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Semana
Santa 2008
(16 al 22 de marzo)
La
Semana Santa inicia el Domingo de Ramos que conmemora la entrada de Jesús a Jerusalén.
La celebración comienza con la bendición de las palmas que recuerda
el camino tapizado por los mantos para que pasara Jesús; este
acto lo reconoce como rey e Hijo de Dios.
En este día, Jesús es aclamado rey, ya conocido
por muchos y difundida su fama a diversos rincones del Israel
de aquella época.
La Iglesia ha colocado la liturgia
de la pasión precisamente en el Domingo de Ramos. Aquí se anticipa
que este rey será uno que conquiste su realeza dolorosamente
pasando por la cruz, y que sufrirá junto a su madre, por la
salvación de todos. La sangre de Cristo será entonces fuente
de liberación. Este Rey no será pasajero,
por el contrario será eterno y no tendrá fin.
María y El Domingo de Ramos
¿Cómo se encontraría María
en este momento, en medio de una gran multitud que la separaba
de su Hijo? María calla, asume una actitud de silencio y de
oración, aceptando la voluntad de Dios, siempre dispuesta a
servirlo con todo su ser: ¡He aquí la esclava del Señor hágase
en mí según tu Palabra! (Lc 1,38), dijo durante la Anunciación.
Reflexionando hoy, como devotos de María, nos preguntamos:
¿con quién nos identificamos esta Cuaresma, con los que aclaman
a Cristo un domingo y el viernes del dolor lo abandonan?, o
bien ¿con los pocos que están al lado de María en la entrega
total de su Hijo, y que no huyen ante circunstancias tan adversas?
Desde el Santuario de Guadalupe somos convocados
a permanecer acompañando a la Madre en su dolor al contemplar
la cruz. Al mismo tiempo, somos convocados a morir a todo lo
que no nos deja seguir el camino de Jesús, para con él recibir
la Gloria de la Resurrección. |
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Procesión – Eucaristía
Solemne y Bendición de las Palmas |
Homilía
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El Jueves Santo
es el día que la Iglesia celebra dos misas importantes;
la Misa Crismal y la Misa de la Cena
del Señor. Antiguamente también se celebraba
la Misa de la reconciliación, en ella culminaba el camino de
la cuaresma con la conversión del Pueblo de Dios.
Durante la Misa Crismal
los sacerdotes renuevan sus votos junto a su Obispo, y se consagran
los aceites que se utilizan en los sacramentos del Bautismo,
Confirmación, Unción de enfermos, así como el óleo de los catecúmenos
y el aceite con que se unge a los sacerdotes y obispos.
Más tarde, en la Misa de la Cena del Señor, que
es la principal Celebración Eucarística del Jueves Santo, Jesús ofrece
a sus discípulos el pan que se convierte en su cuerpo y el vino
que se transforma en su sangre. Su cuerpo, verdadera comida
y su sangre, verdadera bebida que da vida eterna, estableciendo
la Nueva Alianza con los hombres (Cf. Lc 22, 19-20). Este día,
Jesús nos hace partícipes de su divinidad y busca convertir
nuestros cuerpos en tabernáculos de Dios vivo.
En la Eucaristía, Cristo cumple su promesa de permanecer
con nosotros todos los días hasta el fin del mundo. Los hombres
ya no están solos en su camino, en el desierto de la vida, Jesús
está como verdadera comida y como verdadera bebida. Con Él,
el alma ya no tendrá más hambre de Dios y no estará más sedienta.
En la Cena del Señor, también ocurre otro acontecimiento
importante: Jesús lava los pies a sus discípulos para
darles ejemplo de amor y humildad, sirviendo a los demás
y comunicarles que Cristo Rey está entre nosotros como el que
sirve.
María en El Jueves Santo
En esta celebración, no puede faltar María. El
Papa Juan Pablo II, llama a María,
Mujer Eucarística. En su Encíclica Ecclesia
de Eucharistia menciona lo siguiente: “María ha practicado
su fe eucarística antes incluso de que esta fuera instituida,
por el hecho mismo de haber ofrecido su seno virginal para la
encarnación del Verbo de Dios” (EE 55). Ella es el primer
sagrario eucarístico. María, como señala Juan Pablo II, ya había
experimentado el cuerpo y sangre de Jesús en su propio cuerpo
desde la Anunciación. María también comprende que su grandeza
está en servir.
Para cada bautizado, rey con Cristo, este Jueves
Santo es una oportunidad para configurarse con Cristo y participar
de su cuerpo y de su sangre. La Celebración Eucarística no es
un requisito de la Iglesia, sino la invitación a participar
del cuerpo y sangre del Señor. Esta invitación es hecha por
el propio Jesús, para alimentar y saciar la sed de todos los
hombres y mujeres del mundo.
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Misa
Crismal en la Iglesia Catedral de México |
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Recepción
Solemne de los Santos Óleos.
Preside M. I. Sr. Cango. Manuel
Hernández Arias |
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| INTRODUCCIÓN
AL TRIDUO PASCUAL |
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Misa
de la Cena del Señor. Institución de la Eucaristía. Lavatorio
Preside ILMO. SEÑOR
RECTOR MONS. DIEGO MONROY PONCE |
Homilía |
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Representación
Última Cena y Oración en el Huerto |
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El Viernes Santo la Iglesia conmemora la muerte
salvadora de Nuestro Señor Jesucristo. En la Cruz Cristo muere
por nosotros y nosotros morimos al pecado al unirnos a
él.
En este día la Iglesia celebra la Pasión del Señor,
que consta de tres partes: Liturgia de la Palabra en que se
relata la Pasión según San Juan (18,1-19,42), Adoración de
la Cruz y la distribución de la Eucaristía.
La Cruz es vida y salvación. En
ella contemplamos al hombre nuevo ganado por Cristo. En la
Cruz está la verdadera vida, no la muerte, porque del costado
de Cristo brotó Agua y Sangre, símbolos del
Bautismo y de la Eucaristía de donde
emana la verdadera vida del hombre. Y ésa vida se obtuvo con
la muerte oblativa de Jesús.
Él muere porque es asesinado y martirizado, pero
acepta su muerte: “Nadie me quita la vida; yo la doy voluntariamente…”
(Jn 10,18).
Jesús perdonó, desde la misma cruz, a quienes lo
crucificaron. Ni aún crucificado, dejó de enseñar el camino
a sus discípulos. Enseñó a perdonar a pesar de ser objeto
de todos los males.
María
en El Viernes Santo
Sólo una madre puede comprender el dolor de ésta
madre. Aún con ello debe continuar y darle fuerzas a su Hijo.
Lo mira y él a ella. Tal vez Jesús sufre más por darle este
dolor. Sin embargo, la invita a participar en su cruz para
la Salvación de los hombres.
En este día la Santísima Virgen es recordada especialmente
como María al pie de la Cruz (Jn 19, 25-27) Por la
tarde (o el sábado por la mañana), después del Vía Crucis,
la Iglesia realiza el Vía Matris.
María al pie de la Cruz
sufre profundamente. Su Hijo muere como
el peor de los malhechores; es víctima de la peor de las muertes,
burlado y ultrajado. Ella guarda silencio y da el sí a Dios
una vez más.
María al pie de la Cruz
recibe una misión, una petición más de Dios.
Jesús encomienda a María al discípulo (Cf Jn 19, 26). Ella
es quien ha de cuidar de sus seguidores; es llamada a ser
Madre de todos los hombres, Madre de la Iglesia.
María al pie de la Cruz
representa a la Iglesia de Cristo, fiel
hasta la cruz. Representa el sí de la nueva comunidad
que es capaz de acompañar sin condiciones a su Maestro.
María al pie de la Cruz
también representa el “sí” del Pueblo de Israel,
de ese pueblo que siempre ha puesto sus esperanzas en las
promesas de Yahvé. Y, contra toda esperanza, no pierde la
confianza en Dios.
María al pie de la Cruz
es mártir, se le pide despojarse de su vida
misma que pende de la Cruz, para dar cabida a los planes de
Dios.
María al pie de la Cruz
también tuvo que renunciar a algunos de sus
pensamientos israelitas muy arraigados. La fe
en la que ella había sido formada y que tanto amó, era necesario
que se transformara para dar lugar a la plenitud de la revelación
en su Hijo Jesús.
María al pie de la Cruz confía
siempre en Dios, confía siempre en sus promesas y espera.
Al mismo tiempo, se abraza del discípulo amado para amarlo
y sentir su amor.
María al pie de la Cruz
está indisolublemente unida a la obra salvadora
de su Hijo. El sí de María y el sí de Jesús no se pueden separar,
uno conlleva al otro, y uno no existe sin el otro.
Jesús y María juntos entregan por amor sus vidas
al Padre para la salvación de todos. No es solamente la oblación
del Hijo obediente al Padre, sino es también la oblación de
María obediente al Dios Trino y Uno.
María al pie de la Cruz humilde
recibe el cadáver de su amado Hijo; el cuerpo
llagado por cuyos dolores hemos sido sanados. Fue la primera
en tocar con sus benditas manos el Cordero de Dios por cuyo
sacrificio hemos recuperado la amistad con Dios de una vez
y para siempre.
En el Viernes Santo, en el Tepeyac como en el monte
Calvario, Guadalupe está al pie de la Cruz y
se nos entrega por Madre. Santa María de Guadalupe ha querido
tener un santuario en el Tepeyac para estar siempre dispuesta
a dar su amor maternal a los hijos de la Iglesia. Una y otra
vez nos recuerda: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?”.
Como dignos hijos de María, correspondamos al amor
que Ella nos ha entregado al pie de la Cruz de su Hijo; seamos
buenos hermanos de Jesús, dejándonos transformar a imagen
de él. Pidamos al Espíritu Santo nos asista y entreguemos
en las manos del Padre nuestras esperanzas.
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VÍA
CRUCIS.
Preside ILMO. SEÑOR RECTOR MONS. DIEGO MONROY PONCE
Venerable Cabildo
de Guadalupe y Padres Capellanes. |
Texto
Vía Crucis |
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Meditación
de las Siete Palabras
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Presiden miembros
del Venerable Cabildo de Guadalupe
| 1ª.
Palabra |
M.
I. Sr. Cango. Jorge Palencia |
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| 2ª.
Palabra |
M.
I. Sr. Cango. Leonardo Tinoco |
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| 3ª.
Palabra |
M.
I. Sr. Cango. Pedro Tapia Rosete |
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| 4ª.
Palabra |
M.
I. Sr. Cango. Jesús Gutiérrez |
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| 5ª.
Palabra |
M.
I. Sr. Cango. Alberto Reynoso |
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| 6ª.
Palabra |
M.
I. Sr. Cango. Luis Felipe García |
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| 7ª.
Palabra |
M.
I. Sr. Cango. Adolfo Guerrero |
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Representación
"Pasión y Crucifixión del Señor". |
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Celebración
Litúrgica de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo
Preside ILMO. SEÑOR
RECTOR MONS. DIEGO MONROY PONCE
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Homilía |
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Procesión
del Silencio
Preside ILMO. SEÑOR
RECTOR MONS. DIEGO MONROY PONCE |
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El Sábado Santo la Iglesia contempla a Jesús muerto
en la cruz, y no celebra la Santa Misa. La Eucaristía se reserva
para la Vigilia Pascual que ya pertenece al Domingo de Resurrección.
El sábado pasó a ser un día en que la Iglesia le
rinde culto a María. La mujer que fue dichosa por haber creído.
La mujer que con su absoluta disponibilidad al plan de Dios,
colaboró más que ningún ser humano en la Salvación universal.
Durante el sábado que comienza desde el viernes
por la tarde según la tradición israelita, los judíos celebraban
la pascua, día de gran solemnidad, por lo que debían de sepultar
rápidamente el cuerpo de Jesús. Lo sepultaron en el sepulcro
de un hombre rico, el que José de Arimatea tenía para sí.
Nuestra Señora tuvo la tranquilidad de que su Hijo
tenía un lugar digno para su Santo Cuerpo. En el silencio
que le dio la soledad de no tener más entre sus brazos a su
Hijo, pudo encontrar el consuelo de que su Padre Dios cuidaba
de Él. A Ella sólo le quedaba confortarse en la oración en
esos momentos de incertidumbre.
En Caná, Ella ordenó que hicieran lo que
él les dijera por su gran confianza en el poder de su Hijo.
Así, el Sábado Santo, ella también confía en Él.
En el Sábado Santo estamos llamados a mantener
la esperanza contra toda adversidad; y, junto a María, contemplar
el sepulcro de Jesús con una profunda esperanza de que las
tinieblas no opacarán la luz.
María, más que otro día, meditó con las Escrituras,
los acontecimientos en su corazón. Buscó las respuestas como
siempre en la dulce Palabra de Dios. Al transcurrir el día
entre la meditación, oración y silencio, su alma se fue transformando
desde un profundo dolor al haber depositado el cuerpo de su
Hijo en la sepultura, hasta un profundo gozo y paz que proporciona
el mantenerse en la confianza en Dios.
La Iglesia por esto, rinde culto
a María especialmente en sábado. Nosotros, que amamos a María,
debemos mantener este gozo de saber que Él triunfó por sobre
todo: pena, dolor, muerte.
Con Santa María de Guadalupe, unidos en la
oración, en el silencio del Sábado Santo, retomemos las fuerzas
que nos prepararán para la misión de llevar el Nombre del
Resucitado a todos aquellos que mueren de desesperación, desolados
por el constante ambiente de violencia y odio.
Vivamos como María el Sábado Santo. En silencio,
acallando todas las angustias, ruidos interiores y exteriores,
y, con recogimiento, preparémonos para celebrar la mayor alegría
de los cristianos: la Vigilia Pascual.
¡Jesús, Luz del mundo, creemos en tu resurrección! |
Vía
Matris |
Texto
Vía Matris |
| VIGILIA
PASCUAL |
| NOCHE
SANTA DE LA RESURRECCIÓN DEL SEÑOR |
La
Vigilia Pascual implica tener las lámparas encendidas y pendientes
del triunfo de Cristo sobre la muerte y las tinieblas. Luz
del Mundo que viene para darnos el Espíritu de vida.
La
Vigilia también implica una actitud de alerta, ya que el Pueblo de
Dios permanece pendiente a la espera de la Resurrección del
Señor, porque “si con él morimos, con él resucitamos para
la vida eterna” (Cf. Col 2,12).
La celebración de la Vigilia Pascual, aunque se celebre antes
de la medianoche, es ya la misa pascual del Domingo de Resurrección
y consta de cuatro partes:
1- Lucernario o Liturgia de la Luz.
2- Liturgia de la de la palabra.
3 -Liturgia Bautismal.
4 -Liturgia Eucarística.
Cada una de estas partes nos habla de Cristo. En la primera
se centra en torno a Cristo Luz del mundo y comienza con la
bendición del fuego nuevo por parte del sacerdote quien enciende
el cirio pascual y va transmitiendo la luz a los presentes,
encendiendo de mano a mano sus velas, simbolizando así a quienes
esperan el regreso del Señor, para que en su retorno los encuentre
vigilantes y los haga partícipes de su banquete.
Esta primera parte se concluye con el pregón pascual.
La segunda parte se refiere a Cristo Palabra del Padre
y se realizan nueve lecturas bíblicas que recuerdan la
liberación del hombre desde los inicios hasta culminar en
la liberación definitiva en Cristo Jesús.
Contiene siete lecturas del Antiguo Testamento:
- La
Creación (Gn 1,1-2,2)
- El sacrificio de Abraham (Gn 22,1-18)
- La salida de Egipto (Ex 14,15-15,1)
- Las promesas de Dios en la alianza matrimonial (Is 54,5-14)
- El ofrecimiento de salvación (Is 55,1-11)
- Seguir los senderos de Dios (Ba 3,8-15. 32-4,4)
- Agua pura, corazón y Espíritu nuevo (Ez 36,16-28)
Y dos del Nuevo Testamento:
- Carta sobre la muerte y Resurrección con Cristo (Rm 6,3-11)
- Evangelio del anuncio de la Resurrección (Mt 28,1-10;
Mc 16,1-7; Lc 24,1-12).
La tercera parte es la liturgia del agua y el bautismo en
donde se reitera que Cristo es el agua viva que desde
la pila bautismal da vida. En esta parte se bendice la fuente
bautismal, se bautiza a los que por primera vez se incorporan
a la Iglesia y por ello son llamados catecúmenos y se renuevan
las promesas bautismales de los que ya son miembros de la
Iglesia. La pila bautismal simboliza al vientre de la Madre
Iglesia donde nacen sus nuevos hijos, que renacen del agua
y del Espíritu.
La cuarta parte es la celebración Eucarística después de dos
días de ayuno eucarístico, Cristo es el pan que se
ofrece en oblación y alimenta a los hombres. Con Él nos ofrecemos
como hombres nuevos después de haber resucitado como ofrenda
agradable a Dios, y con gozo, profunda alegría, se canta
el Gloria a Jesús Resucitado.
Los evangelios relatan que Jesús primero se apareció a las
mujeres que le seguían. Ellas también fueron las primeras
en ser enviadas a llevar la noticia de su resurrección.
María, que en la Cruz había sido llamada a ser Madre de todos
los hombres, ahora será Madre de la Iglesia. A ningún lado
más nos podrá llevar, sino a su Hijo.
Pero, llegar a la alegría de la resurrección ciertamente no
es posible sin la muerte primero. No hay resurrección sin
muerte. Por eso en el Viernes Santo hay que pedir a María
que nos acompañe a nuestra cruz para dejar crucificados nuestros
egoísmos, odios, ataduras y todo aquello que nos impida renacer
en la Vigilia Pascual.
Al lado de la Madre de Dios, podemos renacer y renovar las
promesas bautismales, pedirle que nos permita ser el cristiano
que el mundo necesita.
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Eucaristía Vigilia
Pascual
Preside ILMO. SEÑOR
RECTOR MONS. DIEGO MONROY PONCE |
Homilía |
La
Iglesia celebra el Domingo de Resurrección con la Misa muy solemne
que acontece en la Vigilia Pascual, desde el sábado anterior
por la noche. Esta misa es la más solemne de la Iglesia, porque
en ella se celebra el triunfo de Jesús sobre la muerte.
Pidamos a Santa María de Guadalupe nacer de nuevo con Cristo
resucitado.
¡Llevemos al mundo el mensaje de paz y amor fraterno que Nuestro
Señor Jesucristo ha traído para nuestra felicidad!
¡Él vive y que María lo muestra desde el Tepeyac y en cada
uno de nosotros!
Madre de Guadalupe, acompáñanos para que la Resurrección de
tu Hijo esté siempre presente en nosotros, y que en los acontecimientos
de la vida cotidiana descubramos nuestra propia Pascua.
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Eucaristía Solemne
de Pascua
Preside ILMO. SEÑOR RECTOR MONS.
DIEGO MONROY PONCE |
Homilía |
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