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Versión estenográfica de la
Homilía
pronunciada por
Emmo. Sr. Cardenal Norberto Rivera Carrera, Arzobispo de la Arquidiócesis Primada de México, en ocasión de la ceremonia de Ordenación Episcopal de Mons. Carlos Briseño Arch, en la Basílica de Guadalupe.

Queridos hermanos en Cristo Jesús, saludo con especial afecto a los familiares del padre Carlos, a todos aquellos que lo han acompañado en su ministerio sacerdotal y en su proceso de formación.

Quiero saludar con cariño a toda la familia de agustinos recoletos y las demás familias de agustinos que hoy se sienten felices por la consagración del padre Carlos.

Doy la bienvenida y agradecimiento sincero a mis hermanos obispos que en este día ponen un signo de comunión para con nuestro hermano Carlos que ingresa al episcopado.

Agradecemos esos sacrificios y los reconocemos en lo que valen, porque muchos de nuestros hermanos obispos han venido de todo el continente, desde tierras lejanas. Sean bienvenidos a su casa, a esta Casita de Nuestra Señora de Guadalupe. Padre Carlos, esta comunidad y la Iglesia entera, en este día presenta ésta plegaria: “Padre Santo, tú que conoces los corazones, concede a este siervo tuyo a quién tú escogiste para el episcopado, que sea buen pastor para tu santa grey.

Esta figura del buen Pastor, es privilegiada de toda la Escritura y en la Tradición de la Iglesia, para que tanto los presbíteros como los obispos tengamos un manantial seguro de espiritualidad. Esta figura que en primer lugar nos hace ver a Cristo como el modelo, el buen Pastor, que dio su vida por las ovejas, al buen Pastor que se entregó por nosotros hasta el extremo.

Esto de configurarse con Cristo no es capacidad de ningún ser humano, esa configuración solamente se da por la fuerza, la Gracia, por el regalo que el Espíritu nos concede, por eso la Iglesia te consagra con la imposición de las manos y la invocación del Espíritu, ese Espíritu que debe permanecer en ti para siempre.

El Espíritu de Dios que hoy desciende continuamente debe ser invocado por ti y ese don que te regala el Espíritu, continuamente, lo tienes que renovar para que siempre estés en tensión de identificarte con Cristo el buen Pastor.

Pero tampoco podría venir de ti la entrega al pueblo santo de Dios a esta grey santa adquirida por Cristo si el Espíritu no te lo concede, si Él no te da la fortaleza, la sabiduría, si no te abre los caminos para que estés continuamente en contacto con el pueblo al cual vas a servir, al que entregarás tu propio vida.

Cuando los obispos del mundo entero nos reunimos en Sínodo, convocados por Juan Pablo II, empezó una lista interminable de las cualidades que deben adornar a áquel que ha sido elegido y consagrado como obispo, imposible de tener esas cualidades en un solo ser humano, como diría santo Tomas: “algunas excluyen a otras”. Pero haciendo un resumen por parte de la asamblea presidida por Juan Pablo II, llegamos a ver que el obispo es el servidor del Evangelio para la esperanza del mundo.

Como en otros tiempos quizá brillaron o deberían brillar otras capacidades, virtudes, otros dones, en nuestro tiempo vimos que la virtud que debe de distinguir al obispo es la esperanza. Y como no recordar a Juan Pablo II, que hizo de ésta página del Evangelio lo que acabamos de escuchar, su programa para el siglo presente. El Papa empezando por este texto, nos describe la cualidad, la virtud fundamental de la esperanza.

Desde la barca de Pedro, Jesús invita a sus apóstoles a remar mar adentro,  viene la voz de Pedro: “Señor hemos trabajado toda la noche y no hemos logrado nada, ellos ya habían guardado sus redes, nada tenían que hacer Señor, pero en tú palabra echaremos las redes”. Muchas situaciones Carlos, se te presentarán en el ministerio episcopal y siempre tendrás necesidad de ésta página del Evangelio, en primer lugar contigo mismo.

Muchas veces verás que el ministerio que se te confía va más allá de tus fuerzas, que ya tú pusiste todo lo que humanamente podías poner, ya podrías decir con satisfacción: “Señor ya le hice la lucha, no doy para más”, y guardar tus redes.

Ahí es cuando debe venir la esperanza que proclama Pedro: “Señor, en tu Nombre de nuevo lanzaré las redes, yo no sé lo que suceda, lo que siga, pero no me puedo retirar, no puedo guardar estas redes, seguiré aquí donde me has puesto”.

Creo que todos los obispos con mucha frecuencia sentimos nuestras limitaciones, incapacidades, para realizar aquello que se nos ha confiado y solamente con esa confianza y esperanza en el poder de Dios seguimos adelante lanzado las redes.

En lo más precioso, en lo que más te va a tocar el corazón, en muchas ocasiones sentirás la desesperanza;  a muchos hermanos nuestros se les cierran los caminos, se dejan atrapar por los ídolos de éste mundo y al obispo le corresponde abrir esos caminos de esperanza, lanzar de nuevo las redes y llamarlos de nuevo para que confiando en el Señor sigan siendo pescadores de hombres.

Necesitan de tu ministerio episcopal, lleno de esperanza en nuestro mundo tan materialista. Muchas veces tu palabra de obispo ya no tendrá resonancia, parecerá que estas predicando en el vacío; y sin embargo, tienes que mostrar en el aquí y en el ahora, pero también para la vida futura, la esperanza que nos mueve. Que nadie te arrebate la esperanza del corazón.

Tarde o temprano, el Evangelio, la buena semilla, encontrará tierra buena, tienes que seguir proclamando la palabra de Dios con ocasión o sin ella. Deberás tener una gran esperanza de que el Espíritu de Dios puede hacer nuevas todas las cosas. Tú ni siquiera en esos momentos te podrás imaginar cuando va a actuar el Espíritu de Dios en aquella situación que para ti en un determinado momento puede parecer irremediable.

Es tiempo de esperanza, de estar junto con áquel que nos ha dicho: “Yo he vencido al mundo”, y el Espíritu de Dios seguirá actuando a través de ti si no te dejas arrebatar esa esperaza que el Espíritu de Dios deposita en tu corazón. Con este ánimo, con esta plegaria, con este deseo, esta Iglesia va a hacer oración y nosotros impondremos las manos sobre ti para que el Espíritu de Dios permanezca para siempre en ti.

 
 
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