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Mensaje de Bienvenida
de Mons. Diego Monroy Ponce, Rector del Santuario


28 de mayo de 2010

Eminentísimo Sr. Arzobispo Primado de México, Norberto Cardenal Rivera Carrera, sea usted bienvenido.

Hace quince años usted llegó a esta Iglesia Particular como peregrino y extranjero, en pos de Dios y de sus mandatos, no por propia cuenta, sino por  la conciencia clara y el deber de haber sido enviado. No he venido por mi propia cuenta, sino porque el Padre me ha llamado y me ha enviado.

Después de servir al Pueblo de Dios peregrino en Tehuacán, Puebla, el Señor lo llamó a trabajar a esta metrópoli, casi cinco veces centenaria, la más grande del mundo, primero como arzobispo, luego como su cardenal. Desde entonces hemos sabio de su celo pastoral, el cual ha ido creciendo en la medida que usted ha ido conociendo nuestras realidades.

Mucho agradecemos, Señor Cardenal, a nuestro Buen Padre Dios de providencia por su ministerio. Por su ministerio de Buen Pastor entre nosotros, con su presencia se hace nuevamente palpable la promesa divina de darnos pastores  según su corazón.

Gracias Señor Cardenal por su copioso trabajo pastoral, por la continuidad que le ha dado al Sínodo Diocesano, por las asambleas que de él han nacido, por el trabajo realizado con los laicos y por su constante preocupación por el Seminario Conciliar de México, demás casas de formación y por la atenta solicitud hacia sus sacerdotes.

Gracias por la colegialidad que comparte y  delega con sus vicarios episcopales. Gracias por ser vinculo de comunión y de unidad de amor.

Eminentísimo Señor somos testigos de que la tarea no ha sido nada fácil, que aún falta mucho por recorrer, pero estamos seguros que seguirá guiando con sabiduría esta porción del Pueblo de Dios que se le ha confiado, pues, usted es el mensajero, el embajador en quien se ha  puesto absolutamente  toda la confianza.

Aprovecho la ocasión para manifestarle mi adhesión filial, la del Venerable Cabildo de Guadalupe, clero, religiosos, religiosas y agentes de pastoral y de administración en la tarea evangelizadora de Su Eminencia. Asimismo reciba nuestras felicitaciones y mejores deseos en la continuidad de su ministerio episcopal.

Lo ponemos como siempre bajo el cuidado y la protección maternal de nuestra Niña y Muchachita, Santa María de Guadalupe. 

Dios le bendiga Señor Cardenal.

 
 
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