InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio > Dozavario > Octavo Día
   
 

Homilía
pronunciada por S.E. Mons. Felipe Tejeda García, M. Sp. S., Vicario Episcopal de la III Vicaría, en el Octavo Día del Dozavario, en la Basílica de Guadalupe.

8 de diciembre de 2009

"María, fuente de la sacralidad de la vida humana desde la concepción"

Muy queridos hermanos y hermanas, hermanas religiosas, Monseñor Diego Monroy, Rector de esta Basílica, ilustres canónigos, muy queridos sacerdotes y hermanos, todos, que estamos aquí reunidos en esta concelebración eucarística.

Grandes fiesta la que celebra hoy nuestra madre la Iglesia, la Fiesta de la Inmaculada Concepción. Aquella mujer que fue predestinada por Dios, desde toda la eternidad para que naciese virgen inmaculada. Y que llevaría en su seno al mismo Hijo de Dios, por obra del Espíritu Santo: la Inmaculada Concepción. Y que se distinguió por un grande amor a Dios y que debemos todos de invocarla precisamente como la Madre de Dios y Madre nuestra, ya que Ella siempre intercede por nosotros.

Pero en estos días, hermanos y hermanas, nos estamos preparando para la fiesta del nacimiento de Cristo nuestro Salvador, y Él quiere nacer en cada uno de nosotros de ahí la importancia que debemos de dar para tener purificada nuestra alma, nuestro corazón y todo nuestro ser de todo pecado. Precisamente para que Cristo nazca en cada uno de nosotros.

Pero en este año también Su Santidad el Papa Benedicto XVI ha instituido el Año Sacerdotal en el que debemos de pedir por todos nuestros sacerdotes: por él que nos bautizó, por él que nos confirmó, por él que ha celebrado la Eucaristía, porque él que ha perdonado nuestros pecados, por aquel al que consultamos. Año Sacerdotal, y también, Año Eucarístico donde Cristo quiso permanecer en medio de todos nosotros bajo las apariencias de un poco de pan y un poco de vino, que por las palabras de la consagración en la Eucaristía, en la Santa Misa, se convierten en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo nuestro Señor ¿para qué? para ser el alimento de cada uno de nosotros.

Que importante esto que hemos comentado. ¿Y cómo debemos de estar preparados de la mejor manera, para todos estos acontecimientos que culminarán con el nacimiento de Cristo, nuestro Salvador? Y Él quiere nacer en cada uno de nosotros. Por eso pidámosle perdón al Señor de todo aquello que no hayamos hecho bien. Pidamos la intercesión de nuestra Madre, la Virgen Santísima para que Ella por esta poderosa intercesión, deberás nos capacite mejor, para recibir a Cristo, su Hijo. Que importante el que todo esto lo tengamos en cuenta, para que así en la próxima Navidad el Señor nos encuentre preparados. Y hemos preparado nosotros nuestro corazón, para que Él nazca en cada uno.

Que esta sea una de nuestras peticiones, muy queridos hermanos y hermanas, en esta celebración Eucarística, para que el Espíritu Santo nos hable constantemente. No nos hagamos sordos a su voz y escuchando su Palabra nos convirtamos verdaderamente al Señor, Dios nuestro. Y pidamos para ellos la intercesión de nuestra Madre, la Virgen Santísima de Guadalupe, Madre de Cristo y Madre nuestra. Que estamos por celebrar, también, este próximo día 12 de diciembre.

Así sea.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenosPágina anterior
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados