Eminentísimo
Sr. Arzobispo Primado de México, Norberto Cardenal Rivera
Carrera, sea usted bienvenido.
Hace quince años usted
llegó a esta Iglesia Particular como peregrino y extranjero,
en pos de Dios y de sus mandatos, no por propia cuenta,
sino por la conciencia clara y el deber de haber sido
enviado. No he venido por mi propia cuenta, sino porque
el Padre me ha llamado y me ha enviado.
Después de servir al
Pueblo de Dios peregrino en Tehuacán, Puebla, el Señor
lo llamó a trabajar a esta metrópoli, casi cinco veces
centenaria, la más grande del mundo, primero como arzobispo,
luego como su cardenal. Desde entonces hemos sabio de
su celo pastoral, el cual ha ido creciendo en la medida
que usted ha ido conociendo nuestras realidades.
Mucho agradecemos, Señor
Cardenal, a nuestro Buen Padre Dios de providencia por
su ministerio. Por su ministerio de Buen Pastor entre
nosotros, con su presencia se hace nuevamente palpable
la promesa divina de darnos pastores según su corazón.
Gracias Señor Cardenal
por su copioso trabajo pastoral, por la continuidad que
le ha dado al Sínodo Diocesano, por las asambleas que
de él han nacido, por el trabajo realizado con los laicos
y por su constante preocupación por el Seminario Conciliar
de México, demás casas de formación y por la atenta solicitud
hacia sus sacerdotes.
Gracias por la colegialidad
que comparte y delega con sus vicarios episcopales. Gracias
por ser vinculo de comunión y de unidad de amor.
Eminentísimo Señor somos
testigos de que la tarea no ha sido nada fácil, que aún
falta mucho por recorrer, pero estamos seguros que seguirá
guiando con sabiduría esta porción del Pueblo de Dios
que se le ha confiado, pues, usted es el mensajero, el
embajador en quien se ha puesto absolutamente toda la
confianza.
Aprovecho la ocasión
para manifestarle mi adhesión filial, la del Venerable
Cabildo de Guadalupe, clero, religiosos, religiosas y
agentes de pastoral y de administración en la tarea evangelizadora
de Su Eminencia. Asimismo reciba nuestras felicitaciones
y mejores deseos en la continuidad de su ministerio episcopal.
Lo ponemos como siempre
bajo el cuidado y la protección maternal de nuestra Niña
y Muchachita, Santa María de Guadalupe.
Dios le bendiga Señor
Cardenal.