Muy queridos hermanos
y hermanas, hermanas religiosas, Monseñor Diego Monroy, Rector
de esta Basílica, ilustres canónigos, muy queridos sacerdotes
y hermanos, todos, que estamos aquí reunidos en esta concelebración
eucarística.
Grandes fiesta
la que celebra hoy nuestra madre la Iglesia, la Fiesta de
la Inmaculada Concepción. Aquella mujer que fue predestinada
por Dios, desde toda la eternidad para que naciese virgen
inmaculada. Y que llevaría en su seno al mismo Hijo de Dios,
por obra del Espíritu Santo: la Inmaculada Concepción. Y que
se distinguió por un grande amor a Dios y que debemos todos
de invocarla precisamente como la Madre de Dios y Madre nuestra,
ya que Ella siempre intercede por nosotros.
Pero en estos días,
hermanos y hermanas, nos estamos preparando para la fiesta
del nacimiento de Cristo nuestro Salvador, y Él quiere nacer
en cada uno de nosotros de ahí la importancia que debemos
de dar para tener purificada nuestra alma, nuestro corazón
y todo nuestro ser de todo pecado. Precisamente para que Cristo
nazca en cada uno de nosotros.
Pero en este año
también Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha instituido el
Año Sacerdotal en el que debemos de pedir por todos nuestros
sacerdotes: por él que nos bautizó, por él que nos confirmó,
por él que ha celebrado la Eucaristía, porque él que ha perdonado
nuestros pecados, por aquel al que consultamos. Año Sacerdotal,
y también, Año Eucarístico donde Cristo quiso permanecer en
medio de todos nosotros bajo las apariencias de un poco de
pan y un poco de vino, que por las palabras de la consagración
en la Eucaristía, en la Santa Misa, se convierten en el Cuerpo
y en la Sangre de Cristo nuestro Señor ¿para qué? para ser
el alimento de cada uno de nosotros.
Que importante
esto que hemos comentado. ¿Y cómo debemos de estar preparados
de la mejor manera, para todos estos acontecimientos que culminarán
con el nacimiento de Cristo, nuestro Salvador? Y Él quiere
nacer en cada uno de nosotros. Por eso pidámosle perdón al
Señor de todo aquello que no hayamos hecho bien. Pidamos la
intercesión de nuestra Madre, la Virgen Santísima para que
Ella por esta poderosa intercesión, deberás nos capacite mejor,
para recibir a Cristo, su Hijo. Que importante el que todo
esto lo tengamos en cuenta, para que así en la próxima Navidad
el Señor nos encuentre preparados. Y hemos preparado nosotros
nuestro corazón, para que Él nazca en cada uno.
Que esta sea una
de nuestras peticiones, muy queridos hermanos y hermanas,
en esta celebración Eucarística, para que el Espíritu Santo
nos hable constantemente. No nos hagamos sordos a su voz y
escuchando su Palabra nos convirtamos verdaderamente al Señor,
Dios nuestro. Y pidamos para ellos la intercesión de nuestra
Madre, la Virgen Santísima de Guadalupe, Madre de Cristo y
Madre nuestra. Que estamos por celebrar, también, este próximo
día 12 de diciembre.
Así sea.