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Homilía
pronunciada por Mons. Alberto Márquez Aquino, Vicario General de las Áreas de Pastoral, en el Quinto Día del Dozavario, en la Basílica de Guadalupe.

5 de diciembre de 2009

"El sacerdote, ministerio de la ternura maternal de María"

Hermanas y hermanos, todos, amados por la ternura de María. Se nos decía al inicio de nuestra celebración, que nos encontramos en esa preparación a la gran celebración del día 12, tan querida, tan apreciada, tan importante para nosotros. Yo quisiera que tomáramos todos nosotros conciencia del significado que esto tiene, no solamente es seguir una tradición popular, que nos lleva a que nuestras fiestas no solamente duran un día, sino varios días, así lo hacemos en muchos lugares de donde provenimos. Es más que nada, y ese es el sentido creo yo que le debemos dar, es que nos preparamos sí, pero que todo esto ya desde ahora nos va poniendo en una sintonía. En un espíritu de comunidad con tantos y tantos hermanos nuestros, que especialmente en nuestra patria se preparan como nosotros, tienen el anhelo de acercarse a María de Guadalupe. Y esto lo hacemos nosotros aquí con estos signos, con estos medios, un Dozavario. Que por otra parte, como también se nos decía; por iniciativa del señor rector del Cabildo de Guadalupe se va pidiendo, que hagamos presencia aquí, algunas personas que representamos algunas entidades de nuestra arquidiócesis, sean algunas vicarías territoriales, sean algunas funcionales, como es mi caso la vicaría de pastoral.

Pero esto desde luego espero que para ninguno de nosotros sea una formalidad, sino un significado, que por medio de esto vivamos la realidad de esta comunidad de la Basílica, comunidad de muchas personas, que pasan solamente aquí, pero se unen íntimamente a nuestras celebraciones, comunidad de varios agentes de pastoral que trabajan aquí de forma ordinaria y comunidad sobretodo del grupo de sacerdotes tan numeroso como lo vemos aquí. Prácticamente todos los que ustedes ven aquí, estos sacerdotes, trabajan de forma cotidiana al servicio de todos los peregrinos que visitan este lugar. Somos una arquidiócesis, somos una comunidad bajo nuestro pastor el señor Cardenal con distintos ministerios, con distintos servicios y esta comunidad de la Basílica presta este servicio de animación, de ayuda, muchas veces de consejo a todas las personas que como nosotros venimos frecuentemente o algunas veces a este lugar.

Además, igualmente se nos ha dicho, esto lo enmarcamos en el Año Sacerdotal. Estos meses que por invitación del Santo Padre en la Iglesia todos queremos tomar mayor conciencia de lo que significa el sacerdocio para nuestra Iglesia. Que todos nosotros sigamos pesando, sigamos reflexionando el significado de este servicio, de este ministerio, que todos nosotros nos sintamos corresponsables del ejercicio de este ministerio sacerdotal en la Iglesia. Y desde luego nosotros especialmente aquí en nuestra iglesia diocesana.

Y quisiera, igualmente, hacer un pequeño comentario respecto de los sacerdotes, que trabajan aquí en este lugar. Primero hacia ustedes fieles, que cuando vengan a este lugar y también cuando participen en alguna celebración presidida por el sacerdote o quizá por varios sacerdotes, cuando se trata de una concelebración, como es el caso, no solamente vean a los sacerdotes, no solamente oigan a los sacerdotes, sino se sientan unidos a los sacerdotes, al sacerdote, porque somos un solo cuerpo, que es la Iglesia. Porque ellos tienen un ministerio muy especial, muy particular, porque nosotros los sacerdotes tenemos un compromiso, una misión, que cumplir y solos no podemos. Si les pido que tengan en cuenta nuestra presencia, nuestro ministerio, concretamente las celebraciones desde luego en primer lugar será para pedir por nosotros y ustedes nos tengan en cuenta en su oración, y en concreto hoy les pido que tengamos en cuenta a este grupo de sacerdotes, que prestan su servicio aquí cotidianamente. En nuestra oración de hoy pidamos al Señor que los fortalezca; pidamos al Señor que les dé su gracia para que sean siempre fieles, comprometidos en el servicio que tienen encomendado. Pero, también, además de hacer oración por los sacerdotes, que pensemos ¿cómo, todos los fieles? ¿cómo toda la comunidad debe ayudar para que el sacerdote ejerza su ministerio? En la familia unos a otros nos ayudamos, así también en la Iglesia somos una familia.

En la secuencia de las celebraciones, que vamos teniendo aquí en estos días, se nos van sugiriendo algunos aspectos y hoy se sugería que en esta celebración tuviéramos en cuenta el ministerio del sacerdote, como aquel que hace presente, como aquel que prolonga en cierta forma la ternura de María. No quiero alargarme en esta reflexión, pero sí podemos decir alguna idea y desde luego muy inspirados en la Palabra de Dios, en el Evangelio que hoy para esto nos ayuda mucho. Se nos dibuja aquí, precisamente, el ministerio de Cristo como Pastor. Él que nos dice aquí recorría todas las ciudades y los pueblos enseñando en las sinagogas. Él que predicaba el Evangelio del reino curaba toda enfermedad y dolencia. Cuánto sentimiento de unidad, de fraternidad, de solidaridad, decimos hoy, o como a veces dice el Evangelio: de compasión, debe tener el sacerdote, para vivir con la comunidad de esta forma.

Preocupados por la necesidad de evangelización que vive nuestro mundo, que vive nuestra ciudad. Preocupados concretamente por dolencias, por sufrimientos, que padecen muchos hermanos nuestros, todos, de distintas formas y en eso tenemos que hacernos solidarios todos nosotros. En eso tenemos que saber unirnos al hermano y ustedes comprenden que en nuestra divinidad humana no siempre nos resulta fácil. No siempre podemos hacerlo, como Cristo nos enseña. Tendríamos que tener, precisamente esta actitud de ternura, es decir: de un amor que se hace cercano, de un amor que también es sensible para todo aquello que se nos va presentando. Decíamos aquí en el Evangelio: Jesús al ver las multitudes se compadece de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor. Ese cansancio que no solamente era físico de caminar con el posiblemente. Ese cansancio que hoy vivimos, que hoy vive en nuestro mundo, que podemos llamar el cansancio de la vida, que va haciendo que muchas veces se le pierda, precisamente, el sentido a nuestra vida misma. Y ahí la acción de la Iglesia, de todos nosotros, animada por el sacerdote, como pastor, como testigo de esta compasión de Cristo debe estar cercana a todos nuestros hermanos, debe estar cercana a quienes especialmente decíamos sufren estas condiciones. Jesús, dijo a sus discípulos, nos relata san Mateo en este pasaje: la cosecha es mucha y los trabajadores pocos, rueguen por tanto al Dueño de la Míes, que envié trabajadores a sus campos.

Hermanos, los exhorto a que esta exhortación, que nos hace Jesús hoy en su Evangelio sea realmente una preocupación prioritaria de todos nosotros. Pedir, luchar, trabajar de distintas formas, para que haya cada vez más operarios en esta Míes, en la Iglesia. En la acción de la Iglesia que se prolonga a distintos campos de nuestra ciudad. Que nosotros mismos seamos conscientemente operarios de esta Míes, es decir: apóstoles, agentes de pastoral, que no solamente participamos en las celebraciones, que no solamente nos acercamos a la Iglesia a pedir algún servicio, sino que queremos comprometernos en esta que es la obra de Jesús, la obra de la predicación y la construcción de su reino, que es como decimos la evangelización.

Que todos nosotros, pues, hermanos, hoy que venimos aquí a este templo nos hagamos de esta forma, no sólo con nuestros sentimientos, sino con la transformación de nuestra vida, con un compromiso más renovado, con un testimonio nos hagamos portadores de esa ternura de María. Que pidamos y ayudemos para que los sacerdotes puedan actuar cada vez más en este sentido; cada vez más con este espíritu de unidad, de fraternidad, unidos en torno a la maternidad de María.

Que el Señor, pues, bendiga la  obra evangelizadora en la cual trabajamos todos nosotros. Que el Señor bendiga las distintas comunidades de las que procedemos y que bendiga nuestra presencia aquí al estar celebrando este santo sacrificio de Cristo, ese gran Sacerdote, que se ofrece por nosotros.

 
 
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