Capilla del Pocito
En
las faldas del cerro del Tepeyac brotó un manantial. La gente
lo consideró desde siempre una señal inequívoca
del lugar exacto en donde Juan Diego había hablado con la Virgen.
La fama corrió como el agua: pronto se convirtió en
un foco de infecciones pues la gente bebía y se lavaba heridas
en el mismo sitio.
Para contrarrestar este problema se le cubrió
con una techumbre que al paso de los años resultó insuficiente.
Por ello, el arquitecto Francisco de Guerrero y Torres levantó
una iglesia alrededor del pozo años más tarde. Todas
las obras fueron realizadas sin que nadie, albañiles o ayudantes,
cobraran un peso por su trabajo, terminado en 1791. El sello particular
de esta pequeña capilla, joya arquitectónica del estilo
barroco, es su forma pues es la única de base circular, o céntrica,
que, levantada en aquella época, se conserva en nuestro país.
Esta característica permite que el visitante perciba el espacio
poco a poco, como si éste se escondiera.
El movimiento que le imprime a la cúpula
la decoración en zigzag, lo mismo que las líneas multiformes
utilizadas en las ventanas, contribuye a crear esta atmósfera
de movimiento. Es interesante hacer notar que todos los símbolos
que cargan los angelillos pintados en la cúpula, son los símbolos
marianos que aparecen en la Letanía Lauretana, parte final
del rezo del Rosario: espejo de virtudes, torre de David, estrella
de la mañana, etc. Otro elemento de la decoración que
vale la pena observar es el Juan Diego que sostiene el púlpito
de madera.