Hermanos,
yo creo que en este momento tenemos nosotros que agradecer
una visita. En el Evangelio de San Lucas se habla de una
visita que la Santísima Virgen le hace a su prima Santa
Isabel después de que Ella recibe el anuncio de que será
la Madre del Dios Santísimo Jesucristo.
Una vez que recibe el anuncio del Arcángel Gabriel, Ella
va a visitar a su prima porque se ha enterado que su prima
va en el sexto mes de embarazo y ella, Santa Isabel va a
ser la madre de Juan Bautista, y cuando se entera la Virgen
María va enseguida a visitarla y Ella está ahí hasta que
nace el niño Juan.
Cuando la Santísima Virgen se presenta ante la casa de Isabel,
ella dice: “¿por qué a mí, la Madre del Señor viene a visitarme?”.
En la Primera Lectura se nos ha hablado de un enfermo que no
tiene curación, se trata del pueblo de Israel que por sus
pecados no se puede levantar, sino que es Dios quién con
su misericordia y piedad se acerca a su pueblo para levantarlo
porque el pueblo se ha inutilizado por sus pecados.
Quizá podamos decir que nosotros y nuestro pueblo al que nosotros
pertenecemos, nuestra raza también padecía una herida incurable
de la cual no se podía levantar.
Nuestro pueblo por creer en dioses falsos no tenía salvación,
porque sabemos que la salvación solamente viene por Jesucristo
y nuestro pueblo y nuestra raza no conocían a Jesucristo.
Dios tiene piedad de nosotros, no quiere que permanezcamos
con esa herida de la cual no podíamos levantarnos, no quiere
que nosotros nos vayamos a perder por no conocer al Salvador.
Entonces seguramente Dios en su piedad manda a su Madre
para que venga a visitarnos y nos hable del Salvador, porque
es la carta credencial con que se presenta Ella a Juan Diego
y le dice: “¡Yo soy la Madre del verdadero Dios, por quién
se vive”! Nosotros hermanos hemos recibido una visita, creo que podemos
decir como Santa Isabel, ¡de dónde a nosotros que la Madre
de Nuestro Señor venga a visitarnos!.
Es posible que nosotros no estábamos en condiciones de merecer
esta visita, es posible decir que nosotros no éramos dignos,
pero teníamos una gran necesidad de esta visita.
Creo que hoy venimos a agradecer a Dios esta visita que
nos mando de la Santísima Virgen de Guadalupe. En este agradecimiento
tenemos que mostrar nuestra aceptación, hoy estamos llamados
a aceptar esta visita de la Virgen Santísima de Guadalupe
y renovar la aceptación de esta visita.
En esta aceptación que debemos renovar ahora, debemos saber
que hacer para venerar a la Santísima Virgen de Guadalupe
y Ella nos ha presentado al mejor Asesor, Consejero, Maestro
y Amigo, a Jesucristo su Hijo.
Así que si nosotros hasta ahora no hemos sabido apreciar
la visita de la Virgen, porque pudiéramos estar viviendo
como gente que no conocemos a Dios verdadero y por lo tanto
que no estemos tratando como debiéramos a la Santísima Virgen
y que no la veneremos como debemos venerarla.
Por eso Ella nos presentó e ésta persona la que mejor nos
puede enseñar, decir y aconsejar como venerar a la Virgen
de Guadalupe. Así que hoy pidámosle a la Virgen de Guadalupe
que nos ayude a reconocer la presencia de Jesucristo porque
Ella nos víno a hablar de alguna manera que Jesucristo viene
y está con Ella.
Nosotros veneramos a la Virgen de Guadalupe, no podemos desconocer
la presencia de su Hijo para pedirle, consultarle y entregarle
todo. Sabiendo que Él puede recibir, arreglar y rectificar
todo. En una palabra, Jesucristo nos puede salvar, nos puede
llevar al cielo y nos ofrece todos los bienes.
Por eso hoy debemos renovar la fe con que nosotros debemos
seguir la veneración de la Santísima Virgen, porque no estamos
haciendo algo sencillo, que no tenga valor, sino que estamos
haciendo lo que Dios Nuestro Señor nos ha presentado.
Jesucristo nos presentó a su Madre, permitió que viniera a
visitarnos, que se quedara con nosotros para ayudarnos,
por eso nosotros debemos continuamente venerar y acudir
a la Santísima Virgen para decirle que nos ayude para encontrarnos
siempre con su Hijo Jesucristo. |
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