Queridas hermanas y hermanos en Nuestro
Señor Jesucristo:
El 29 de junio del gozoso Año Jubilar
del 2000, en una festividad tan querida para la Iglesia como
la de San Pedro y San Pablo, nació como la pequeña semillita
de mostaza de la que nos habla el Evangelio, CATHOLIC.NET.
En ese momento era más un sueño que un sopesado proyecto. Era
mucha más la confianza en la Providencia que los cálculos meticulosos
y exhaustivos que caracteriza a los grandes proyectos.
Era más una noble pasión: la de anunciar a Jesucristo a todas
las gentes y llevar el mensaje de la Iglesia, que una ambición
humana, perfectamente calculada.
Sin recursos económicos, con pocos
medios técnicos y con apenas unas cuantas nociones de las nuevas
tecnologías que empezaba a desarrollar el Internet, un pequeño
grupo de cristianos temerarios y valientes se sintieron sacudidos
por el imperativo inaplazable del Señor: “Vayan por todo
el mundo y anuncien el Evangelio”.
Pero ¿cómo ir por todo el planeta? Cierto que esta sociedad
moderna ofrece como nunca posibilidades de desplazamiento, el
flujo de personas es creciente, los medios son inmejorables;
pero muchas veces, sobre todo cuando son laicos, sus empeños
cotidianos disminuyen las posibilidades, los compromisos inmovilizan
y el tiempo nunca es suficiente.
Pero el imperativo de la fe se hacía
creciente en ustedes: “Ay de mi si no evangelizo”, ay
de nosotros si no llevamos por doquier este tesoro en nuestras
vasijas de barro.
Quien ama no puede ocultar el amor, tampoco puede callarlo,
y el amor de Cristo los apremiaba, su mensaje de salvación no
podía estar confinado al tiempo y al espacio, era preciso romper
todas las barreras, y la Providencia puso en sus manos una inmejorable
herramienta: la red, una nueva red que no era ya la de Pedro
arrojada en el mar de Galilea, sino una red cibernética diseñada
para llegar a millones de mujeres y hombres que navegan en el
vacío de los mares inmensos del ciberespacio, donde era apremiante
hacer encontradizo al Señor.
Al igual que Pedro se saben instrumentos
de pesca, tienen que luchar contra fuerzas devastadoras y hostiles,
han pasado por muchas noches de fatigas aparentemente inútiles
y desalentadoras; pero al alba, el Señor los espera a la orillas
y les pide volver echar las redes mar adentro, y saben que la
fe tiene que ir más allá de lo razonable, tiene que vencer a
la evidencia, es confianza amorosa que lleva a recobrar las
fuerzas, y sólo cuando la fe acepta dócil el desafío de la Palabra,
sucede el milagro, una pesca prodigiosa que hoy podemos
contabilizar: 4 millones de visitas a la página al mes, 25 millones
de páginas consultadas mensualmente y 150 millones de hits.
Al igual que Pablo, saben que el esfuerzo
emprendido no puede parar, hay que trabajar las 24 horas del
día, son miles de preguntas y consultas que contestar; humanamente
el esfuerzo resulta descomunal, pero la Providencia los ha provisto
de una cantidad enorme de colaboradores que lo mismo que ustedes,
sienten el apremio de anunciar la Buena Nueva, y al pequeño
grupo que inicial, se les han unido sacerdotes, religiosos,
religiosas, laicos, movimientos eclesiales y personas de buena
voluntad que como ustedes, han renunciado, a ejemplo de Pablo,
a vivir del anuncio del Evangelio, y realizan un apostolado
que da gratuitamente, lo que gratuitamente han recibido
El señor Jesús prometió a los suyos,
como hemos escuchado en el Evangelio, el poder de arrojar demonios,
de vencer las obras del Maligno, y ustedes están empeñados en
esa batalla con las armas de la verdad y la luz que brillan
en el Evangelio, con la enseñanza segura y autorizada del Magisterio
de la Iglesia, con la alegría y la esperanza que da la fe en
Jesucristo y con la solicitud amorosa que brinda la Iglesia
a todos aquellos que quieren acercarse a ella.
El Señor también prometió a sus discípulos
hablar nuevas lenguas, es decir, hacer comunicable y comprensible
el Evangelio, y las nuevas lenguas del nuevo areópago global
son las tecnologías de comunicación, y es precisamente ahí,
en ése areópago tecnológico donde han tenido que saber adaptar
la Buena Nueva a fin de hacerla accesible y comprensible, a
fin de que llegue a todos los hombres y hasta los últimos rincones
del planeta.
El Evangelio siempre es nuevo, lo que envejece son las formas
y los métodos, y ustedes han sabido responder a este enorme
desafío en el que siguen y seguirán siendo sostenidos no por
sus conocimientos y recursos, ni siquiera por su propio empeño
y entusiasmo, sino por la solicitud amorosa de la Divina Providencia,
que si confían en ella nunca los dejará de su mano.
Uno de los signos que el Señor confirió
a sus discípulos como respaldo de su misión fue curar a los
enfermos, y sin duda muchas almas heridas por el vacío, el hastío
o el tormento de la duda se acercan hambrientas y esperanzadas
a sus páginas buscando respuestas, luz y consuelo, nunca sabrán
cuanto bien han hecho a estos enfermos.
Dios se los hará saber y se los premiará allá, cuando lleguen
con Él al feliz y definitivo encuentro.
Como pastor de este rebaño que el Señor
ha confiado a mis pobres fuerzas, quiero unirme con gran alegría
y gozo en el corazón a la acción de gracias por estos 6 años
de fecunda labor apostólica que el Señor les ha concedido.
Pido intensamente al Espíritu Santo que los siga iluminando
y dando el don de la fortaleza a fin de que este maravilloso
esfuerzo emprendido con pobres y limitados medios se siga ensanchando,
siga creciendo como el árbol de mostaza a fin de que cobije
bajo su sombra a todos aquellos que buscan el remanso de la
fe en Jesucristo.
Pido a nuestra madre, María Santísima de Guadalupe, perfecto
modelo de inculturación que los proteja bajo su mirada amorosa
y que los llene de la misma entrega, llena de generosidad, que
la llevó a exclamar:
“He aquí le esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”.
Muchas gracias por este magnífico apostolado que realizan todos
los colaboradores de CATHOLIC.NET y que Dios los bendiga siempre.