HOMILÍA DEL EMMO. SR. CARDENAL NORBERTO
RIVERA CARRERA
Muy
queridos hermanos, hermanas, fieles laicos de Cristo Jesús,
queridos hermanos en el Ministerio presbiteral, muy querido
Sr. Obispo (Don Marcelino Hernández).
Hoy a medio día el Santo Padre ha dado a conocer la noticia
de que concede a este su servidor un nuevo obispo auxiliar:
el Padre Carlos Briseño, sacerdote agustino recoleto. Desde
hoy contamos con un nuevo obispo que será consagrado el día
17 de junio en esta Insigne y Nacional Basílica de Guadalupe.
A mí si me da mucho gusto, lo aplaudo.
Difícilmente podríamos entender la historia, tanto su nacimiento
como los más destacados acontecimientos de esta Iglesia, sin
el Hecho Guadalupano, sin Santa María de Guadalupe, sin este
Santuario. Difícilmente comprenderíamos el nacimiento y la extensión
de la fe católica en nuestro continente, sin este Acontecimiento
del Tepeyac.
Por eso el obispo debe tener cuidado de que sea atendido debidamente
este Santuario y es por esto que elige algunos sacerdotes para
que aquí realicen su Ministerio.
Algunos piensan que se nombran canónigos a quienes ya están
muy viejitos, véanlos, no están tanto, todavía pueden trabajar
mucho. Otros piensan que es como un reconocimiento a los méritos
que tienen, eso sólo lo puede pagar el Señor y creo que lo pagará
abundantemente a todos aquellos que trabajan fielmente para
el Reino de Dios.
Aquí simplemente damos trabajo, los llamamos a un nuevo oficio
y por eso la Iglesia me pide que cuando elija a un sacerdote
para canónigo de la Basílica, tengo que buscar entre los sacerdotes
que destaquen por su sabiduría y por su testimonio de vida,
por su doctrina y por su destacado testimonio de virtud.
Por qué pide la Iglesia eso?, porque fue el estilo de Jesús
para predicar con palabras, si, comunicando una doctrina, comunicando
unas verdades, y el sacerdote siempre debe estar preparado para
comunicar lo que Dios nos ha revelado, lo que Dios ha manifestado
y lo que Dios quiere en este momento. Pero también tiene que
estar preparado para dar testimonio con su propia vida, de aquello
que cree, de aquello que predica.
Por eso un canónigo que es llamado aquí para desempeñar el
Ministerio sacerdotal, debe destacarse en doctrina y en rectitud
de vida, debe tener capacidad de comprender y entender la religiosidad
popular, para que pueda evangelizarla. Pero también debe tener
la capacidad de dejarse evangelizar por esa religiosidad popular,
solamente así podrá cumplir en un Santuario como éste, su Ministerio
Sacerdotal, cuando evangeliza esa religiosidad y cuando se deja
evangelizar por esos testimonios que continuamente se viven
en este sagrado recinto.
El sacerdote que es llamado aquí para ejercer su Ministerio
Sacerdotal como canónigo, debe tener esa sensibilidad para la
religiosidad popular que se viene expresando. Hay muchos que
no llegan, hay muchos que no vienen o que viniendo no pueden
captar lo que aquí se manifiesta, por eso debe ser capaz de
encontrar caminos nuevos para la evangelización de las nuevas
culturas, de los nuevos pensamientos, de las nuevas corrientes
que se van dando en nuestro México y en nuestro continente.
Debe estar abierto siempre a la religiosidad popular para evangelizarla
y ser evangelizado, pero también con imaginación, para hacer
llegar el mensaje del Evangelio y el mensaje de Santa María
de Guadalupe, con nuevas expresiones, con nuevos sentimientos,
con nuevo vigor.
El que es llamado aquí sabe que debe tener la disposición para
evangelizar con la oración; que ha sido llamado a orar por el
pueblo santo de Dios, continuamente, a través de todo el año,
junto con sus hermanos, tanto en la recitación de las liturgias
de las horas, como en los demás actos litúrgicos o los demás
actos de religiosidad popular.
Este Santuario, para eso ha sido edificado, para que aquí se
cante, se griten, se conozcan las alabanzas del Señor. Por eso,
un sacerdote que es llamado a ser canónigo, siempre debe tener
esa disponibilidad a la oración continua en este Santuario,
en cualquier Sacramento que esté celebrando. El sabe que está
realizando el culto divino, que está realizando la acción de
la Iglesia, está realizando su propia santificación.
Hemos llamado a estos hermanos nuestros para conferirles el
canonicato de esta Insigne y Nacional Basílica. Cada uno de
ellos ha sido cabeza en su comunidad.
Aquí su Ministerio tiene una nueva dimensión. Son llamados para
formar un colegio, eso es el Cabildo de Guadalupe, un colegio
en donde todos los presbíteros, los canónigos y no canónigos,
todos, están llamados a ejercer el Ministerio Sacerdotal como
Colegio, distribuyéndose las responsabilidades pero con un sólo
corazón.
Por eso, siempre se pedirá a cada uno de ellos un esfuerzo
no solamente para trabajar en común, sino para poner la vida
en común, para saber convivir como colegio, para saber sentir
las responsabilidades como colegio, para saber alegrarse como
colegio dedicado a este Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe.
Hermanos, hermanas, hagamos oración por nuestros hermanos en
este día y por todos los que han sido llamados a prestar este
servicio en este Santuario, sin el cual poco podríamos entender
de la historia de nuestra Iglesia, de la Historia de nuestro
pueblos, de la historia de nuestro continente.
Hoy también tenemos la alegría de recibir por primera vez a
la mesa del Señor a nuestros hermanos que harán la primera comunión
del Colegio de las Rosas.
Por primera vez se acercarán al Sacramento más sublime: la Eucaristía,
que es la expresión máxima, la expresión mejor que tiene la
Iglesia de lo que es su vida, y en donde Jesús está real y verdaderamente
presente, en todos sus sacramentos y aquí se manifiesta de
una manera especial.
Aquí lo celebramos de una manera especial por eso siempre la
primera comunión será un acontecimiento fundamental en nuestra
vida, el entrar en comunión con ese Cristo que nos llamó desde
el día de nuestro Bautismo, el alimentarnos con su Cuerpo y
con su Sangre para recorrer este camino en la vida hasta llegar
a la Casa del Padre. Con ellos, con sus papás, con sus padrinos,
con toda su familia, nos alegramos en este día.