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Homilía
pronunciada por S.E. Mons. Armando Colín Cruz, Vicario Episcopal de la I Vicaría, en el Primer Día del Dozavario, en la Basílica de Guadalupe.

1 de diciembre de 2009

"El sacerdote discípulo y misionero"

Hermanos y hermanas, en nuestro Señor Jesucristo.

Hoy hemos venido como peregrinos al Santuario dedicado a Nuestra Madre Santa María de Guadalupe. Para celebrar una vez más el Gran Acontecimiento que cambió los destinos de la humanidad, el Memorial de la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo, el Mesías, el Señor. En este recinto donde se encuentra como vigía, custodia y anfitriona la Señora del cielo, la siempre Virgen Santa María de Guadalupe, Madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, quien nos recibe y nos da la bienvenida. En este día en que iniciamos el dozavario de preparación rara celebrar el 478 aniversario de sus apariciones. También, en el contexto del Jubileo Sacerdotal en donde el Señor nos invita a vivir como discípulos y misioneros a imitación de su Madre que fue la primera que dio testimonio de estar a la escucha de su Palabra desde el momento en que aceptó el compromiso de llevarlo en su seno y fue la primera en anunciar como misionera las enseñanzas de su Hijo, ejercitando las virtudes de la humildad, oración, servicio y entrega

Hoy como María, la sierva del Señor, también nosotros queremos glorificar a Dios por las maravillas que Él ha hecho con nosotros; lo cual nos llena de inmensa alegría hacerlo, postrándonos aquí en su casa, ante su imagen.

Nos llena también de anhelo el hacemos también nosotros, como Ella, mensajeros del Evangelio de su Hijo, es decir sus discípulos y misioneros. Oímos justamente en el oráculo de la paz mesiánica que el profeta Isaías anuncia para su pueblo en la primera lectura diciendo: "Aquel día la raíz de Jesé se alzará como bandera de los pueblos, la buscarán todas las naciones a ella confluirán y será gloriosa su morada"(Is 11,1-10). "Que lo aclamen dichoso todas las naciones" (Sal 71, 17), nos dice el salmo de hoy. María fue la que de manera particular glorificó y embelleció la morada de Dios, llevándolo en su seno y fue la primera que lo anunció como misionera; fue ella, también, quien se hizo presente como mensajera en este nuestro pueblo en medio de los montes, en esta colina del Tepeyac, para decimos que ha brotado ya el renuevo del tronco de Jesé, sobre quien se ha posado ya el Espíritu del Señor, y como nos dice en el evangelio de Lucas, ha comenzado ya el año de gracia del Señor[1], que es su salvación expectante hasta que venga de nuevo. Se han cumplido los oráculos que pronunciaron los antiguos profetas, y en Jesús el Emmanuel concebido por obra del Espíritu Santo se ha gestado en el vientre purísimo de nuestra Madre y maestra y ella, aquí en el Tepeyac, así se ha presentado como la mujer encinte que está por dar a luz, como lo muestra el ceñidor negro de su túnica; rodeada con el sol con la luna bajo sus pies y en actitud de adoración, que evoca la mujer de la Apocalipsis del Cap. 12, más aquí se hace presente para los habitantes del valle del Anáhuac, de tez morena, manto de jade, turqueza y túnica como rosa de castilla, como el horizonte de primavera formada por pinceles celestiales. Ella nos anuncia que ha terminado el oprobio, la opresión, ha terminado el tiempo de la esclavitud, y ya despunta una nueva aurora. Porque ya de ahora en adelante será la sabiduría encarnada y la inteligencia plena, quien nos gobierne y quien se preocupará hasta el extremo por los pobres, necesitados y oprimidos. Encarcelados y pecadores porque él pondrá en práctica la justicia y la equidad y entonces nos mostrará esa paz mesiánica, porque con la justicia, derecho y equidad destruirá los lazos de injusticias, odios y maldad. y esa es nuestra dicha y la más grande bendición que hemos tenido, porque, a partir de su presencia, la fe y el evangelio arraigaron en la conciencia y en la identidad de toda esta nación suya y nuestra.

Ahora nos toca también a nosotros mostrarlo, hacemos nosotros también mensajeros de su Palabra, de su Evangelio, sus discípulos y misioneros, porque precisamente ahora, desde el encuentro de los obispos de Latinoamérica y los pueblos del Caribe, reunidos en asamblea en Aparecida, Brasil, profundizaron en el contexto de los signos de los tiempos de la necesidad de ser discípulos misioneros, en nuestro mundo de hoy, poniendo como modelo a nuestra Madre Santa María de Guadalupe, quien se presentó en actitud de discípula de su hijo quien lo dio a conocer con su testimonio de vida entregada a su servicio. Con ello entendemos que a semejanza de María, tenemos que anunciarlo desde nuestro corazón, con nuestra vida, con nuestra palabra, con nuestra acción apostólica lo cual nos debe llenar de alegría, como lo hicieron las discípulos desde el mismo llamamiento realizado por Jesús[2].

Estamos en el contexto del Jubileo sacerdotal, y con doble razón dirigimos nuestra mirada a Jesús el ungido por el Espíritu de Dios, el sumo y eterno sacerdote, que nos ha regalado también el don de "la unción sacerdotal', a los ministros ordenados de nuestra Iglesia, ungidos con el óleo sagrado para que como los apóstoles llevemos al mundo el mensaje del Señor. El Señor nos llama a participar de su vida y de su gloria, a caminar con él. Por ello como discípulos y misioneros, estamos llamados a intensificar nuestra respuesta de fe y fidelidad para hacernos prójimo con los más pobres.

Como sacerdotes, y en el contexto del año sacerdotal con la vocación que el nos ha regalado, y de acuerdo a lo que el evangelio nos dice hoy “Yo te alabo padre porque has revelado estas cosas a la gente sencilla" y como los discípulos, como María, no debemos olvidar nosotros jamás que hemos sido:

1. Llamados por el amor del Padre: "Llamamiento que hace Jesús, el Maestro, que conlleva una gran novedad... los discípulos pronto descubren dos cosas del todo originales en relación con Jesús. Por una parte, no fueron ellos los que escogieron a su maestro; fue Cristo quien los eligió. De otra parte, ellos no fueron convocados para algo (purificarse, aprender la ley...) sino para alguien, elegidos para vincularse íntimamente a su Persona...,[3] (Cfr. Mc 1, 17; 2, 14).

2. Configurados por el Padre en Cristo: "Pues la admiración por la persona de Jesús, su llamada y su mirada de amor buscan suscitar un respuesta consciente y libre desde lo más íntimo del corazón como discípulo, una adhesión de toda su persona al saber que Cristo lo llama por su nombre[4], para aprender de él (Cfr. Jn 10, 3) Es una respuesta de amor a quien lo amó primero, nos amó "hasta el extremo" (Cfr. Jn 3, 1). En este amor de Jesús madura la respuesta del discípulo: "Te seguiré a dondequiera que vayas" (Cfr. Lc 9, 57).

3. Enviados por Cristo a continuar su misión: "El discípulo se fundamenta en la roca de la Palabra de Dios, se siente impulsado a llevar la Buena Nueva de la salvación a sus hermanos. Discipulado y misión son como las dos caras de una misma medalla: cuando el discípulo está enamorado de Cristo, no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva (Cfr.Hech 4,12). En efecto, el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro"[5].

4. Y finalmente, animados por el Espíritu Santo: "... Como Jesús se presenta en el Evangelio de hoy, "Se llenó de júbilo en el Espíritu Santo y exclamó... te doy gracias Padre, Señor del cielo y de la tierra... ". Ya desde el principio, los discípulos habían sido formados por Jesús en el Espíritu Santo (Cfr. Jn 14, 26). Esta es la razón por la cual los seguidores de Jesús especialmente los ministros ordenados, deben dejarse guiar constantemente por el Espíritu (Cfr. Gál 5, 25) Y hacer propia la pasión de Cristo, por el Padre y el Reino[6].

Concluimos esta reflexión, encomendado a Dios bondadoso y misericordioso, aquí a los pies de nuestra madre la morenita del Tepeyac, Santa María de Guadalupe, madre del verdaderísimo Dios por quien se vive, en donde encomendamos a su intersección y protección a todos los sacerdotes, y que leve a su hijo Jesucristo nuestras súplicas para que las reciba nuestro Padre Dios, por la fuerza del Espíritu Santo. fin de que:

•Que los presbíteros, como imagen del Buen Pastor, sean siempre hombres de la misericordia y la compasión a favor de su pueblo.
•Que los sacerdotes como discípulos aprendan y vivan una profunda experiencia de Dios ejercitando las virtudes de obediencia, humildad y servicio
•Que siempre recuerden que "la caridad pastoral" es la fuente de la espiritualidad sacerdotal. Como en el evangelio de hoy, Jesús se alegra porque su Padre ha revelado sus designios a la gente sencilla y da gracias.
•Que los sacerdotes como discípulos de Jesús que se nutran durante toda su vida de la Palabra de Dios, de la Eucaristía y de la oración.
• Que los ministros ordenados, movidos por la caridad pastoral, los lleve (cuidar del rebaño a ellos encomendado y a buscar a los más alejados de la Palabra de Dios. Y Jesús volviéndose a sus discípulos les dijo aparte...  los conoce y ellos escuchan su voz.
•Que vivan siempre en profunda comunión con su Obispo, los presbíteros. diáconos, religiosos, religiosas y laicos.
•Que estén atentos a las necesidades de los más pobres, comprometidos en la defensa de los derechos de los más débiles y promotores de la cultura de la solidaridad. El buen pastor da la vida por sus ovejas.

Estos ideales a realizar hermanos y hermanas: serán la gran esperanza para los pueblos, particularmente al lanzamos a la gran aventura del discipulado misionero que el documento de Aparecida nos propone en la realización de la Gran Misión Continental, que nos llevará a un proceso de encuentro con Jesús para entender los que nos dice el evangelio "Dichosos los ojos que ven lo que nosotros vemos" (Lc 10,23).

Que nuestra madre Santa María de Guadalupe, discípula y misionera, nos ayude y anime en la tarea evangelizadora, para continuar la Misión Continental, cíclica y permanente en nuestros pueblos y ciudades, a fin de que respondamos con alegría y entusiasmo a los retos que el mundo de hoy nos presenta. Y a la ve? "caminemos juntos" hacia la santidad, hacia la contemplación de) rostro de Dios por toda la eternidad. De tal manera que nadie se quede en e) camino, en 13 oscuridad del pecado y de la muerte eterna, sino que guiados por María veamos la luz eterna.

¡Que así sea y que el Señor, que viene, el Emmanuel nos bendiga a todos!


Notas


[1] Cfr. Lc 4, 14- 19. En esta segunda parte del Evangelio se narra el ministerio de Jesús en Galilea Jesús manifestando su identidad a través de acciones y palabras. los líderes de Israel lo rechazan. Más él congrega a su alrededor un grupo de discípulos a quienes envía a predicar traza las líneas fundamentales de su programa misional. Jesús en esta acción proclama que se ha cumplido lo que dice (Is 61, 1-2) el (Sal 9,1-2)
[2] Documento de Aparecida (DA) 100X, Brazil. Jesús llama para "estar con él" yeso va a significar que es la escuela de enseñanza y aprendizaje" Jesús, a los que llamó los fue formulando personalmente, con perseverante paciencia sabiduría.
[3] Cfr. DA 132
[4] Cfr. DA 136
[5] BENEDICTO XVI, Discurso inaugural 3.
[6] Cfr. DA 152
 
 
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