InicioPeticionesAparicionesOracionesHomilíasEstudiosSan Juan DiegoSantuario
     
Inicio >Breves> Altar de Dolores
   
 

Incendio del Altar de Dolores
en la Insigne y Nacional de Santa María de Guadalupe                  6 de abril de 2006

Mons. Diego Monroy Ponce, Rector de la Basílica de Guadalupe, inauguró el jueves 6 de abril de 2006, un Altar de Dolores en el interior de la nueva Basílica de Guadalupe con el objeto de rescatar y difundir los valores y las tradiciones de México.

Hermoso y único Altar de Dolores se exhibe en la Basilíca de Guadalupe

*Rescata una tradición de siglos en la iglesia católica

Entre las festividades marianas celebradas con especial devoción por la religiosidad popular aquí en México, sobresale la de Nuestra Señora de los Dolores.

En honor de esta advocación de María,  “El viernes de Dolores”, o sea el viernes que precede al Domingo de Ramos, se levantan ante su imagen --en templos y domicilios particulares-- rutilantes altares plenos de poesía y simbolismos llamados “Incendios” por las abundantes luces que los iluminan.

La tradición del “ALTAR DE DOLORES” data del siglo XVI, sin embargo, no fue sino hasta el siglo XVIII cuando aparecieron crónicas y relatos con alusiones concretas a la celebración.

Es entonces cuando se sacó de la Iglesia el culto a la Dolorosa y se hizo extensivo a los hogares mexicanos.

Los cronistas relatan que la instalación del ALTAR DE DOLORES se efectuaba ocho días antes del Viernes Santo, con la intensión de consolar a la Santísima Virgen, ya que ocho días después, ella iba a estar acongojada por la muerte de su Hijo Jesús.

Los mexicanos, con ese ingenio y creatividad característicos, buscaron la manera de consolarla y halagarla, instalándole un altar con algunos presentes, para distraerla y atenuar un poco su pena.

Todos los elementos colocados en el Altar tienen un mensaje específico, nada está puesto al azar y nos comunican un discurso teologal con un rico lenguaje artístico.

En todo el Altar no hay un espacio perdido,  no hay descanso en la colorida ornamentación.

Por ejemplo, las alfombras de flores, semillas y aserrín coloreado son una manera de hacer menos penoso el camino de la Madre Dolorosa “por la calle de la amargura”; el trigo germinado, hecho crecer con las lágrimas de sus ojos, alude a su fecundidad como Corredentora de la humanidad, al mismo tiempo sugiere la materia con que se elabora la Sagrada Eucaristía.

Las aguas de colores, siempre en vistosos botellones recuerdan sus lágrimas derramadas a los pies de la cruz. Los angelitos pasionarios cargan las “armas de Cristo”: cruz, corona de espinas, esponja, lanza y manto de la Verónica.

La Virgen Dolorosa se suele representar con una espada o un pequeño puñal (o siete pequeños puñales), símbolo de su aflicción, clavado en el corazón.

Nuestro país está considerado como un pueblo con una sorprendente creatividad artística que emana de lo más profundo del ser.

A través del arte mexicano se retiene la presencia de nuestras costumbres y nos permite mantener viva nuestra esperanza.

Por esta razón el ALTAR DE DOLORES es una forma de transmitir una de nuestras hermosas tradiciones y con ella nuestros valores.

Esta hermosa tradición de los altares de dolores pretendía también c_onMover a los fieles, a través de todos los elementos, a través de los sentidos de la vista y del olfato, para exaltar su compasión por las aflicciones de la Virgen Santísima. 

¿Cómo se preparaban antes para colocar el altar de Dolores?

En pequeñas macetas u objetos de barro, dos o tres semanas antes, se sembraban diversos granos como: chía, alpiste, trigo, cebada o amaranto cuidando de regarlas diariamente para que el día de la colocación del altar estuvieran debidamente germinados.

Algunas naranjas se doraban para que sirvieran de base para encajar en ellas banderitas con papel picado de diferentes colores, otras de papel plateado o de oro volador.

Para darle colorido al altar, se teñía agua con composiciones químicas (ahora se simplifica esta acción con las anilinas), y se vertían en recipientes transparentes como: copas, botellones y vitroleros. Se obtenían esferas de cristal de colores o azogadas de mercurio con tonalidades púrpuras, doradas o plateadas.

Los cirios eran colocados en ostentosos candeleros, así como lámparas con aceite, con el objeto de que al encenderlas iluminará vivamente el agua de colores, el calor de las llamas hiciera que el papel picado crujiera y se moviera, introduciendo suaves destellos y tenues murmullos semejando el leve crepitar de la leña.

En la parte principal de la casa se colocaban gradas de madera cubiertas con un mantel de lino blanco o encaje y sobre éstas se iban poniendo artísticamente los objetos.

Al centro del altar destacaba la figura principal de la Dolorosa, cuyos atributos son: un puñal clavado sobre el pecho, los signos de la pasión como: la corona de espinas, clavos, martillo, una escalera, la bolsa con 30 monedas y los dados con los que algunos soldados se jugaron la túnica de Cristo.

Las familias de escasos recursos suplían los encajes, calados y blondas con el famoso “papel picado” de china, de diversos colores.

El trabajo de papel picado era, y sigue siendo, un reto para la imaginación de los artistas populares.

El suelo se cubría con pétalos de flores naturales o aserrín pintado de colores semejando un artístico tapete, cuyas figuras se obtenían mediante complicados patrones de papel. 

También se utilizaban algunos elementos naturales como salvado, café, obleas de harina desmenuzadas y papel de china picado; herencia prehispánica que nos legaron nuestros antepasados llamado Xochipetate, que da por resultado una fragante y efímera alfombra que antiguamente se ofrecía a la diosa Xochiquetzalli, deidad femenina de las flores, protectora de los poetas, pintores y danzantes.

Por otra parte, la señora de la casa preparaba aguas frescas de diferentes sabores como: horchata, chía, limón, tamarindo, jamaica, timbiriche, semilla de melón y se ofrecía a los familiares y amigos o simplemente devotos que caminaban de casa en casa admirando los famosos ALTARES DE DOLORES.

A estas aguas frescas, el ingenio popular les dio el nombre de “Lagrimas de la Virgen” en recuerdo de las que ella derramó durante la semana de Pasión. Las lágrimas que para algunos son amargas y para otros simplemente saladas, no pueden ser desagradables tratándose de las de la Madre de Cristo.

La costumbre del ALTAR DE DOLORES, por otra parte, era una oportunidad para que amigos y extraños convivieran amistosamente, pues a todos se les recibía con el mismo agrado.

La familia entera solía rezar el Rosario a una hora determinada y a ese homenaje piadoso se unían los visitantes.

Origen y Significado de la festividad de Nuestra Señora de los Dolores

Si nos ponemos a indagar sobre el origen de esta festividad tenemos que remontarnos hasta la edad media en Europa, cuando la piedad popular había inspirado ya el arte gótico.

La fiesta de Nuestra Señora de los Dolores, preparada por la literatura ascética del siglo XII, fue introducida primeramente en Alemania por el Sínodo Provincial de Colonia en 1423 e inserta en el viernes de la tercera semana después de Pascua.

Benedicto XIII en 1727 la extendió a toda la Iglesia con el titulo de “Fiesta de los Siete Dolores de la Bienaventurada Virgen María”, poniéndola el viernes después de la dominica de la Pasión, es decir, el sexto viernes de Cuaresma, el viernes anterior a la Semana Santa, para recordar los dolores que padeció la Santísima Virgen María durante la pasión de su Hijo.

La Orden de los Siervos de María, fundada en Florencia en 1240, difundió mucho el culto de la Dolorosa y obtuvo del Papa Inocencio XI (1676-1698), una fiesta propia de la tercera dominica de septiembre, después Pío VII la extendió a toda la Iglesia. Pío X la asigno establemente al 15 de septiembre.

Durante el siglo XVI, después de la Conquista, esta devoción fue introducida a México por los primeros frailes franciscanos, dándola a conocer a los indígenas recién conversos mediante el “teatro evangelizador”, que era un medio eficaz para conquistarlos a través de las imágenes, ya que la comunicación verbal no era posible, debido a que no hablaban las lenguas aborígenes.

Los evangelizadores le dieron interés principal a la Liturgia, y con ella al conjunto de formas externas, gestos, signos, símbolos, etc., con que habrían de realizarse las celebraciones religiosas, dadas las circunstancias novedosas en el habrían de desarrollar la tarea evangelizadora.

La suntuosidad del culto prehispánico fue tomada en cuenta por los religiosos, quienes trataron de promover mediante nuevo resplandor los ritos antiguos, tan elaborados en ceremonial y ornato.

En la capital de la Nueva España, durante los siglos XVIII y XIX, el viernes de Dolores también se realizaba un colorido paseo conocido como “Jamaica de las flores”, en el que todo el pueblo, pobres y ricos, se reunían en la Acequia de Roldán o el Canal de la Viga para comprar las flores que venían desde las chinampas de Iztacalco o Santa Anita.

Por la noche del mismo viernes las familias capitalinas y las de la región del Bajío, acostumbraban mostrar sus “incendios”, colocados en las salas de sus casas, convidando a propios y extraños un vaso de agua fresca para aliviar los calores de la primavera y compartir de cerca los misterios de la Pasión de Jesucristo.

LA DOLOROSA EN LA BASILICA

En el antiguo santuario de Guadalupe, la Virgen de los Dolores tenía un altar permanente y durante su fiesta, todo el Cabildo la celebraba con un oficio especial que incluía la participación de su Capilla Musical (hoy Coro de Infantes) que entonaba el Stabat Mater, que es un canto ofrecido en desagravio a este duro trance de la Pasión de Jesucristo.

 
 
Imprimir PaginaAgregar a FavoritosMapa del SitioContáctenos
 
© 2001-2007 Insigne y Nacional Basílica de Santa María de Guadalupe.
Derechos Reservados