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Homilía
pronunciada por Mons. Georges M. Saad Abi Younes,
Obispo de la Eparquía de Nuestra Señora de los Mártires de Líbano, en ocasión de la peregrinación anual de la Comunidad Maronita Libanesa de México en la Basílica de Guadalupe.

7 de octubre de 2006

Libro de Job: 42, 1-3.5-6. 12-16.
Evangelio según san Lucas: 10, 17-24.

Amados Hermanos y Hermanas en Cristo Jesús, Peregrinos de la Comunidad Maronita Libanesa de México:

Como cada año, la Comunidad Maronita Libanesa de México viene en peregrinación a postrarse a los pies de Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de México y Emperatriz de América.

Para dar mayor sentido a este ejercicio piadoso, debemos conocer que es una peregrinación. Comenzaremos por decir que la palabra peregrinación viene del latín PEREGRINATIO-ONIS, que debe traducirse por "Caminar por tierras Extrañas", significado difícil de entender, que solo cobra sentido a la luz de la fe y de la Historia de la Salvación en la cual podemos leer que desde el Antiguo Testamento, el pueblo de Dios fue peregrino, desde Abraham, a quien la fe condujo a tierras extrañas por orden del Señor; hasta Moisés que condujo a los israelitas por el desierto, durante 40 años, hasta alcanzar la "tierra prometida".

La presencia de Jesús el Mesías: su nacimiento, los lugares donde predicó la Doctrina de Salvación; el Calvario donde sufrió acerbísima Pasión y Muerte; los sitios donde se presentó a sus Apóstoles y discípulos después de su gloriosa resurrección de entre los muertos y todos aquellos lugares asociados a su vida, se convirtieron para los creyentes en lugares sagrados, en los que pronto fueron levantados, templos, basílicas y santuarios visitados por los fieles: como ejercicio de penitencia, por promesas y votos al Señor para alcanzar la salud del cuerpo o del alma o para meditar mientras caminaban en los prodigios y maravillas obrados por el Señor Jesús por la salvación del mundo.

Así, la Sagrada Escritura, la Santa Iglesia y la Tradición, siempre han interpretado el ejercicio piadoso de la Peregrinación, como un símbolo de nuestro paso por este mundo; este "caminar por tierra extraña", mientras dura la vida, para alcanzar nuestra patria definitiva, que es la Casa del Padre; la Morada que Jesús nos ha preparado para vivir la vida en plenitud, la vida eterna, donde no existe el llanto, ni la desesperación, la vida donde Dios será todo en todos.

Hermanos y hermanas, ahora que caminamos hacia este Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, cada uno de nosotros tiene una razón especial; algunos estamos cumpliendo con alguna promesa; otros venimos a dar gracias por algún favor; otros más, venimos porque esta es nuestra oportunidad de visitar a Nuestra Señora de Guadalupe; pero, estoy seguro de que para todos constituye una verdadera alegría, un sentimiento íntimo de felicidad encontramos como hermanos y hermanas en la Casa de nuestra Madre, a la cual, con verdadera confianza podemos contarle todo lo que nos ha ocurrido durante el año que ha pasado; todos nuestros sufrimientos, tribulaciones; todos nuestros logros y fracasos; todas nuestras inquietudes y anhelos; también es seguro que venimos a pedir, porque todo hijo e hija lo hace con su Madre; pero, recordemos que Santa María de Guadalupe, Madre de todos nosotros, nos concederá todo aquello que agrade a su Divino Hijo; todo aquello que sirva para unimos como hermanos; todo aquello que promueva la paz, la justicia y el amor entre nosotros.

Todo lo anterior está muy bien, sin embargo, es absolutamente necesario que aprendamos "a escuchar  Santa María de Guadalupe, nuestra Dulce y santa Madre; es necesario que atendamos a todos sus consejos; y ¿Cuáles son ellos?; de hechos es uno solo: "Hagan lo que Él les diga", en efecto, María, que nos dio a luz, en medio del mayor dolor, al píe de la Cruz, quiere para todos nosotros los beneficios del Sacrificio de Jesús, es decir, la salvación.

Hermanos y hermanas, Miembros de la Comunidad maronita Libanesa de México, nuestro amor y devoción por la Santísima Virgen ha sido nuestro sostén desde los tiempos antiguos, hemos luchado, hemos sufrido persecución, guerra, devastación y masacre en nuestro Líbano; pero ¿Quién nos ha sostenido? María, la Madre de Dios, por esta razón nuestra peregrinación anual tiene un doble significado:

El primero, caminar, al salir de Líbano nuestros padres y abuelos por una "tierra extraña", y segundo encontramos en México con Santa María de Guadalupe, la Virgen Madre, a quien desde el primer día reconocimos y amamos; Ella es la que nos han ayudado a superar todos los retos y vicisitudes de los inmigrantes, a trabajar sin descanso por el bienestar de nuestras familias y a vivir la libertad gloriosa de los hijos de Dios en este querido México.

Hoy celebramos, y esto no es casualidad, a Nuestra Señora del Rosario, que nos invita, nos pide, nos urge a que meditemos, sin cesar, la obra maravillosa de nuestra salvación con el rezo del Santo Rosario; oración predilecta de Papas y santos, cuyas gracias, fortalecen nuestra fe; nos ayudan a cumplir con los mandamientos del Señor; hacen que nuestras familias permanezcan unidas; evita las acechanzas y seducciones del maligno; y es arma poderosa para caminar por esta "Tierra Extraña".

Hermanos y hermanas, Comunidad Maronita Libanesa de México peregrinos de este día a los pies de Santa María de Guadalupe, "La Madre del Verdadero Dios por quien se vive", pidamos a nuestra Madre, que nuestra peregrinación por este mundo, solo tenga un destino: "LA CASA DEL PADRE" Y "Considérense dichosos...porque yo les digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que ustedes ven y no lo vieron y oír lo que ustedes oyen y no lo oyeron" (Le. 10,24.)
QUE ASÍ SEA.

 
 
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