familia, también, tienen esta encomienda, de
tomar esta Palabra de Jesús, la vida de Cristo, interiorizarla y transmitirla
a sus hijos. Y cabalmente estamos a un mes y días de comenzar este
Encuentro Mundial de las Familias, en nuestra ciudad. Las familias
cristianas que expresan su fe y quieren transmitirla o que ya desde
antes van transmitiendo a sus hijos estas convicciones de fe que tienen
entre las cuales está: el respeto a la dignidad de la persona, todos
hemos aprendido en nuestro catecismo, aquellas verdades fundamentales
y que nuestros padres nos fueron transmitiendo, quizás no mucho en
la vos, pero si constantemente en sus actitudes, verdades fundamentales,
que son: Dios a creado al hombre del barro de la tierra, le infundió
el espíritu de la vida y lo constituye un ser viviente dotado, pues,
de alma y cuerpo y de facultades que o hacen capaz de pensar en Dios,
pero, también, de relacionarse con sus hermanos. Y esta relación,
en este sentimiento de relación es el que el hombre y mujer se encuentran,
y en esta donación mutua del amor Dios les concede esta capacidad
de la procreación generando con eso la familia. Y Jesucristo no quiso
estar ajeno a esto, también, Él tiene su familia: la Virgen María,
José, y el que en este tiempo del adviento lo estamos esperando como
uno que viene. Que viene a formar una familia humana, de una característica
muy especial, que diríamos que se parece en mucho a las familias que
ahora tenemos y después de esas verdades, que nosotros vamos interiorizando,
también, sabemos, que este hombre y esta mujer, esta humanidad, toda,
fue creada a imagen y a semejanza de Dios.
El reflejo de Dios es cada uno de nosotros y por eso mismo
es que recibimos esta dignidad de personas y nuestros padres nos van
enseñando a: respetar, a amar, a tener buenas relaciones con nuestros
vecinos, con nuestros hermanos, con nuestros parientes este respeto
a la dignidad de la persona, que en estos últimos tiempos en nuestra
ciudad, en nuestros país, nos e respeta adecuadamente, imagen y semejanza
de Dios y sin embargo atentamos contra esta. Esta imagen de Dios,
nadie puede quitar la vida que solamente es don y regalo de Dios,
nadie puede, también, apresurarla, sino desde el momento de que alguien
es concebido hasta el termino natural de sus días, es un regalado
de Dios que nos va comunicando y a través del cual nos va dando la
posibilidad de acercarnos a Él.
Hemos de entender y reconocer, que en cada uno de nuestros
hermanos está la figura de Dios; está la presencia de Dios y por eso
hemos de respetar, reconociendo en esta persona la imagen de Jesucristo,
la imagen del Espíritu, la imagen del Padre. Creo que en esta preparación
a la celebración de la fiesta de la Virgen de Guadalupe a quien se
ha encomendado esta semana de encuentro mundial de las familias, nosotros,
también, hemos de pedirle a la Virgen María nos ayude a atender que
en nuestros hermanos está la imagen de Dios y que en consecuencia
tenemos que respetarla y no solamente en los dos términos, en los
extremos de principio y final, sino a través del tiempo de su existencia
buscando las condiciones mejores para su realización como persona.
Que la persona no carezca de trabajo, que la persona no carezca
de alimento, ni tampoco de aquellas condiciones que requiere para
su salud. Todo esto es respeto a la persona, todo esto es respeto
a la vida, no solamente cuando nace el niño, no solamente cuando tiene
que volver a la casa de Dios, sino durante este espacio que tiene
que tener condiciones dignas de desarrollo.
Encomendamos todo esto a la Virgen María y también nosotros
nos comprometemos a que nuestros prójimos, en cuanto de nosotros dependa,
serán respetados en sus derechos, que sus necesidades serán cumplidas,
que nosotros procuraremos esa relación de fraternidad, de solidaridad
y de ayuda, para que todos caminando por este tiempo que el Señor
nos ha dado vayamos construyendo con Él, con su ayuda el terreno suyo
que es presencia amorosa para todos nosotros.
Que la Virgen María de Guadalupe nos auxilie, que interceda
por nosotros y nos dé esta capacidad de reconocimiento de la obra
de Dios en cada uno de nuestros hermanos.
Que así sea.