Mis amados hermanos y hermanas, celebramos en este Tiempo de
Cuaresma, tiempo de preparación a la Pascua de Resurrección,
celebramos la Santa Eucaristía, que es celebración gozosa
de la Pascua del Cristo. Y hoy celebramos, unido a Cristo
y para siempre, la pascua de nuestro amigo Raúl “Ratón” Macías,
acompañando a su esposa Yolanda, a sus hijos Arturo y Guadalupe
Yolanda. Raúl “Ratón” Macías, hijo consentido de Tepito. Está
el padre Socorro Quintana, que después de que fue su párroco,
que lo atendió, y que después él dará una breve reseña, una
breve semblanza del “Ratón” Macías. Todos sabemos como lo
quiso el pueblo de Tepito y como fue el máximo ídolo del boxeo
mexicano y como participó, también, en los juegos panamericanos
de 1951 donde consiguió la medalla de bronce y en los juegos
olímpicos de Helsinki en el año de 1952 quedó en sexto lugar.
Él decía: me robaron la pelea sea la dieron al ruso Yenaldi
y aquí en México, recordarán algunos, un gran escándalo y
recibieron al “Ratón” Macías como si hubiera ganado la medalla.
Él tuvo una carrera corta de sólo 40 peleas, pero se metió
de lleno en el ánimo popular, en el ánimo de la gente de nuestro
pueblo, y además se codió con famosos artistas, con grandes
personajes, como con Pedro Infante, María Félix, Cantinflas,
Agustín Lara. Y recordarán algunos este momento paralizó a
nuestro país, cuando conquistó el Título Mundial de Peso Gallo.
Allá por años 50, él mismo lo dice: gocé del cariño de
las abuelitas y todas prendían veladoras para que ganara.
Luego me las encontraba en la calle y les decía: hay madrecita
el día que no me puso veladora me rompieron la maraca. Y
él mismo decía en sus peleas, se acuñó esa famosa frase: “todo
se lo debo a mi manager y a la Virgencita de Guadalupe”.
La verdad eso de que: todo se lo debo a mi manager, pues,
es de Tomás Castillo, pero lo de la Virgencita eso si es mío.
Y por eso hoy está aquí “El Ratón” Macías, que se fue su cuerpo,
verdad, pero él está ahora gozando de la gloria eterna, gozando
de Dios, por eso nuestro ornamentos, mis hermanos, no son
negros, no son morados, son blancos porque nos habla de la
pascua, porque nos habla de que el “Ratón” Macías ya ha conquistado
el triunfo definitivo en el Reino de los Cielos, en la Casa
del Padre. Todo vamos hacía allá, somos un pueblo peregrino,
somos un pueblo en marcha y también a nosotros, salvo en algún
momento nos sonará la campana para ir a la casa definitiva,
a la Casa del Padre.
Hoy nos reúne el recuerdo de este querido amigo y hermano.
El dolor y la pena de su enfermedad y muerte quedan iluminadas
por las palabras del Evangelio de san Juan que acabamos de
proclamar en el Evangelio, cómo nos ilumina este trozo evangélico.
Vemos que el Señor Jesús tienen amigos: la familia de Lázaro,
de Martha y de María son amigos de Jesús. Son amigos que muchas
veces lo acogieron en su casa y por eso Martha y María avisan
a Jesús, cuando Lázaro se pone enfermo. En estos momentos
difíciles quieren que Jesús comparta sus preocupaciones, comparta
sus inquietudes.
Mis amados hermanos y hermanas, no existe una página en el
Evangelio donde Jesús no este a lado de gente del pueblo,
a lado de sus amigos y especialmente de los pobres, de los
enfermos, de los que sufren, de los agobiados. Jesús se acerca
a la gente porque con ella compartir la amistad, sus preocupaciones
y penas, sus inquietudes, sus alegrías, sus esperanzas. Jesús
siempre es motivo de consuelo y de ayuda, de sentirse acompañado
y de sentirse perdonado y animado por Dios. Y nosotros desde
hace 447 años sentimos la compañía, sentimos la presencia,
sentimos el aliento de nuestra Niña y Muchachita Santa María
de Guadalupe; por eso siempre en las buenas y en las malas;
en las derrotas y en los triunfos, en los momentos oscuros
y luminosos corremos hacía esta casita a ver a la Señora,
a ver a la Madre, a sentirnos alentados siempre por ella.
Por eso está aquí la familia Macías Calderón antes de dar
sepultura a cuerpo del “Ratón” Macías vienen a encomendar
una vez más a la Virgencita, Santa María de Guadalupe.
Mis amados hermanos y hermanas que nuestra presencia hoy aquí,
también, nos permita encontrar este Jesús que nos trajo Santa
María de Guadalupe y que nos da siempre la Señora y que nos
encamina hacía Él, Santa María de Guadalupe. Que este Jesús
esté siempre a nuestra lado compartiendo las tristezas por
la muerte de nuestros hermanos, de nuestro hermano en concreto
Raúl “Ratón” Macías. Nuestros ojos no lo ven, pero nuestra
fe hace que lo sintamos presentes entre nosotros, despertemos
por tanto nuestra fe, acojamos a Jesús como amigo. Él está
aquí, Él nos ha reunido para celebrar el acto más grande que
tenemos los cristianos: la Santa Eucaristía. Y sintamos y
experimentemos como Jesús en estos momentos, tal y como hizo
con Martha y María ante el sepulcro de Lázaro, comparte nuestras
penas, comparte nuestras alegrías, comparte el dolor de esta
familia Macías Calderón.
Que la compañía de Cristo Jesús, que nuestra presencia, que
hace de alguna manera este aliento de Cristo Jesús, llene
de consuelo a esta familia y démosle gracias por este gesto
que tiene hacia todos nosotros la Morenita del Tepeyac de
alentar y acogernos, especialmente en estos momentos difíciles.
Amados hermanos y hermanas, lo que acabamos de decir del Señor
Jesús: que se preocupa. Lo que acabamos de decir de la Señora
del Cielo, Santa María de Guadalupe: que se preocupa por nosotros,
procuremos, también, decirlo de todos y cada uno de nosotros.
Si nos hemos reunido aquí que sea por el amor y la amistad
que teníamos por Raúl “Ratón” Macías. Que sea para dar como
Jesús un testimonio de solidaridad con la familia Macías Calderón
en estos momentos difíciles. Que sea para compartir entre
todos el dolor de esta muerte. A nuestro lado Jesús es también
Aquel que nos abre a la esperanza de una vida, y de una felicidad
plena y más aún Él mismo se nos ofrece, como esta vida y esta
felicidad, que sólo desde Él se puede conseguir. La saboreamos
ya desde ahora, cuando nos enraizamos y nos cimentamos en
el Señor Jesús. Recordemos las palabras que dice Jesús a Martha:
“Tu hermano resucitará. Yo soy la resurrección y la vida.
El que cree en Mí aunque haya muerto vivirá. Y el que está
vivo y cree en Mí no morirá jamás, no morirá para siempre.
Mis hermanos, la muerte es un hecho que nos visita constantemente
y nos deja no sólo afligidos, no sólo tristes, sino también
nos deja muchas veces sin esperanza, sin ilusión ante la vida.
Miren, con la fuerza que nos da la compañía de Jesús, la fe,
la adhesión a Cristo Jesús: con la fuerza que nos da contemplar
a la morenita del Tepeyac junto a nosotros; con la luz que
nos dan estas palabras que hemos escuchado del mismo Jesús;
con el testimonio de vida que nos dio; con la fe en su resurrección
hagamos nacer en nosotros la esperanza en la vida que nunca
acaba a pesar de la muerte. Avivemos en nosotros, mis hermanos,
la confianza que nos da el saber que Dios siempre está a nuestro
lado, caminando con nosotros. Que nosotros nos llenemos de
fe y avivemos la confianza que nos da el saber que nuestro
hermano el “Ratón” Macías se encuentra ya en las manos del
Padre para siempre. Cristo Jesús igual como le preguntó a
Martha: ¿crees esto? Él mismo nos pregunta ahora a
nosotros, nos hace la misma pregunta. Que cada uno haga suya
las palabras con las que Martha respondió a Jesús: sí Señor,
sí Señor, yo creo, yo creo que Tú eres el Mesías, el Hijo
de Dios, el que tenía que venir al mundo.
Que para nosotros, mis hermanos, Jesús sea nuestro Dios y Señor
el dador de la vida, el Salvador del mal y de la muerte y
como Él seamos portadores a los hombres y mujeres de nuestro
mundo, de este tercer milenio, seamos portadores de esta esperanza
de vida, de felicidad plena.
Que el Señor dé el descanso eterno a nuestro querido amigo
y hermano Raúl “Ratón” Macías.
Que así sea.