InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio > Dozavario> Homilía 9
   
 
Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por S. E. Mons. Víctor Sánchez Espinoza, Vicario Episcopal de la VII Zona Pastoral, en el noveno día del Dozavario en preparación de la Solemnidad de Nuestra Señora de Guadalupe.


SOLEMNIDAD DE SAN JUAN DIEGO CUAUHTLATOATZIN
HIJITO MÍO: LA FAMILIA DE SANTA MARÍA DE GUADALUPE

9 de diciembre de 2008

Queridos hermanos, estamos preparándonos a los días tan hermosos de la Navidad. Durante que este tiempo que la liturgia de la Iglesia conoce como el Tiempo del Adviento estamos preparando nuestro corazón para que el Niño Jesús nazca en el corazón de cada uno de nosotros. Y desde el primer Domingo del Adviento la liturgia de la Iglesia nos ha venido presentando una serie de figurar propias de este tiempo. En primer lugar la figura de Isaías, que como todos los profetas, pero él con más existencia, anunció las venidas de Cristo. Sobretodo la venida última: cuando venga al final de los tiempos lleno de poder y de gloria a juzgarnos. Pero, también, anunció la venida histórica, su perfecta encarnación. La fiesta o la venida que celebramos en los días de la Navidad. A partir del segundo Domingo de Adviento y la segunda semana la liturgia nos presentó la segunda figura propia de este tiempo, la figura de Juan el Bautista. El último de los profetas del Antiguo Testamento que vino ya a preparar los camino del Señor. Y por eso cuando sus discípulos le preguntaban ¿eres tú el que ha de venir o esperamos a otro? él respondía, no, yo no soy él que ustedes esperan, a tras de mí viene otro más importante que yo, a tras de mí viene otro a quien no soy digno ni siquiera de inclinarme para desatarle las correas de sus sandalias. Yo los bautizo con agua, Él les dará el Espíritu Santo.

Juan el Bautista reconoce que tiene que venir a menos para que resalte la figura de Cristo y también ya en esta segunda semana del Adviento, y sobretodo a partir de ayer en que celebramos la Inmaculada Concepción de la Santísima Virgen María y hoy en que celebramos a san Juan Diego y durantes todos estos días en que estamos celebrando las fiestas de la Santísima Virgen de Guadalupe. La liturgia nos presenta la tercera figura del adviento, la más importante, la más hermosa, la figura de María. María es el mejor modelo de espera gozosa del Señor. Si alguien espero a Jesucristo fue la Santísima Virgen María lo espero como Madre, espero a su Hijo y como creatura espero a su Salvador. Y así pasadas las fiestas guadalupanas, porque en muchos lugares todavía celebramos a la Santísima Virgen de Guadalupe el 13, el 14 y el 15 de diciembre y seguiríamos todo el mes o todo el año, pero a partir del 17 de diciembre la liturgia nos presenta la segunda etapa del Adviento y nos dice: si no haz aprovechado estos primeros días del Adviento y no te has preparado para la venida de Jesús tienes todavía un novenario, un octavario para que prepares tu corazón y lo dejes como un pesebre, para que el Niño Jesús nazca en tu corazón.

Desde el día ayer, repito iniciamos nuestras fiestas marianas, propias de este tiempo del adviento. Iniciamos nuestras fiestas guadalupanas, hoy iniciamos la Solemnidad de san Juan Diego y le hemos perdido al Señor que por medio de este bienaventurado hermanos nuestros, indígena, como nosotros, a quien manifestó la Santísima Virgen María el milagro del Tepeyac, que nos conceda por intercesión de él y por intercesión de la Santísima Virgen María ser obedientes a las recomendaciones de nuestra Madre de Guadalupe y que podamos cumplir siempre como él lo hizo su voluntad.

Las lecturas bíblicas, que hemos escuchado en esta celebración de alguna manera describen la vida de los bienaventurados y en esta ocasión del bienaventurado san Juan Diego. Dice, la primera lectura que escuchamos tomada del libro Eclesiástico: “Hijo mío en tus asuntos procede siempre con humildad y te amarán más que al hombre dadivoso. Hazte tanto y más pequeño, cuanto más grande seas y hallaras gracia ante el Señor. Hay muchos grandes y gloriosos, pero a los humildes les revela sus secretos, porque sólo Él es poderoso y sólo los humildes les dan gloria”. Esto se cumple en la vida de san Juan Diego y de sus santos. Y el Evangelio que escuchamos, como tercera lectura, es: “la alabanza del mismo Jesús a su Padre Dios: Padre, Señor del cielo y de la tierra te bendigo, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos y las has revelado a la gente sencilla”. Dios manifiesta su santidad, Dios manifiesta su gloria en sus santos, y entre ellos, repito, manifiesta su santidad en san Juan Diego.

Los santos son fieles conductores de Dios, los santos nos llevan a Dios. Y hoy celebramos a un santo muy nuestro a san Juan Diego. Hoy celebramos a un santo que de alguna manera describe la vida de cada uno de nosotros. Hoy en esta casita sagrada de nuestra Madrecita Santa María de Guadalupe celebramos la Solemnidad de san Juan Diego, de la estirpe de los indios nativos de estos pueblos, de este pueblo y de los pueblos indígenas de nuestro continente. La Madre de Dios se le apareció en esta colina del Tepeyac, él fue un varón justo dotado de una fe purísima que con humildad y fervor logró que aquí se le edificara una casita a nuestra Madre de Guadalupe y hoy lo celebramos a él y celebrándolo a él la celebramos a Ella, a nuestra Madre del Tepeyac. Y celebrándola a Ella celebramos el único misterio que la liturgia de la Iglesia celebra el Misterio de Cristo.

Que ojala el Señor nos conceda al celebrar su fiesta ser fieles cumplidores de la voluntad del Señor. Y así se lo vamos a pedir por intercesión de Santa María de Guadalupe y por intercesión del bienaventurado san Juan Diego y con estos sentimientos, queridos hermanos, vamos a continuar participando en nuestra Eucaristía y celebrando esta Solemnidad de san Juan Diego. 

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados