Eminentísimo Señor Cardenal Norberto
Rivera Carrera, Arzobispo Primado de México:
En nombre del Venerable Cabildo de Guadalupe,
de los sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, agentes
de pastoral y personal administrativo de este Santuario y
en el mío propio le damos la más cordial bienvenida a la Casita
de preciosa Niña y Señora Santa, la Virgen de
Guadalupe, cuna mestiza de la cristiandad y de la raza cósmica.
Corazón mariano de México y de América. Eminencia sea usted
muy bienvenido.
Con afecto fraterno saludo, también, a los excelentísimos
señores obispos auxiliares, a los vicarios episcopales, a
los miembros de la Curia, a los Capitulares de la Catedral
Metropolitana, a los padres formadores y alumnos de nuestros
seminarios: Conciliar, Hispano y Redentoris Mater. Al clero
diocesano y religioso, a todos y a cada uno quienes junto
con ustedes santifican, gobiernan y enseñan al pueblo cristiano.
Sean todos bienvenidos.
Con particular afecto quiero saludar, Señor
Cardenal, al pueblo cristiano aquí reunido. Cada uno de ustedes,
queridísimos hermanos y hermanas, significan la Iglesia, Cuerpo
Místico de Cristo, quienes hoy congregados en torno al padre
y pastor de esta Iglesia Particular por la acción del Espíritu
Santo son testimonio de unidad y comunión, presencia viva
de la fe, de la esperanza y de la caridad.
Ustedes queridísimos fieles laicos de Cristo
Jesús, son la preocupación de la Iglesia y de sus pastores
ante tantas amenazas que acechan al rebaño de Cristo, queremos
ser para ustedes queridos hermanos y hermanas presencia de
Cristo, Buen Pastor, queremos ser sacerdotes según el Corazón
de Cristo Jesús. Así, pues, hermanos y hermanas, siéntanse
acogidos por cada uno de nosotros, que nuestro ministerio
que brota del corazón sacerdotal de Jesús sea para ustedes
fuente inagotable de gracias y de bendiciones. Sean todos
ustedes bienvenidos.
Unidos, pues, en un sólo bautismo, en
una misma fe, en un sólo Señor, bajo la mirada tierna,
compasiva y maternal de nuestra preciosa Niña, Santa
María de Guadalupe, confiemos al Padre bueno y rico en misericordia
el inicio de este nuevo año, confiémosle los planes
pastorales de nuestra Iglesia arquidiocesana, el ministerio
episcopal de nuestro arzobispo, y de sus obispos auxiliares,
y de todos los que en esta Iglesia Particular de México –
Tenochtitlán vamos haciendo realidad el Reino de Dios.
Sean, pues, todos, nuevamente, bienvenidos a
esta su casa.