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Saludo de bienvenida
de Mons. Diego Monroy Ponce, Vicario General y Episcopal de Guadalupe, Rector del Santuario, en ocasión de la LXXXI Peregrinación de la Arquidiócesis de México al Tepeyac.

9 de enero de 2010

Eminentísimo Señor Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México:

En nombre del Venerable Cabildo de Guadalupe, de los sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, agentes de pastoral y personal administrativo de este Santuario y en el mío propio le damos la más cordial bienvenida a la Casita de preciosa Niña y Señora Santa, la Virgen de Guadalupe, cuna mestiza de la cristiandad y de la raza cósmica. Corazón mariano de México y de América. Eminencia sea usted muy bienvenido.

Con afecto fraterno saludo, también, a los excelentísimos señores obispos auxiliares, a los vicarios episcopales, a los miembros de la Curia, a los Capitulares de la Catedral Metropolitana, a los padres formadores y alumnos de nuestros seminarios: Conciliar, Hispano y Redentoris Mater. Al clero diocesano y religioso, a todos y a cada uno quienes junto con ustedes santifican, gobiernan y enseñan al pueblo cristiano. Sean todos bienvenidos.

Con particular afecto quiero saludar, Señor Cardenal, al pueblo cristiano aquí reunido. Cada uno de ustedes, queridísimos hermanos y hermanas, significan la Iglesia, Cuerpo Místico de Cristo, quienes hoy congregados en torno al padre y pastor de esta Iglesia Particular por la acción del Espíritu Santo son testimonio de unidad y comunión, presencia viva de la fe, de la esperanza y de la caridad.

Ustedes queridísimos fieles laicos de Cristo Jesús, son la preocupación de la Iglesia y de sus pastores ante tantas amenazas que acechan al rebaño de Cristo, queremos ser para ustedes queridos hermanos y hermanas presencia de Cristo, Buen Pastor, queremos ser sacerdotes según el Corazón de Cristo Jesús. Así, pues, hermanos y hermanas, siéntanse acogidos por cada uno de nosotros, que nuestro ministerio que brota del corazón sacerdotal de Jesús sea para ustedes fuente inagotable de gracias y de bendiciones. Sean todos ustedes bienvenidos.

Unidos, pues, en un sólo bautismo, en una misma fe, en un sólo Señor, bajo la mirada tierna, compasiva y maternal de nuestra preciosa Niña, Santa María de Guadalupe, confiemos al Padre bueno y rico en misericordia el inicio de este nuevo año, confiémosle los planes pastorales de nuestra Iglesia arquidiocesana, el ministerio episcopal de nuestro arzobispo, y de sus obispos auxiliares, y de todos los que en esta Iglesia Particular de México – Tenochtitlán vamos haciendo realidad el Reino de Dios.

Sean, pues, todos, nuevamente, bienvenidos a esta su casa.  

 
 
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